El Partido Pantera Negra

2020-02-08T17:59:42+01:0019 de abril, 2017|Documentos|

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Introducción

El Partido Pantera Negra («Black Panther Party», en sus inicios «Black Panther Party for Self-Defense») fue una organización revolucionaria fundada por Huey Newton y Bobby Seale en Oakland, California, en 1966.1 Se les conoce habitualmente como Panteras Negras. No tardan demasiado en experimentar un ascenso meteórico y pasar de ser una pequeña organización local a un partido con miles de militantes, sedes en más de 50 ciudades, un periódico con una tirada de 150.000 ejemplares y un amplio reconocimiento como el partido de vanguardia en los EE.UU2. El director del FBI, J. Edgar Hoover, declaró en 1969: «el Partido Pantera Negra, sin ninguna duda, representa la mayor amenaza para la seguridad interna de nuestro país»3. En la cima de su popularidad, antes del final de 1970, llegaron a tener gran proyección internacional y eran considerados por los líderes de Vietnam del Norte, Argelia y Cuba, entre otros, como el núcleo duro de un futuro gobierno aliado en los EE.UU4. El efecto combinado de la represión del Estado, las concesiones por parte de la clase dominante a su base popular y diversos errores estratégicos y organizativos provocan una caída igual de rápida que su ascenso, y a finales de 1971 Huey Newton reconoce en privado que «el Partido ya no existe»5. A partir de mediados de 1972 se vuelven a convertir a todos los efectos una organización local en Oakland, abandonando toda actividad en 1982 tras una larga agonía.

Es imposible hacer un análisis en profundidad de toda la historia del Partido y sus cambios ideológicos y organizativos en el espacio del que disponemos. Tampoco es lo que buscamos, sino que queremos resaltar los elementos de su historia que nos permitan encontrar las posibles lecciones de carácter general, o universal, que existan en la historia de los Panteras Negras, sobre todo en lo que se refiere a su carácter de organización revolucionaria en un país imperialista durante la segunda mitad del s. XX.

El texto se divide en tres bloques. Una primera parte de contextualización histórica anterior a los Panteras Negras, que trata de mostrar los aspectos únicos de la historia de la lucha negra en los EE.UU. Una segunda de recapitulación de la época que consideramos como fundamental en su trayectoria, desde sus primeros pasos en 1966 hasta su colapso como organización nacional a mediados de 1972. Finalmente un último bloque de balance y análisis global, en el que trataremos de identificar las aportaciones principales del Partido Pantera Negra y su lugar en la historia de la revolución proletaria mundial.

Preludio

«Porque siembran vientos, y recogerán tempestades»

Oseas 8:7

El transporte forzado de millones de negros africanos al continente americano es uno de los aspectos fundacionales de los EE.UU. Durante siglos fueron vendidos como esclavos mientras recibían el peor trato imaginable, «despejaron los bosques, construyeron las carreteras, recogieron el algodón, colocaron los rieles de los ferrocarriles y mantuvieron a la aristocracia sureña»6. El sistema esclavista del Sur «concentraba un enorme ejército enemigo de oprimidos en los ligamentos de la sociedad blanca»7, lo que provocaba una represión brutal que ocultaba la ansiedad permanente ante una insurrección definitiva contra los esclavistas. Se suceden las rebeliones, asesinatos y fugas. Sin embargo la esclavitud sólo desaparece formalmente cuando empieza a suponer un obstáculo para el desarrollo del Norte capitalista. La guerra civil, o guerra de secesión, se lucha para mantener el dominio de la burguesía industrial, pero ésta acaba aliándose con los esclavos negros que se ven en la «obligación de elegir entre la esclavitud del Sur y el trabajo asalariado en el Norte»8. Finalizada la guerra y terminada la era esclavista9 comienza un doble proceso que dura varias décadas.

En el Sur la llamada Reconstrucción colapsa en apenas diez años. La burguesía norteña abandona a los ex-esclavos a su suerte, de nuevo aterrorizada ante la perspectiva de 4 millones de hombres y mujeres negros negándose a abandonar las tierras que habían trabajado, que ahora consideran suyas, y negándose a trabajar para sus antiguos dueños, que consideran derrotados. Los antiguos esclavistas pronto vuelven a controlar la totalidad de los antiguos Estados Confederados y la mayoría de sus antiguas posesiones. Empiezan a establecer en todo el territorio una serie de leyes, las infames leyes de «Jim Crow», que segregan racialmente la sociedad a todos los niveles: espacios públicos, trabajo, ejército, educación o sanidad. Cualquier vestigio de combatividad se reprime brutalmente con la alianza de la policía, el ejército y bandas paramilitares creadas para mantener la supremacía blanca como el Ku Klux Klan.

