La OTAN, Rusia y el fetiche del interimperialismo

2022-01-25T10:41:11+01:0025 de enero, 2022|Opinión|

«Desenmascaran francamente los actos imperialistas concretos de Alemania y al mismo tiempo no van más allá de los deseos o proposiciones “generales” cuande se trata de países y de pueblos conquistados por Inglaterra y Rusia. Gritan a propósito de la ocupación de Bélgica y Servia, pero no dicen nada sobre la incautación de Galitzia, de Armenia y de las colonias africanas. En realidad, tanto la política de Kautsky como la de Sembat y Henderson ayudan a sus respectivos gobiernos imperialistas, centrando la atención en la perversidad de su rival y enemigo y arrojando un velo de frases vagas, generales, y de deseos bondadosos en torno de la conducta igualmente imperialista de “supropia” burguesía.»

– V.I. Lenin – Pacifismo burgués y pacifismo socialista (1917)

La nueva escalada imperialista en Europa del Este pone de manifiesto una vez más las graves limitaciones ideológicas y políticas que padece el movimiento comunista del Estado español, especialmente cuando se trata, como en este caso, de asumir posiciones firmes, rigurosas y bien fundamentadas ante las maniobras del bloque imperialista al que pertenece la propia oligarquía española.

En este sentido, ya apuntábamos hace unos años que las aportaciones de Lenin a la teoría científica del imperialismo son precisamente «las más ignoradas, tergiversadas y despreciadas» de todo su trabajo intelectual [1]. Hicimos también, en el mismo lugar, un humilde esfuerzo teórico por defender y actualizar dichas aportaciones, tratando de avanzar hacia el desarrollo de un estudio genuinamente científico del imperialismo contemporáneo.

Por desgracia, la situación no parece haber cambiado. Amplios sectores del movimiento comunista siguen recurriendo al espantajo del “interimperialismo” para esconder su ignorancia sobre la naturaleza concreta del imperialismo actual; para legitimar su equidistancia ante la enésima ofensiva diplomática, política e incluso militar del imperialismo occidental; para pasar de puntillas sobre el carácter imperialista del Estado español, mientras que, por el contrario, pregonan a los cuatro vientos la perversidad del supuesto imperialismo ruso.

En esta ocasión, Ucrania constituye el foco de presión para seguir hostigando a la Federación Rusa, arrebatándole sus esferas de influencia histórica y tratando de ganar para los intereses del imperialismo a toda Europa del Este. Y la nueva campaña mediática de la oligarquía occidental ha encontrado, por enésima vez, más eco del que debería entre algunas voces comunistas. Las siguientes tesis pretenden clarificar brevemente algunas de las cuestiones más vitales en relación con dicho problema.

1. Ante los últimos acontecimientos, la respuesta de ciertos sectores del movimiento comunista español demuestra que en su seno siguen predominando los fetiches políticos, las aversiones personales, la pereza intelectual y el apego a las fórmulas. El gran dedo acusador de estos pretendidos marxistas señala a Rusia como potencia imperialista, pero no ofrece ningún respaldo teórico para justificar una tesis tan atrevida. Este silencio resulta comprensible. A fin de cuentas, si alguien se tomase la molestia de estudiar rigurosamente la realidad económica y el papel internacional de la Federación Rusa, no encontraría ese monstruoso imperialismo que ocupa las fantasías de la izquierda española, sino, por el contrario, un país de naturaleza secundaria y evidentemente subordinada dentro de las redes económicas del capitalismo contemporáneo [2].

