Reflexión acerca de la cuestión sindical en la Región de Murcia

2020-06-08T17:06:10+02:001 de mayo, 2020|Actualidad|

El Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, muchas personas estamos acostumbradas a salir a la calle y participar en la ya tradicional manifestación que convocan cada año los sindicatos mayoritarios. Se trata de un acto rutinario, festivo y folclórico, a pesar de que se lleva años diciendo que la clase obrera no tiene nada que celebrar. En cierto sentido la manifestación de este día simboliza el divorcio entre el sindicalismo tradicional y el sujeto real al que dice representar. Siempre se trata de lo mismo, un recorrido por la Gran Vía con CCOO y UGT a la cabeza y un bloque anarquista, crítico con los sindicatos mayoritarios, al final. En Murcia podemos observar cómo año tras año la asistencia al acto va disminuyendo. Este año, debido al estado de alarma, la manifestación no va a tener lugar y probablemente, más de un liberado sindical respiró aliviado en su despacho, mientras la crisis capitalista no deja ni un respiro a aquellas y aquellos que sostenemos el mundo. El descontento con la gestión del gobierno seguramente acabará afectando también a los sindicatos mayoritarios que han arrimado el hombro a los gestores de los intereses de la oligarquía. En una región como la nuestra el malestar puede ser especialmente agudo. Más de 18.000 empresas se han acogido a los ERTEs (en abril) y la Administración estima que cerca de 120.000 trabajadoras y trabajadores quedarán afectadas por la medida, a lo cual hay que añadirle el hecho de que, por ahora, menos del 10% ha podido cobrar su prestación, sumado a otros pronósticos económicos nada optimistas. ¿Qué escenarios se abren ante los sindicatos y cómo van a reaccionar? ¿Qué pueden hacer? Desde luego este Primero de Mayo no es un día tranquilo ni festivo. El nerviosismo recorre las altas esferas sindicales, mientras los ERTEs llegan hasta a los propios trabajadores de la UGT en Catalunya.

Situación sindical en Murcia. Análisis de la situación concreta

Cualquiera que se haya parado a analizar la realidad sindical del Estado Español en general o de Murcia en particular se habrá dado cuenta de que no es una tarea sencilla pues, si bien es un hecho palpable que los sindicatos no gozan de buena salud (lo podemos observar en nuestra práctica diaria), es difícil encontrar estadísticas precisas que lo corroboren. Los datos oficiales acerca del número de afiliados no existen y sólo nos queda basarnos en la información que los propios sindicatos proporcionan a los medios de comunicación. Podría pensarse que los grandes sindicatos lo hacen por seguridad de sus afiliadas y afiliados, sin embargo, también dicen “piensa mal y acertarás”, así que es más probable que se trate de un intento de proteger su propia imagen, ocultando la magnitud del desastre.

Uno de los informes más recientes de la OCDE (2019) indica que la tasa de afiliación sindical entre asalariados del Estado Español es de 13.9% (algo más de 2 millones de personas) y es el peor dato de los últimos 30 años. El descenso es constante y fue muy notable a partir del año 2008. La crisis fue un gran desafío. Son muchos los factores que influyen en el nivel de sindicalización (procedencia, sexo, edad, sector, etc) pero muchos estudios coinciden en que uno de los más importantes es el tipo de contrato. La flexibilización del mercado laboral y el aumento de contratos temporales favorecen la inestabilidad, lo cual influye de manera muy negativa en la afiliación. Se estima que a lo largo de la última crisis se perdieron, por lo menos, unos 500 000 afiliados. Es frecuente oír el argumento acerca de que la baja afiliación sindical es culpable de la precarización. Pues bien, también vemos que la precariedad merma la base social de los sindicatos. Con la nueva recesión los datos irremediablemente empeorarán. El famoso “más de millón de afiliados” de CCOO y UGT es cosa del pasado.