El desarrollo económico en el Norte y la situación política en el Sur atraen legiones de trabajadores10 negros a los centros urbanos norteños. Ayudan a convertir con su sudor y sangre a los EE.UU. en la primera potencia mundial. En épocas de bonanza o durante las guerras imperialistas acceden a trabajos industriales, aunque son los primeros expulsados al terminar los conflictos o durante épocas de crisis económica. Su situación legal es indudablemente mejor que en el Sur, pero sigue existiendo una segregación de facto: no tienen acceso a los mejores trabajos, educación superior, puestos públicos o posiciones de poder político. Son reprimidos por cuerpos de policía abrumadoramente blancos incluso en zonas abrumadoramente negras. Jóvenes sin perspectivas de futuro se aglomeran en los llamados guetos, con altas tasas de criminalidad y una disolución gradual de los lazos comunitarios que existían en el Sur. Ni siquiera la participación en los ejércitos imperialistas durante las guerras mundiales hace mucho por cambiar su situación: les está permitido morir por el Imperio, pero no ser ciudadanos de pleno derecho del mismo11.

Este breve esbozo histórico nos lleva hasta los años posteriores a la segunda guerra mundial. Los Panteras Negras son herederos de una larga línea de resistencia radical a la opresión histórica negra en los EE.UU., con énfasis en la cuestión de raza y nacionalista, que llega hasta esos días: empezando ya con las revueltas de esclavos, continuando con la Hermandad de Sangre Africana (1910s), la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro de Marcus Garvey (1920s), la línea representada por Haywood en el CPUSA (1920/30s), el Congreso Nacional Negro (1930/40/50s) y la Nación del Islam de Malcolm X (1950/60s)12. Queremos resaltar tres en concreto. Dos que son precursores directos, el Partido Comunista de los EE.UU. (CPUSA) y la Nación del Islam de Malcolm X, y otro que aun siendo el complemento no violento e integrador tenemos que analizar brevemente por su enorme influencia y su función de punto de referencia para el resto, el Movimiento por los Derechos Civiles liderado por Martin Luther King Jr.

El CPUSA nace al calor de la Revolución de Octubre en 1919. Aunque su periodo de mayor relevancia precede en algunas décadas a la época que nos interesa su actividad y legado son tanto una semilla para el futuro como una prefiguración del mismo. En primer lugar el CPUSA se posiciona con un análisis marxista en una cuestión que atravesará toda la lucha negra en los EE.UU. en las siguientes generaciones: la cuestión colonial. Desde los comienzos de la Internacional Comunista se defiende la existencia de una nación negra o colonia interna que abarca principalmente el «Cinturón Negro» del Sur13, un arco de unos 100 condados de mayoría negra principalmente en los Estados de Luisiana, Misisipi, Alabama, Georgia y Carolina del Sur. En esta zona los negros constituyen una mayoría de la población, son explotados en condiciones con tintes esclavistas, segregados de la vida pública y reprimidos brutalmente. Esta situación les persigue cuando huyen al Norte industrializado, donde su tratamiento todavía refleja su opresión nacional. La lucha por los derechos de la población negra pasa por la autodeterminación nacional con el derecho a la secesión, y está enmarcada en la lucha anticolonial y antimperialista14. Aunque ésta es la postura oficial de la Internacional Comunista, y por lo tanto del CPUSA, durante casi dos décadas, es recibida como mínimo con escepticismo por buena parte de la militancia y el resto de la izquierda. La respuesta habitual es que la cuestión nacional, en caso de existir, será resuelta después de una revolución socialista en todo el Estado llevada a cabo de forma conjunta por todo el proletariado sin distinción de raza. Ésta será la postura que acabará imponiéndose, sobre todo a partir de los cambios en la orientación internacional después del «Tercer Periodo» (1935).

El CPUSA también es pionero en un trabajo de masas de integración y lucha por los derechos negros. En el Sur organiza a trabajadores agrícolas y mineros, lucha contra la segregación, los linchamientos, la exclusión sistemática de la población negra. En el Norte lucha contra la segregación racial en los sindicatos y organiza al creciente proletariado negro en los núcleos urbanos. El Partido defiende que el éxito de la lucha revolucionaria en todos los EE.UU. pasa por el respeto a la liberación nacional negra, ya que «un pueblo que oprime a otro pueblo forja sus propias cadenas»15 Ésta es la última ocasión en la que se organiza bajo un mismo techo a negros y blancos tanto por la lucha de derechos democráticos como para el derecho de autodeterminación de la nación negra. También es la última vez en la que un número significativo de blancos se organizan en los EE.UU. por el socialismo16.

