Los nuevos Pactos de la Moncloa para salvar al capital

2020-07-14T19:09:19+02:009 de abril, 2020|Actualidad|

El anuncio por parte del Presidente del Gobierno de la necesidad de impulsar unos nuevos «Pactos de la Moncloa», en medio de una crisis económica sin precedentes cuyo detonante ha sido la pandemia del Coronavirus, supone un nuevo intento de reflotar el proyecto del capitalismo monopolista en el Estado español, que desde hace un tiempo daba muestras de estar resquebrajándose.

El entramado de 1978 comenzó a dar muestras de pérdida de legitimación a raíz de la última crisis capitalista de 2008, revelando a los ojos de la clase trabajadora y demás sectores populares como nos tocaba pagar a fondo perdido el rescate de las entidades financieras. Mientras tanto se acometía el deterioro de nuestras condiciones de vida, tanto a nivel laboral (mayor precariedad, salarios miserables, etc.), como en lo social (desahucios, deterioro de lo público como la educación y la sanida, etc.). Pese a que durante los últimos años los poderes oligárquicos hablaban de recuperación y crecimiento, la vida de millones de personas ha quedado crónicamente instalada en la pura supervivencia, incluyendo vidas miserables con trabajos que no permite nigún tipo de estabilidad ni perspectivas de mejora.

En el campo político, la cuestión nacional y sobre todo el proceso soberanista de Catalunya ha supuesto una grieta considerable en el sistema emanado de la llamada Transición. Junto a ésto, los escándalos relacionados con con las prácticas corruptas del Rey emérito y sus familiares han deslegitimado notablemente la propia institución monárquica, a pesar de que los propagandistas del régimen se han esmerado durante décadas en apuntalarla y defenderla, siendo probablemente ésta el símbolo mas relevante de la continuidad del régimen tras la muerte del dictador.

La crisis sanitaria del covid 19 ha puesto de manifiesto, por empezar por lo más evidente, que quienes han permitido, y no digamos defendido, el desmantelamiento de la sanidad pública en beneficio de la privada son responsables de la muerte de varios miles de personas. Miles de personas que muy probablemente seguirían vivas si hubiéramos contado con un sistema sanitario bien dotado de medios materiales y humanos para atender una amenaza de ésta naturaleza. La comparación con la mortalidad mucho menor en otros Estados debería hacernos pensar.

Pero también ha revelado que la tantas veces elogiada Unión Europea no es más que lo que es: un club de oligarcas y mercaderes, que hacen oidos sordos a los llamamientos de ayuda de los socios del sur, tal como ocurrió hace unos años con Grecia. Lo mismo cabe decir de la petición de auxilio a la OTAN (que no está para eso, evidentemente, sino para destruir la soberanía de los pueblos), que también ha caído en saco roto.

En este contexto y en pleno confinamiento se lanza la idea de unos nuevos Pactos de la Moncloa que no es sino la reformulación de esa «Segunda Transición» de la que el Poder lleva hablando ya un tiempo, para salvar el sistema de su descomposición. Conviene recordar que los Pactos de la Moncloa de la Transición supusieron en lo político la consolidación de la monarquía heredera del fascismo, siendo el monarca el jefe del ejercito, así como la impunidad de los criminales franquistas y la negación del derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas. En lo económico, la continuidad de un poder financiero y empresarial alimentada con mimo por y durante la dictadura. Y, en lo social, que la clase trabajadora perdiera una parte sustancial de sus salarios de entonces en aras de un desarrollo económico que favoreció sobre todo a los oligarcas de siempre, todo ello con la inestimable colaboración necesaria de las cúpulas de los sindicatos mayoritarios.

Los Pactos de la Moncloa a su vez sembraron las bases para la Constitución y el nuevo mito fundacional español de la Transición, definiendo además un modelo territorial de Estado. Y es que unos Nuevos Pactos de la Moncloa son una forma de revalidar el proyecto nacional español sin alterar las bases de la Constitución y sin necesidad de implicar a las masas en un proceso constituyente. El tercero del PSOE, el ministro Ábalos, dijo que los Pactos supondrían «un proyecto de reconstrucción nacional para lanzar adelante a España». El aspecto nacional de estos Nuevos Pactos también se hace explícito cuando se pretende dejar fuera a los partidos independentistas catalanes como el propio Ábalos ya ha dejado caer. Por su lado el independentismo más servil aunque con una mano levanta el puño contra el centralismo, tiende la otra mano para pactar el rescate de la economía. El líder del PP Pablo Casado por su parte ha dejado claro que ha de ser un proceso fundamentalmente Parlamentario aunque haya agentes sociales que participen. Nuevamente nos enfrentamos a una reconfiguración nacional sin proceso constituyente porque en la historia del Estado español, las Constituciones son el arma arrojadiza de las élites para reprimir las aspiraciones más elevadas de las masas.