2. Basta con un puñado de datos para ilustrar el absurdo en el que caeríamos en caso de querer definir a Rusia como potencia imperialista:

  • La inversión extranjera directa emitida por Rusia en 2020 fue de 6.500 millones de dólares, por debajo de países como Chile, México o Emiratos Árabes Unidos. Esta cifra representa apenas un 18% de la inversión alemana, un 15% de la francesa, un 7% de la inversión estadounidense y un 6% de la japonesa [3].
  • Las inversiones extranjeras hacia Rusia cayeron un 70% entre 2019 y 2020, a causa del impacto de la pandemia y, sobre todo, de la bajada de precios en el petróleo y otras materias primas. En este sentido, Rusia aparece como un país muy dependiente de la producción de hidrocarburos y otros productos primarios, ocupando un rol más típico de los países periféricos que de las grandes potencias imperialistas [4].
  • Las exportaciones rusas están compuestas sobre todo por combustibles, materias primas, metales y productos químicos [5]. De sus exportaciones, casi tres quintas partes son materias primas y productos semielaborados (un 38’64% y un 20’71%, respectivamente), y tan sólo un 4’78% bienes de capital. En cambio, su importación de bienes de capital asciende a un 39’22% [6]. Esto sugiere el papel netamente subordinado de Rusia dentro de la división internacional del trabajo.
  • El PIB per capita ruso lleva diez años oscilando entre los 11.000-12.000 dólares (entre 24.000-27.000 dólares ajustados según la paridad de poder adquisitivo). El ingreso medio en Rusia se sitúa, pues, por debajo del de países como Turquía, Rumanía, Letonia, Hungría o Polonia [7].
  • Entre 2019 y 2020 Rusia perdió 44.000 millonarios, para quedar alojando un total de 269.000 fortunas por encima del millón de dólares. Hablamos de una cifra equivalente a la de México, 3 veces inferior a la de India, 14 veces inferior a la de Japón y 81 veces menor que la de EEUU [8].
  • En 2020, la riqueza media de los ciudadanos rusos se situó en 27.162$; la riqueza mediana —más representativa de la realidad que vive la mayor parte de la población— en 5.431$. Es una cifra que deja a Rusia claramente por debajo de países como Chile, Arabia Saudí, Eslovaquia, Malasia o Líbano. Vemos, de hecho, que la riqueza rusa constituye tan sólo un 12% de la riqueza media y poco más que un 5% de la riqueza mediana del Estado español [9].
  • En 2021, sólo 24 compañías rusas forman parte de las 2000 mayores empresas a nivel mundial. Ninguna de ellas se encuentra entre las 50 primeras, y sólo dos figuran entre las primeras 300. De las trece que aparecen entre las 1000 mayores, dos son bancos, y el resto empresas dedicadas a energía y materias primas [10]. También el Top 500 de Fortune muestra que los capitales rusos no juegan ningún papel en los sectores clave de la economía imperialista, monopolizados por los países occidentales: aeroespacial y defensa, finanzas, tecnología, telecomunicaciones, etc. [11].
  • La productividad media del trabajo en Rusia —una medida distorsionada del valor capturado en Rusia por cada hora de trabajo invertida alli— se situa en un escaso 25’4. Se trata de una magnitud inferior a la mitad de la productividad media de la UE, y apenas un 36% de la productividad del trabajo estadounidense [12].
  • Ni una sola multinacional no-financiera rusa se cuenta entre las 100 primeras del mundo en términos de su posesión de activos extranjeros. Esto sugiere que el capital ruso tiene una escasa penetración en el extranjero, y que, por lo tanto, no extrae grandes beneficios de la explotación del trabajo en otros países [13].

Como vemos, calificar a Rusia de imperialista supone dar un auténtico salto de fe, ignorando la muy palpable evidencia de que nos encontramos ante un país que ocupa una posición intermedia en las cadenas mundiales de valor, sin grandes capitales que dominen la escena internacional y con una riqueza per capita inferior incluso a la de otros países claramente no-imperialistas de Asia, Europa oriental y América Latina.