Ya en los años 50 y 60 el Movimiento por los Derechos Civiles representa la línea integradora, legalista y no violenta del movimiento negro. Sus dos organizaciones principales son la «Southern Christian Leadership Conference» (Conferencia Sureña del Liderazgo Cristiano), representada por Martin Luther King Jr., y la «Student Nonviolent Coordinating Comimittee» (Comité Cordinador Estudiantil No Violento)17. Ambas se definen por un trabajo centrado principalmente en el Sur, de contacto íntimo con las comunidades negras y sus problemas más directos y urgentes, y por el fin de la segregación legal y la integración racial sin el cuestionamiento de los EE.UU. como proyecto político. Gracias a su persistencia, heroicidad y a movilizaciones masivas que consiguen ganarse la simpatía de amplias capas de la población blanca más progresista su victoria es a primera vista completa: la «Civil Rights Act» de 1964 prohibe la discriminación por raza, sexo, religión o nacionalidad, y la «Voting Rights Act» de 1965 prohibe la discriminación racial a la hora de ejercer el derecho al voto. A partir de entonces el objetivo pasa a ser por una parte la aplicación real de esas victorias legales, y por otra la lucha contra las bases reales de esa discriminación: la opresión de clase y el carácter imperialista de los EE.UU. La no violencia y la resistencia pasiva no podrán superar este muro, y el propio Martin Luther King Jr. acabará siendo asesinado en 1968 una vez que su discurso se radicaliza lo suficiente para dejar de contentarse con victorias meramente legales.

La línea que se opone a la integración, que enfatiza la autosuficiencia, el orgullo racial y el separatismo está representada sobre todo por Malcolm X. Lo hace de forma consciente además, quizás explicitado de forma más histórica en el «Mensaje a las bases» de 1963 y la parábola del «house negro» (negro doméstico), la línea integradora, y el «field negro» (negro del campo), la línea nacionalista. Las bases del discurso de Malcolm X son: la cuestión de la tierra y la liberación nacional, de la autosuficiencia de la nación negra en contraposición a la integración racial en un único Estado; la legitimidad de la violencia como método revolucionario, desde una perspectiva de autodefensa armada; la organización de facto del lumpenproletariado18 urbano negro, siendo su «rehabilitación» como revolucionarios negros una de sus señas de identidad19. En su última etapa, ya fuera de la Nación del Islam, defenderá la cooperación con revolucionarios de cualquier raza, en casa o en el extranjero, y la lucha por la liberación negra en los EE.UU. como parte de la lucha mundial contra el imperialismo. De nuevo es precisamente cuando su discurso se reorienta hacia un señalamiento del imperialismo norteamericano y la construcción de un frente internacional, multirracial y de clase cuando es asesinado, en febrero de 1965.

En sus mejores momentos los Panteras Negras sabrán ser herederos de lo mejor de todo este legado: el análisis marxista de las cuestiones de clase, raza y nacional; la garra y capacidad de movilización del nacionalismo negro; el trabajo conjunto con otras organizaciones revolucionarias sin importar su composición racial mayoritaria; el trabajo de base pegado a los problemas de las masas; la autodefensa armada y el reconocimiento del lumpenproletariado negro como sujeto revolucionario; la integración de la liberación negra en los EE.UU. dentro de la revolución proletaria mundial y el señalamiento del imperialismo capitalista como principal enemigo de todos los oprimidos. Los cambios en la composición social y las contradicciones inherentes a semejante proyecto acabarán siendo insalvables, pero primero debemos pasar por Oakland.

El Partido Pantera Negra

«La pantera negra es un animal que cuando es presionado retrocede hasta verse arrinconado, entonces se lanza contra su enemigo en un ataque a vida o muerte»

John Hullet, 1966

Estamos en 1965 y Malcolm X está muerto. Ese verano el barrio de Watts en Los Ángeles explota en la mayor rebelión urbana de la historia del país. Un grupo identificado como «seguidores de Malcolm X» comienza a movilizar a la población a partir de un incidente, uno de tantos, con la policía. Hay saqueos, incendios, se dispara a la policía e incluso a los camiones de bomberos y ambulancias. Delta Airlines tiene que desviar sus aviones debido al «fuego de francotiradores». Durante 6 días el Estado está en jaque en lo que se considera «una insurrección en toda regla (…) que de haber continuado podría haber desembocado en una guerra civil»20. Mueren 34 personas, la mayoría a manos de la policía. Hay más de 1000 heridos y casi 4000 detenidos. Unos 600 edificios son dañados en una zona de 75 kilómetros cuadrados, con unos 200 completamente destruidos. Los daños totales se estiman en unos $40 millones.