En cuanto a Murcia, nuestra región históricamente ha presentado una tasa de afiliación por debajo de la media nacional. No podemos contar con datos exactos, pero podemos estimar sin miedo a equivocarnos que actualmente el porcentaje de sindicados rondará un 10% en el mejor de los casos. Recordemos que las condiciones laborales en Región de Murcia son especialmente precarias, al igual que en otras zonas periféricas y sureñas. Alguien podría pensar que ese 10% representa el sector al que debemos tener de referencia, que ésta es la vanguardia pues son personas que gozan de un nivel de conciencia revolucionaria más alto y están organizadas. Nada más lejos de realidad. Entremos en materia.

El debate teórico en torno a los sindicatos es un tema bastante recurrente en marxismo. Rosa Luxemburgo, rebatiendo las posturas de Eduard Bernstein, afirmaba en Reforma o revolución:

«Los sindicatos no son más que una organización defensiva de la clase obrera contra los ataques de la ganancia [industrial]. Reflejan la resistencia obrera de la economía capitalista.» Para la revolucionaria polaca, las dos principales funciones de sindicatos (influir en la situación del mercado de fuerza de trabajo e incrementar la parte de riqueza social que reciben los obreros) se veían constantemente mermadas por las dinámicas del capital. Por eso los sindicatos son organizaciones esencialmente de resistencia, y no de ofensiva, en el plano de la lucha económica. Profundizando en esta idea en la misma obra, Luxemburgo decía: «Las cooperativas y los sindicatos son totalmente incapaces de transformar el modo capitalista de producción. Esto Bernstein realmente lo comprende, si bien de manera distorsionada. Porque se refiere a las cooperativas y los sindicatos como medios para reducir las ganancias de los capitalistas y enriquecer así a los obreros. De esta manera renuncia a la lucha contra el modo de producción capitalista y trata de dirigir el movimiento socialista hacia la lucha contra la “distribución capitalista». Combatiendo el reformismo de Bernstein, Luxemburgo ya nos advertía que no debíamos sobrestimar el papel de los sindicatos en la lucha revolucionaria. Se trata de herramientas válidas, pero para unos fines concretos en un contexto histórico concreto. Lo que hay que tener claro es que las luchas de resistencia sin perspectiva de un salto cualitativo, de pasar del plano económico al plano político, nos abocan a un escenario en el que no hay posibilidad de victoria. Si nos empeñamos en ver la lucha sindical como algo abstracto, separado de su contexto histórico, y como algo necesariamente revolucionario, corremos el riesgo de caer en la reacción, conformismo y legitimación del orden social vigente. Tenemos que valernos, como decía V.I. Lenin, de «análisis concreto de la situación concreta».

La Región de Murcia es una comunidad periférica del imperialista Estado Español. La desigualdad la vivimos de una manera muy acentuada en nuestro día a día. Las costuras del sistema son más visibles. Como consecuencia de esta situación, es probable que los sectores de la aristocracia obrera sean menores, en términos porcentuales, en comparación con otras comunidades del Estado. Las migajas del reparto de ganancias que caen aquí son, en general, más pequeñas. Otro efecto que podría darse es la presencia ligeramente mayor de las trabajadoras precarias en los sindicatos tradicionales, una presencia ligeramente mayor de esos perfiles a los que de manera común se suele referir como “militante honesto” que acaba en las filas del reformismo “porque no hay otra” y con una postura, normalmente, crítica. El reformismo aprovecha este hecho excepcional para legitimarse, recurriendo a argumentos obreristas. Estos perfiles deben ser rescatados de las garras del oportunismo, ofreciéndoles una alternativa comunista real, involucrándolos en las tareas de la revolución.

