Abrir el sendero de la revolución

2020-06-08T16:43:08+02:0029 de mayo, 2020|Opinión|

En los finales de los años sesenta en Perú, los comunistas peruanos se encontraban completamente divididos durante el trasfondo de las contradicciones entre la Unión Soviética y la República Popular China. El Partido Comunista Peruano (PCP) se desmenuzaba en distintas fracciones que acabaron conformando organizaciones independientes como lo fueron PCP-Bandera Roja y PCP-Unidad. Una de esas escisiones sería conocida en el mundo entero como Partido Comunista del Perú – “Sendero Luminoso” nombre que bebía de la frase de José Carlos Mariátegui: «El marxismo leninismo abrirá el sendero luminoso hacia la revolución». Este texto no pretende ser un análisis completo sobre esta experiencia histórica, si no, hacer un inciso en aquellos pasos iniciales que abrirían el camino a que se conozca Sendero Luminoso como la organización que puso en jaque al Estado peruano durante dos décadas.

El nacimiento de Sendero Luminoso tiene lugar en un contexto de feroz división entre los comunistas peruanos en el que todas las organizaciones decían apoyar la lucha armada y la revolución socialista (con el fragor aún en mente de la Revolución Cubana), pero ninguna parecía desarrollar ninguna línea concreta que hiciera posible tales tareas. La realidad es que para las masas populares peruanas en ese momento no existía ninguna alternativa real para emprender el camino de su emancipación. Sendero Luminoso nació entonces con la tarea por delante de dotar al campesinado y al proletariado peruanos de su herramienta revolucionaria, de «Reconstituir el Partido». No entendían la Reconstitución del Partido como un proceso abstracto de «renovación de siglas», sino que ligaban la reconstitución de un órgano revolucionario con el desarrollo de una línea de masas. Este «trabajo entre las masas» era la correa de transmisión que ligaba la organización comunista con la realidad concreta peruana. Era la que permitía rescatar «el análisis concreto de la realidad concreta» que el resto de organizaciones comunistas no parecían llegar a poner en práctica. Sin esto, no hubiesen podido ir corrigiendo su línea política hacía la construcción de una herramienta revolucionaria en un proceso no lejos de contradicciones internas. Así es como lo explicaba el Comité Permanente de Sendero Luminoso.

«Así, la cuestión clave es adherir con firmeza a las ideas correctas y combatir las ideas erróneas en la lucha de clases de las masas: confrontando nuestras ideas con la realidad es como veremos la corrección o incorrección de los planteamientos o puntos de vista y, por tanto, será más factible la corrección de errores.»

 Carta del Comité Permanente sobre el IV Pleno. p371

Este planteamiento de la necesidad de una línea de masas para reconstituir el Partido generó una serie de contradicciones internas que se resolverían democráticamente a través de la lucha de dos líneas. En primer lugar, surgió en el seno de la organización una línea izquierdista que consideraba que no era el momento de desarrollar ningún trabajo de masas y que el momento era de «crítica y preparación» sobre las ideas marxistas en Perú. Así la resumía Abimael Guzmán en sus «Memorias desde Némesis».

«En el Balance de la Reconstitución del Regional 14 de junio del PCP (1972) se sistematiza el liquidacionismo de “izquierda”: apartándose más del II Pleno, se reduce toda la actividad partidaria a “crítica y preparación”. Estas, aparte de sustentarse en la supuesta existencia de “estabilidad del capitalismo”, aunque no lo diga expresamente, constriñe la “crítica” al estudio el desarrollo de las ideas marxistas en el Perú (sobre este punto elaboraron un esquema), olvidando aplicar el pensamiento de Mariátegui a la situación concreta y desarrollar su línea política; mientras que la “preparación” la entiende y practica como separación, más acentuada aún, de las masas y la lucha de clases, reduciendo la actividad “orgánica” a pequeños de intelectuales en cenáculo al margen de la tempestad y la contienda para que el fascismo, que “todo lo barre” según ellos, no los tocara; a la vez que su preocupación fundamental el “papel del individuo en la historia” y la “militancia como forma de vida” devenían en “anarquismo señorial”.»

Estas ideas que amputaban la capacidad práctica de la organización serían derrotadas en el IV Pleno del Comité Central. Más tarde, en torno al trabajo de masas, surgieron nuevas contradicciones. Esta vez de corte derechista. Esta línea derechista, calificada como “obrerista”, reducía la actividad de la organización entre los proletarios de las ciudades a la pura actividad sindical y suponía un obstáculo para los objetivos revolucionarios de Sendero Luminoso en su fase de extensión de la guerra popular «del campo a la ciudad». Esta línea claudicaría rápidamente al ser superada por la propia realidad de la guerra popular del momento.

En última instancia, aquellas líneas izquierdistas y derechistas acababan convergiendo en un mismo punto: la postergación de la práctica revolucionaria en pos de una preparación previa. Unos porque consideraban que el elemento subjetivo no estaba listo y otros porque consideraban que no había suficientes fuerzas como para que el proletariado abordara sus tareas políticas.

Estas experiencias de los comunistas peruanos son un ejemplo de la relación entre el desarrollo de la organización revolucionaria y la actividad de las amplias masas y su expresión en diferentes movimientos espontáneos. La virtud de Sendero Luminoso en esto es que fue capaz de deshacerse de las visiones reduccionistas que desechaban toda relación entre planos superiores e inferiores de conciencia. Entendieron que las experiencias de las masas y sus formas espontaneas encerraban en su interior elementos conscientes que podían alimentar el desarrollo teórico y de plano superior de conciencia comunista. Entendieron también que no era suficiente con acumular experiencias de las masas, que estas experiencias debían de sintetizarse en conocimiento, que debían de transformarse en ese desarrollo teórico. Y además, entendieron que solo podían comprobar la corrección o error de este desarrollo teórico poniéndolo a prueba en el fragor de la lucha de clases. En definitiva, no se sentaron a esperar que la realidad se presentara ante ellos con la forma de un esquema abstracto previamente hecho. Sin entender esto, no hubiesen podido hallar entre la realidad de las masas peruanas al indígena campesino como sujeto protagonista de aquel movimiento revolucionario. Esto último es imprescindible para poder explicar el éxito inicial de esta experiencia revolucionaria y como fue capaz de poner en el filo de la cuchilla al Estado peruano.

Retomando aquella metáfora de Mariátegui, para abrir un sendero debemos de andar en el paraje sobre el que no se ha andado antes, pero sin perder jamás de vista nuestro destino final.

Antonio García