Estos estallidos de rabia se pueden ver como una forma inconsciente de rebelión contra un estatus colonial de facto. El Movimiento por los Derechos Civiles está terminando su recorrido, y su mensaje es cada vez menos efectivo entre las masas. El propio Martin Luther King Jr. acude a Watts, pero es ridiculizado21. Sus elementos más avanzados, mayormente parte del SNCC, están buscando nuevas vías. Forman la «Lowndes County Freedom Organization» (LFCO, Organización por la Libertad del Condado de Lowndes) para luchar contra la supresión violenta del voto negro en un condado de Alabama que a pesar de ser en un 80% negro está completamente dominado por los racistas blancos y en el que ni un sólo negro está registrado para votar. Debido a la elevada tasa de analfabetismo los partidos utilizan un símbolo distintivo para identificarse. La LFCO elige una pantera negra22.

Pronto se hace patente la necesidad de crear un partido a nivel federal que se enfrente a los dos pilares del sistema, el partido Republicano y el partido Demócrata. Dirigentes del SNCC como Stokely Carmichael y otros líderes del movimiento negro radical extienden el concepto de partido pantera negra y abren oficinas en varias ciudades (Nueva York, San Francisco, etc.). Buscan separarse del discurso más integrador del Movimiento por los Derechos Civiles y los límites de lo protesta pacífica con su eslogan de «Black Power!», y organizar a la población negra de forma autónoma para el cambio político. Sin embargo serán otros los encargados de hacer realidad el sueño de un partido Pantera Negra en los EE.UU.

La autodefensa armada contra la ocupación policial

El nacimiento del Partido Pantera Negra para la Auto-Defensa en Oakland es el resultado de uno de los análisis concretos de una situación concreta más fructíferos del legado revolucionario. La experiencia tanto práctica como teórica de Huey Newton, sobre todo, y Bobby Seale, les permite sintetizar varias cuestiones que hasta el momento habían permanecido separadas en un proyecto con una capacidad de movilización explosiva. El punto de partido es un análisis de clases rupturista: Newton sabe, por experiencia propia, que existe un enorme potencial revolucionario entre los «chicos del barrio», los jóvenes del gueto, que nadie hasta el momento ha sabido explotar. Su sujeto revolucionario está en los centros urbanos y no en el Sur rural; es el joven sin trabajo ni futuro, más que el trabajador asalariado; es, al principio sobre todo, el hombre con una masculinidad anulada por el supremacismo blanco23. Una vez que conocemos a nuestros amigos debemos conocer a nuestro enemigo, y en un primer momento Newton decide centrarse en la represión policial en los barrios, pero con un enfoque muy preciso: la policía es la fuerza de ocupación militar en la nación negra, y debe ser tratada como tal. En concreto se defiende como legítimo cualquier método de resistencia, en la tradición de Malcolm X, incluyendo lo defensa armada. La última innovación es la más brillante: gracias a su estudio de las leyes de California descubre que es perfectamente legal seguir a la policía mientras realizan sus rondas, siempre que sea a una distancia prudencial; también es legal hacerlo con un arma cargada, siempre que ésta esté a la vista.

La unión de todos estos elementos desemboca en un comienzo que ya es leyenda. A principios de 1967 Newton, Seale y Hutton, el primer recluta del partido, patrullan las calles del norte de Oakland en un Chevy. Llevan sus armas a la vista, mientras siguen a un coche de la policía. No tardan mucho en ser parados, mienras se les exige que salgan de su coche entre insultos racistas. Newton se enfrenta al policía, explicando entre gritos y zarandeos su derecho a llevar armas y a vigilar su barrio. En poco tiempo se ha congregado alrededor una multitud y varios refuerzos policiales. Seale llama a los agentes «perros racistas», «tropas de ocupación de nuestro territorio»24 que deben ser confrontadas. El policía de más alto rango acaba reconociendo que Newton y su grupo no han hecho nada que justifique detenerles y que han seguido escrupulosamente la ley. Los Panteras tienen ahora toda la atención de los suyos, a los que presentan su organización y programa político. A la mañana siguiente varios de los testigos piden entrar en el Partido.