3. Este desconocimiento sobre el verdadero carácter económico de la Federación Rusa nace, en parte, de la ausencia de una teoría científica del imperialismo entre las filas del comunismo occidental. Hay quienes se apartan directamente de los aportes del leninismo y caen en concepciones idealistas sobre el “capitalismo global”, sobre el “capitalismo desterritorializado”, ignorando así la persistente división del mundo en naciones opresoras y oprimidas. Bajo esta óptica, todo conflicto internacional se reduce a un juego de intereses geopolíticos entre actores de fuerza equivalente, obviando la estrategia agresiva y de control económico-militar que el imperialismo occidental viene aplicando contra Rusia y el resto del orbe desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Otros, en cambio, aceptan de palabra las tesis leninistas sobre el imperialismo, pero fallan a la hora de aplicar su consigna fundamental: el análisis concreto de la situación concreta. Así, se limitan a ofrecer fragmentos descontextualizados de obras con más de un siglo de antigüedad, pero ignoran los profundos cambios que se han producido desde entonces. Aplican una lente que resultaba útil para entender el capitalismo de 1920, pero que deforma el análisis si la trasladamos directamente y sin un desarrollo más amplio a nuestro propio momento histórico.

4. Existe también una confusión absoluta entre las tendencias naturales del capitalismo y la afirmación real de un país como potencia imperialista. Muchos comunistas asumen que países como China o la Federación Rusa son imperialistas simplemente porque mantienen relaciones de dominación sobre otras naciones más débiles de su entorno, o porque poseen ambiciones expansionistas —política, económica o incluso militarmente— hacia el exterior. Pero dichas ambiciones y relaciones de dominación no constituyen un rasgo específico del imperialismo, sino, al contrario, una tendencia propia de cualquier Estado burgués, que siempre tratará de ampliar hasta donde le sea posible sus esferas de influencia. Según esta absurda lógica, que confunde el capitalismo “en general” con la realidad concreta del imperialismo, también deberíamos contar entre las potencias imperialistas a países tan claramente explotados por la oligarquía occidental como Brasil, Sudáfrica, México, India o Turquía. En este sentido, ¿Rusia se beneficia de su relación desigual con los países del entorno ex-soviético? Sin duda. Ahora bien, ¿significa esto que Rusia se haya erigido como potencia imperialista? No necesariamente. Y ello tendrá que ser decidido por un análisis que tenga en cuenta, no sólo la relación entre la Federación Rusa y su órbita de influencia histórica en Europa del Este, Asia Central o el Cáucaso, sino su papel global dentro de las redes internacionales del capitalismo contemporáneo. Donde, insistimos, cualquiera podrá descubrir un país de naturaleza intermedia, muy lejos de poder ocupar a corto y medio plazo una posición dominante en el marco de la economía capitalista mundial.

5. Los hechos muestran que sectores relativamente amplios del movimiento comunista del Estado español siguen identificando imperialismo con poderío militar, y no con la dominación económica a nivel internacional. Si Rusia envía tropas a Kazajistán, es imperialista. Si Rusia interviene en defensa del gobierno sirio contra la agresión occidental, es imperialista. Si Rusia mantiene efectivos en Crimea, es imperialista. Pero Lenin ya explicó —y la historia posterior no ha dejado de confirmar la validez de sus tesis— que no existe ninguna relación internamente necesaria entre el carácter imperialista de un país y su beligerancia militar [14]. Por ejemplo, Suiza es un país imperialista que mantiene su neutralidad en conflictos armados desde 1815; en cambio, Marruecos, pese a explotar territorios ocupados militarmente en el Sáhara Occidental, es un país indudablemente periférico. Por lo tanto, asumir que el tamaño del ejército de tal o cual nación tiene algo que ver con su naturaleza económica significa no comprender los aspectos más básicos del capitalismo contemporáneo, ni mucho menos de la teoría leninista del imperialismo.