Las élites del Estado español quieren adelantar estos procesos de reconfiguración sistemática a la desesperación de la gente, antes de que empiecen los disturbios y los problemas sociales más fuertes como en Italia. No olvidemos que los años de los Pactos fueron años durísimos de movilización social y represión pero que supieron ser canalizados por el reformismo hacia compromisos de estabilización económica y de «paz social». El contraste con el que nos encontramos frente a los Nuevos Pactos es que la correlación de fuerzas es aún peor para una clase trabajadora desmovilizada y un sindicalismo estéril y cada vez más minoritario. Hoy ni siquiera tenemos esas mínimas herramientas de lucha y resistencia. A esto se ha de sumir tanto ayer como hoy la colaboración constante de las fuerzas de «la izquierda» con los compromisos históricos con la oligarquía para salir de salvavidas del sistema. En nuestra historia la izquierda ha sido la más responsable y comprometida gestora de las crisis de la patronal. No olvidemos que ha sido el PSOE el auténtico partido de la oligarquía siendo la única fuerza política capaz de llevar a cabo los grandes cambios estructurales que necesitaba los monopolios nacionales. Al igual que entonces los Pactos sirven para cambiar el barniz político-social para mantener estructuras económicas en crisis (entonces también crisis económica por la inflación). Los Pactos obligaron a los trabajadores a cargar el peso económico de la crisis a cambio de terminar superficialmente con las estructuras de gobierno franquistas, estructuras que también eran un estorbo para el salto económico de los monopolios nacionales. Nuevamente en momentos de shock la oligarquía llega a consensos para sobrevivir a costa de la clase obrera que ha de pagar los platos rotos y debe sentirse agradecida porque la dejen seguir existiendo.La pregunta es, ¿hacia qué destino nos dirigen los Nuevos Pactos? Lo más probable es que se continúe con la homologación del sistema con centro-europa y dar un paso al frente en el modelo de austeridad Alemán.

Ahora, para sacar adelante este proceso, se va a apelar a la unidad nacional frente al virus. La supuesta unidad abstracta que produce el virus y la cuarentena y que sinembargo no pasa de lo anecdótico, ni en condiciones normales, ni bajo confinamiento nuestra realidad, nuestras problemáticas y prioridades han sido iguales a la de la burguesía. Y también es probable que esgriman contra nosotros una palabra hermosa como es la solidaridad para abrazar una falsa unidad de intereses y destino nacida para sostener a la oligarquía en quiebra. Lo más probable es que se nos llame a la solidaridad nacional con nuestros empresarios y banqueros, que han perdido beneficios los pobrecillos cuando no hemos podido trabajarles con normalidad. En estos tiempos el Poder ha revelado una gran capacidad de apropiarse de nuestras palabras, desvirtuando su concepto. Solidaridad es lo que hademostrado nuestro personal sanitario, nuestras limpiadoras, cuidadoras, trabajadores del transporte, de la alimentación, etc., arriesgando su salud para dar servicios, multiplicando recursos y energía para atender a las necesidades populares. Lo «solidaridad de la burguesía es puro cálculo econonómico, márgen de beneficio, lavados de cara e ingenieria fiscal. Nuestras vidas les importan muy poco o nada; nos necesitan para que la maquinaria siga girando pero nos volvemos prescindibles en cuanto vuelva a abundar la mano de obra.

Porque, si vamos en el mismo barco, ellos van en cubierta y nosotras de remeras.

Debemos sacar como clase las enseñanzas de este periodo y movilizarnos por construir una sociedad sobre unas bases más sociales y humanas, donde la economía esté al servicio del desarrollo del ser humano y no del beneficio empresarial. Hemos de hablar no solo de reforzar lo público (sanidad, educación, servicios sociales), sino también de expropiar y socializar la banca y empresas estratégicas, salir de la UE y la OTAN y suprimir una estructura tan anacrónica como corrupta como es la monarquía. Para ello se hace necesario construir un referente que exprese y defienda las necesidades de nuestra clase, capaz de organizar y hacer valer nuestra fuerza, algo que en los tiempos que estamos viviendo se revela como acuciante.