Lenin afirmaba en El imperialismo y la escisión del socialismo que “si queremos seguir siendo socialistas, nuestro deber es ir más abajo y más a lo hondo, a las verdaderas masas: en ello está el sentido de la lucha contra el oportunismo y todo el contenido de esta lucha”. Pues bien, nuestra situación concreta nos aporta pistas acerca de dónde están “las verdaderas masas”. Una gran parte de ellas está ocupada en sectores relacionados con el turismo y la agricultura: camareras, cocineras, trabajadoras del hogar, dependientas, jornaleras. Todo son sectores abandonados por el sindicalismo tradicional. La tarea de llegar a ellos es nuestra aunque no está exenta de contradicciones debido a la situación actual del MCEE en ausencia del Partido revolucionario, situación muy distinta a la que vivía Lenin cuando escribía su obra.

¿Por qué los sindicatos no llegan a las masas?

Para responder a la pregunta planteada en este apartado, primero queremos hablar de las “masas” a las que sí llega la mayor parte de organizaciones sindicales, de aquel 10% que hemos mencionado más arriba. Por muchos es sabido que Lenin al analizar la fase actual del capitalismo, el imperialismo o el capitalismo monopolista, señalaba una de las diferencias con respecto a la etapa anterior, el capitalismo librecambista: la aparición de “algunas capas de la clase obrera, sobornada con las superganancias imperialistas” (El Imperialismo y la escisión del socialismo), pero incluso antes de él, Marx y Engels ya supieron detectar esta naciente tendencia en Inglaterra. La capa aburguesada, la aristocracia obrera, es la que junto con la pequeña burguesía constituye la base social del oportunismo y reformismo. El relativo bienestar de una minoría de trabajadores asalariados proviene de la explotación de los países imperializados. De ahí nace el interés de la aristocracia obrera en perpetuar el estado actual de las cosas. Gozan de unas vidas relativamente estables, también en el ámbito laboral. Ahora acordémonos de que la estabilidad laboral es precisamente uno de los factores que más influye en las tasas de afiliación sindical y las cosas empiezan a cuadrar.

Si hablamos de los dirigentes de los sindicatos mayoritarios, siguen siendo vigentes aquellas palabras de I.V. Stalin: “los sindicatos los dirigen burócratas reformistas ligados por infinitos hilos a la clase capitalista. ¿Qué tiene de sorprendente que los obreros no sindicados se mostrasen más revolucionarios que los sindicados?” (Stalin acerca de los combates de Ruhr en El problema de los combates de clase del proletariado). Cuántas veces hemos vivido la situación cuando los representantes de los sindicatos mayoritarios han sido una piedra en el camino más que aliados de nuestras luchas. Cualquiera que haya intervenido en el movimiento obrero murciano o en alguna lucha social en general tendrá más de un ejemplo en la cabeza. Nosotras ya expusimos algunos en nuestro artículo sobre la preparación de la pasada Huelga General Feminista del 8 y 9 de marzo.

A su vez, la oligarquía nacional se siente muy cómoda con estos sindicatos. Poco se habla de que CCOO y UGT perfectamente podrían considerarse pilares del sistema de la Constitución del 78 en el terreno económico y, por desgracia, aún quedan muchas comunistas que no plantean combatir dichas estructuras con la misma determinación como lo hacen, por ejemplo, con la monarquía. Mientras tanto, la CEOE reconoce plenamente el papel de los sindicatos mayoritarios como únicos portavoces válidos. En muchos casos hasta reconoce implícitamente su contribución a la estabilidad social. Ya lo decía Huey Newton, uno de los líderes de los Panteras Negras: “el opresor siempre prefiere tratar con los portavoces de sus súbditos menos radicales, esto es, menos peligrosos. Prefiere que sus súbditos no tengan portavoces o, todavía mejor, desearía hablar él mismo por ellos. Incapaz de realizar esto en la práctica, elige la mejor alternativa y apoya a los portavoces que le permitan hablar a las masas a través de ellos” (En defensa de la autodefensa).