6. La última escalada de la ofensiva imperialista contra Rusia pone de relieve que existe, en el movimiento comunista del Estado español, un sector bastante numeroso que se amolda inmediatamente a la matriz discursiva de EEUU, la OTAN, la UE y la oligarquía española. Su habitual silencio sobre el carácter rapaz y depredador del imperialismo español contrasta, por desgracia, con su rotunda condena del “imperialismo” ruso. Condena que coincide, muy reveladoramente, con el preciso momento en que las potencias occidentales recrudecen su asedio económico, militar y diplomático sobre la Federación Rusa. Estos comunistas se escudan en el rechazo de la guerra interimperialista por parte de los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial, pero omiten deliberadamente el hecho de que este rechazo se predicaba sobre la base de una oposición directa a la propia burguesía rusa [15]. En efecto, los bolcheviques no perdieron el tiempo haciendo el trabajo de los imperialistas de la Entente —es decir, denunciando “tanto al imperialismo ruso como al alemán”— porque tuvieron siempre muy claro quién era el principal enemigo del proletariado ruso: no todos los imperialistas “por igual”, sino precisamente la burguesía imperialista rusa [16]. Aunque los supuestos leninistas occidentales quieran ignorarlo, fue el propio Lenin quien escribió las siguientes líneas:

El socialista de otro país no puede desenmascarar el Gobierno y la burguesía de un Estado que está en guerra con “su propia” nación, y no sólo porque desconozca el idioma, la historia, las características específicas, etc., de ese pueblo, sino porque tal desenmascaramiento es una intriga imperialista y no un deber internacionalista. No es internacionalista quien jura y perjura por el internacionalismo. Sólo es internacionalista quien de manera realmente internacionalista lucha contra su propia burguesía, contra sus propios socialchovinistas, contra sus propios kautskistas [17].

Por lo tanto, en un conflicto donde el imperialismo español toma parte activa e interviene como parte agresora, un comunista que elige ponerse de perfil y hacer hincapié en los pecados del gobierno ruso no consigue más que bailarle el agua a su propia burguesía imperialista. Cualquier comunista que —anclado en consignas de hace cien años, sin haber realizado el menor esfuerzo por comprender las particularidades del imperialismo contemporáneo, sin haber prestado la menor atención al estudio del carácter imperialista del Estado español— decide de todos modos alinearse con la prensa occidental en su denuncia del “imperialismo” ruso, se convierte, por enésima vez, en un cómplice objetivo de las campañas de su propio imperialismo.

7. Los análisis sobre el imperialismo que imperan en el movimiento comunista del Estado español son, por lo común, bastante endebles, sesgados, incoherentes, anticuados. Se refugian en algunos textos de Lenin, pero tergiversan el núcleo de su teoría del imperialismo. Extraen consignas formuladas en 1914, en plena guerra mundial, y las aplican mecánicamente a una situación radicalmente distinta, donde las potencias occidentales hostigan cada vez más violentamente y por todos los medios a un país que ni siquiera podemos calificar de imperialista. Incluso quienes se posicionan firmemente en contra de la OTAN, EEUU, la UE y el imperialismo español, lo hacen más por intuición que apoyados en una firme convicción teórica. Todo esto traduce una obviedad histórica: las superganancias capturadas por el capital imperialista han contribuido a la derechización de todo el panorama político en los países occidentales; incluyendo, por supuesto, al propio movimiento comunista. Esto explica, en parte, el desinterés generalizado por estudiar el imperialismo contemporáneo, así como la complicidad velada que amplios sectores de la izquierda española mantienen hacia nuestra propia burguesía imperialista.

8. Debemos, por lo tanto, hacer los mayores esfuerzos para combatir cualquier tendencia conciliadora en el seno del movimiento comunista, y, en general, de la clase obrera. Debemos abandonar las fórmulas y las consignas vacías, y plantear un estudio rigurosamente marxista del imperialismo contemporáneo, superando los dogmas anticuados y las tergiversaciones a que muchos han querido someter la teoría leninista del imperialismo. Necesitamos superar todas esas desviaciones cuya supuesta equidistancia —“ni la OTAN, ni Rusia”— no hace más que promover la demonización de los enemigos de nuestro propio imperialismo. Necesitamos, en definitiva, volver a emplazar al movimiento comunista en el terreno que le corresponde: el de una oposición frontal, completa y sin concesiones a la oligarquía española y su bloque de parásitos imperialistas, sin medias tintas ni observaciones abstractas —y que, curiosamente, suelen coincidir con cada campaña mediática occidental— sobre el imperialismo de países cuya naturaleza económica ni siquiera se ha tenido la decencia de analizar. Como sentenció Guevara hace ya tiempo: ¡al imperialismo, ni tantito así, nada!

