El asesinato de Qassem Soleimani

2020-02-01T12:33:56+01:006 de enero, 2020|Actualidad|

Conocimos este jueves la noticia del asesinato del Mayor General Qassem Soleimani y de otros mandos militares iraníes a manos de Estados Unidos, en una operación sobre el aeropuerto de Bagdad que viola todos los principios del derecho internacional. Este ataque directo a una figura de gran renombre —fundamental en la defensa de la región contra el Estado Islámico y contra todos los grupúsculos yihadistas financiados y entrenados, entre otros, por los propios yanquis— culmina una escalada de tensión dirigida durante las últimas semanas desde Washington, que vuelve a forzar la respuesta de Irán y sus aliados en una coyuntura ya de por sí muy complicada.

No se han hecho esperar ni unas horas el blanqueo de este asesinato por parte de la “prensa libre” y sus opinólogos, las celebraciones de ejemplares “democracias” como Israel o Arabia Saudí, ni tampoco la cómplice equidistancia de algunas potencias internacionales que lamentan la situación como si fuese tan responsable del atentado Irán como los EEUU. Enseguida se disparó también, como no podía ser de otro modo, la cotización en bolsa de los grandes monopolios armamentísticos yanquis, a la vez que el precio del Brent subía hasta un 4’4% con respecto a sus anteriores registros. Las autoridades del Estado español, por supuesto —y empezando por el líder del próximo gobierno “progresista”— han permanecido en un prudente silencio ante las atrocidades de su socio trans-oceánico.

Ante tal escenario, los y las comunistas no podemos llamarnos a engaño. Estas acciones no responden simplemente a los intereses transitorios —ni mucho menos al carácter individual— de un personaje abyecto como Donald Trump; al contrario, forman parte del ADN de un imperio levantado sobre sangre y cenizas, cuya historia entera se basa en el sojuzgamiento militar y el expolio de los pueblos de medio mundo. Si Trump “juega” ahora la baza de Irán con miras a su reelección, ello se debe precisamente a que las necesidades de la oligarquía yanqui, y, por extensión, del imperialismo occidental, exigen dinamitar por completo toda oposición en Oriente Próximo. Poder, al fin, dominar y saquear a placer toda la región, incrementando al mismo tiempo los réditos del complejo militar-industrial estadounidense, es el principal motivo que se encuentra en la base de esta interminable campaña de cerco y acoso a Irán, uno de los últimos baluartes regionales en la resistencia contra la política exterior de los EEUU.

Debemos, por lo tanto, estar preparados y preparadas para lo que venga, porque el hostigamiento y la violencia contra quienes desafían la dominación del imperio yanqui no acaba aquí. Las bravatas de Trump ponen de manifiesto que el programa criminal aplicado en ya tantas ocasiones (Iraq, Afganistán, etc.) continúa en pie y dispuesto a arrasar con todo aquel que se cruce en su camino. Desde el Estado español —miembro destacado de la OTAN y factor activo en la dinámica imperialista capitaneada por EEUU— tenemos el deber y la responsabilidad de contribuir a poner en pie una firme lucha antiimperialista, capaz de minar desde sus propias bases los proyectos de la oligarquía occidental. Sumemos nuestros esfuerzos a esta lucha común y tengamos siempre presente que, en última instancia, no hay más forma para dar muerte al imperialismo que organizar la revolución.

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