Cómo no, el presente artículo estaría incompleto si no mencionásemos por enésima vez el argumento revisionista aprendido de memoria. Aquel que hace alusión a La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo para tachar de oportunista de izquierdas a todo marxista-leninista crítico con la intervención en los grandes sindicatos. Los oportunistas de hoy defienden la idea de intervenir en sindicatos reaccionarios porque, según ellos, ahí es donde están las grandes masas y no se puede abandonarlas. En cuanto a la contextualización de la obra de Lenin y las diferencias con la coyuntura actual también ya se ha dicho mucho en este debate concreto dentro del MCEE. Queda demostrado, también, que las grandes masas, la mayoría de la clase obrera, no están sindicadas. La base social de los sindicatos en la actualidad es la aristocracia obrera. Si una organización comunista pretende centrar su trabajo en CCOO, reconociendo que es un sindicato reaccionario, pero es el mayor que existe y hay que estar ahí para no abandonar a las masas, entonces ¿por qué no actuar también en la UGT? Sus números en cuanto a la afiliación son muy similares, habiendo épocas en las cuales la UGT supera a CCOO en esos datos. ¿Por qué razón las masas de la UGT sí deben ser abandonadas? ¿Qué diferencias sustanciales hay entre esos dos sindicatos en la actualidad? En Murcia casi siempre van de la mano.

Entonces, ¿por qué los sindicatos no llegan a las masas obreras? Porque les generan desconfianza, porque sus actuaciones hacen que sigamos teniendo un movimiento obrero aburguesado. Así que cada vez que un oportunista se pregunte por qué en sus movimientos no están las obreras más precarias, mujeres, migrantes, etc, la respuesta es sencilla: porque están ellos, los oportunistas, y para el proletariado son extraños. La creación de un movimiento revolucionario pasa necesariamente por la necesidad de combatir la ideología burguesa y a sus portavoces entre obreros.

Tarea de reconstitución y el movimiento obrero

Las y los comunistas no escondemos nuestras intenciones. Toda nuestra praxis en el momento actual está orientada hacia el objetivo de reconstitución del Partido comunista. Por ello nuestra táctica para el movimiento obrero se subordina a nuestro objetivo estratégico. Estamos con nuestra clase en los combates que libramos en el terreno económico, aprendemos con la práctica, pero no nos conformamos con el papel de acompañantes. En todo momento aspiramos a elevar el nivel de conciencia, pues como decía Lenin, “la tarea de los marxistas no se limita a la agitación política en el terreno económico: su tarea es transformar esa política sindical en lucha política marxista, aprovechar los destellos de conciencia política que la lucha económica ha hecho penetrar en los obreros para elevar a estos al nivel de conciencia política marxista” (Acerca de los sindicatos). Elaboramos nuestros análisis teóricos a raíz de lo aprendido y los materializamos en nuestros planes de trabajo con los que volvemos a las masas. Ponemos a prueba nuestras hipótesis llevándolas a la práctica y las contrastamos con la realidad. Sólo siguiendo este método de trabajo conseguimos que nuestra práctica no sea espontánea porque se basa en una teoría materialista, nacida de la realidad que nos rodea.