Adrián Rojas.

Bibliografía

[1] Iniciativa Comunista, «En defensa de la categoría leninista de imperialismo». En Línea Roja, Nº4 (julio de 2017), pp. 1-6. Disponible en línea: https://iniciativacomunista.org/wp-content/uploads/2020/03/Linea-Roja-%C2%BA4-Iniciativa-Comunista.pdf

[2] Iniciativa Comunista, «China y Rusia en el siglo XXI». En Línea Roja, Nº4 (julio de 2017), pp. 18-23.

[3] UNCTAD, World Investment Report 2021, pp. 64, 72. Disponible en línea: https://unctad.org/system/files/official-document/wir2021_en.pdf

[4] Ibíd, p. 66.

[5] https://oec.world/en/profile/country/rus

[6] https://wits.worldbank.org/CountryProfile/en/Country/RUS/Year/LTST/Summary

[7] https://tradingeconomics.com/russia/gdp-per-capita

[8] Credit Suisse Research Institute, Global wealth report 2021, p. 20. Disponible en línea: https://www.credit-suisse.com/media/assets/corporate/docs/about-us/research/publications/global-wealth-report-2021-en.pdf

[9] Credit Suisse Research Institute, Globlal wealth databook 2021, pp. 105-108. Disponible en línea: https://www.credit-suisse.com/media/assets/corporate/docs/about-us/research/publications/global-wealth-databook-2021.pdf

[10] https://www.forbes.com/lists/global2000/

[11] https://fortune.com/global500/2021/search/

[12] Stansfield Smith, Is Russia Imperialist?, 2019. En Monthly Review. Disponible en línea: https://mronline.org/2019/01/02/is-russia-imperialist/

[13] Ibíd.

[14] Para Lenin el imperialismo es, antes que nada y sin referencia a ninguna cuestión militar, el «sistema de relaciones económicas del capitalismo contemporáneo». V.I. Lenin, Prefacio al folleto de N. Bujarin “La economía mundial y el imperialismo” (diciembre de 1915).

[15] «La socialdemocracia de Rusia tiene en particular, y en primer término, la tarea de luchar implacable e ineludiblemente contra el chovinismo ruso y monárquico-zarista […] Desde el punto de vista de la clase obrera y de las masas trabajadoras de todos los pueblos de Rusia, el mal menor sería la derrota de la monarquía zarista y de sus tropas, que oprimen a Polonia, a Ucrania y a toda una serie de pueblos de Rusia». V.I. Lenin, Tareas de la socialdemocracia revolucionaria en la guerra europea (septiembre de 1914).

[16] «La tarea evidente e imperativa de toda política socialista sincera, de toda Política proletaria honesta (sin hablar de la política marxista consciente) es, en primer lugar y ante todo, desenmascarar en forma consecuente, sistemática, audaz e incondicional la hipocresía pacifista y democrática del Gobierno propio y de la burguesía propia. Sin esto, todo lo que se diga sobre el socialismo, el sindicalismo y el internacionalismo es un total engaño al pueblo, pues desenmascarar las anexiones de los rivales imperialistas (ya sea que se los nombre en forma directa o que simplemente se los sobreentienda denunciando las anexiones “en general” o mediante procedimientos “diplomáticos” similares de ocultar le que se piensa) es de interés directo y es asunto directo de todos los periodistas venales, todos los imperialistas, incluyendo a quienes hacen gala de socialistas». V.I. Lenin, Borrador del proyecto de tesis para un mensaje a la Comisión Socialista Internacional y a todos los partidos socialistas (enero de 1917).

[17] Ibíd.

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