¿Y cuál es la realidad de la lucha sindical en nuestra región? Por un lado, tenemos a los representantes del sindicalismo tradicional, los sindicatos mayoritarios, que no sirven para los propósitos revolucionarios. Son tan conscientes de ello las y los comunistas que rechazan la participación en los mismos y sus prácticas, como aquellas personas que siguen apostando por un cambio “desde dentro” de dichas estructuras (o fuera de ellas, en estructuras nuevas, pero con la misma naturaleza que las tradicionales, con los mismos propósitos y la misma funcionalidad), pretendiendo década tras década “transformarlas” sin éxito, ya que no entienden que es imposible “revolucionarlas”. Por otro lado, hay militantes comunistas que están inmersas en la labor de construcción de un sindicalismo “alternativo”, “de clase”, “revolucionario”, “combativo”, libre de reformismo y otros vicios del sindicalismo tradicional. Es decir, una especie de sindicalismo “puro” y radical, orientado hacia las masas trabajadoras más precarizadas y en gran medida olvidadas por las grandes sindicales españolas. Si bien esta postura puede parecer más digna y honesta, más preocupada por las problemáticas reales de nuestra clase, aun así no deja de ser una postura equivocada con respecto al avance de la lucha de clases. Y es que si no tenemos claro que el objetivo de nuestra intervención sindical o, más concretamente, nuestra intervención en el movimiento obrero es la reconstitución del Partido revolucionario, perdemos de vista la tarea estratégica de primer orden para la actual fase del desarrollo de la lucha de clases. Si no orientamos todas nuestras fuerzas, toda nuestra actividad (incluida la sindical) hacia ese objetivo, nos toparemos con las limitaciones de siempre. En el caso concreto del sindicalismo, si percibimos la articulación del sindicalismo de clase como una tarea estratégica, como un objetivo en sí mismo, en el mejor de los casos estaremos optando por ocupar un puesto que ha dejado vacío el sindicalismo tradicional dentro del sistema de producción capitalista en su fase imperialista. No seremos capaces de sobrepasar los límites que nos impone el capital. No podremos organizar la revolución pues ésta no la organiza un sindicato, sino el Partido apoyándose en las masas revolucionarias. No obstante, esto no puede servir de excusa para negarnos a dar batallas en el terreno económico junto a los elementos más avanzados de nuestra clase.

Para concluir

Los que reducen el movimiento obrero al sindicalismo son incapaces de ver más allá. Pero esto ni siquiera es el mayor de los males del movimiento comunista actual, pues es habitual ver (sobre todo en autodenominados “partidos comunistas”) como su militancia insta (sin éxito) a sus propios burócratas a darle prioridad a la intervención en el sindicato frente a la intervención institucional o tareas relacionadas con los interminables ciclos electorales. Es decir, en la actualidad muchas militantes comunistas tratan de sacar a sus partidos de las posiciones más atrasadas del reformismo y oportunismo para llevarlos a unas posiciones menos atrasadas. En esa tesitura es normal que ni siquiera les dé tiempo para plantearse en serio el hecho de situarse a la vanguardia de su clase. Lo que es aún más triste para nuestro movimiento es que esas militantes lo hacen, repetimos, sin éxito. Sus estructuras ni siquiera son capaces de avanzar en esa línea tan atrasada a todas luces.

“No hay espacio ya para seguir practicando el sindicalismo de concertación y de cogestión de las políticas económicas que venimos conociendo desde la transición. El capital ya no tiene ni interés ni margen para mantener un nivel de consumo elevado entre las clases trabajadoras; ese añorado Estado del Bienestar sólo se mantuvo mientras había una palpable amenaza de cambio revolucionario, y ello en un puñado de países a costa de la sobreexplotación y miseria más extrema de nuestros hermanas y hermanos de clase de Asia, África y Latinoamérica. Dejemos de alimentar la ilusión de que se puede recuperar.” Es lo que exponía Iniciativa Comunista en nuestro comunicado para el 1 de Mayo del 2016. Cuatro años más tarde se sigue alimentando la falsa ilusión de poder crear unas condiciones dignas para nuestra clase bajo el yugo de la explotación capitalista. Se sigue pensando que las trabajadoras y trabajadores podemos evitar pagar los platos rotos de la crisis sin llevar a cabo la revolución, a pesar de que la realidad una y otra vez nos demuestra lo contrario.

Este Primero de Mayo os pedimos que recordéis a los mártires de Chicago que dieron sus vidas luchando por la jornada laboral de 8 horas, pero sin olvidar que su objetivo sólo pudo hacerse realidad décadas más tarde gracias a la victoria del revolucionario partido bolchevique. Dos años más tarde el gobierno español tuvo que ceder ante las y los huelguistas de Barcelona que llevaban la misma reivindicación. Organicemos el movimiento obrero para reconstituir el Partido Comunista. Reconstituyamos el Partido Comunista para guiar al movimiento obrero revolucionario hacia la liberación de toda la humanidad.