Durante varios meses de patrullas los Panteras consiguen aumentar poco a poco su fama y su número. Venden el pequeño libro rojo de Mao Zedong en el campus de Berkeley para financiarse25. Betty Shabazz, la viuda de Malcolm X, va a visitar la Bahía para un homenaje a su marido, y los organizadores piden a Seale que hagan de escolta ante el temor de que también pueda ser asesinada. Acuden con sus armas a la vista hasta la propia puerta de desembarque del aeropuerto, ante el pánico de los agentes de policía allí presentes. De nuevo, después de consultar a sus superiores, acaban reconociendo que no se está haciendo nada ilegal. Los Panteras Negras escoltan a Shabazz hasta San Francisco, y allí se enfrentan otra vez al acoso policial. Son a todos los efectos las fuerzas de seguridad de la nación negra en el norte de California.

Los Panteras se involucran de lleno en los problemas de la comunidad. Después del asesinato a manos de la policía de Denzil Dowell en Richmond Norte ayudan a su familia a presionar por una investigación con garantías, les defienden del acoso policial racista y movilizan al barrio con un discurso con gran contenido político. El hermano de Denzil, George, relata que «me impresionaron profundamente. Nos hicieron sentir que tenían un interés genuino por la gente, que sabían lo que hacían»26. Es aquí donde se reparte el primer número del diario «Pantera Negra», ya bajo la dirección del futuro Ministro de Cultura Emory Douglas27.

Su creciente popularidad hacen inevitable una respuesta, que llega en abril: la legislatura de California empieza el procedimiento para ilegalizar el llevar armas cargadas en público. Es una ley creada específicamente para combatir a los Panteras Negras28. Aunque saben que no podrán hacer nada para evitarlo, los Panteras acuden a Sacramento el día de la votación para realizar una protesta pública, todavía armados. Con toda la atención de los medios Newton lee su «Mandato Ejecutivo No. 1», en el que une en un solo hilo conductor la opresión de los nativos americanos, los negros y los pueblos imperializados. Llaman a la resistencia armada antes «de que sea demasiado tarde»29.

La ley es aprobada y algunos Panteras son detenidos con cargos leves que no resisten en juicio. Antes del verano de 1967 el Partido ha conseguido encontrar una manera de movilizar a un número cada vez mayor de personas para la causa revolucionaria, pero les acaban de arrebatar su principal herramienta para ello.

Hacia el Partido de vanguardia

En vez de dar un paso atrás Huey Newton decide dar dos pasos adelante en una serie de artículos publicados a partir de mayo30. Afina todavía más su denuncia de la policía como una fuerza de ocupación imperialista, y sostiene que rebeliones como la de Watts son la antesala de un auténtico movimiento de resistencia anticolonial. El problema es que son brotes espontáneos, «infantiles»31. Es necesario «armar al gueto» y crear una verdadera «fuerza militar» disciplinada. El Partido Pantera Negra se presenta como el legítimo representante de la nación negra, su partido de vanguardia, y predice nuevos estallidos de rabia para ese verano. Algunos actos simbólicos muestran este cambio de actitud. En mayo se comienza a publicar en el periódico el célebre «Programa de 10 Puntos», una mezcla de peticiones inmediatas sobre necesidades básicas (alimentación, educación, justicia, sanidad, represión policial) y un proyecto de liberación nacional que referencia directamente la retórica independentista de la fundación de los EE.UU32. En junio aparece el «Mandato Ejecutivo No. 2», en el que «ordena» a Stokely Carmichael, líder del SNCC, que se ponga a las órdenes de Newton como Mariscal de Campo del Sur de los EE.UU. De no hacerlo, sostienen, demostrará que en el fondo es fiel al Presidente Johnson y a los EE.UU.

En una polémica con otras organizaciones, sobre todo el «Revolutionary Action Movement» (RAM, Movimiento de Acción Revolucionaria), Newton defiende que la vanguardia en este momento debe ser pública y no clandestina, porque su función educadora es mucho más importante que la posible represión33. El RAM les acusa de «aventurismo armado de ultraizquierda»34, decantándose como otras organizaciones por un trabajo mucho más anónimo en frentes de masas.

Las predicciones de Newton se cumplen, y ese verano el país estalla de nuevo. Las revueltas de Newark y Detroit son las más grandes, pero no las únicas, y todos los ojos se dirigen a lo que se convierte en las mayores revueltas urbanas del siglo XX en los EE.UU.35 De nuevo hay docenas de muertos, miles de heridos y detenidos y cientos de edificios destrozados. La policía queda rápidamente sobrepasada y tienen que intervenir primero la Guardia Nacional y después el Ejército por orden del propio Presidente36. Sin embargo un porcentaje elevadísimo de la población negra en Detroit, un 56%, describe lo ocurrido como «una rebelión o revolución», y sólo un 19% como un «disturbio»37. El carácter cada vez más político de los acontecimientos es evidente. Un informe del gobierno federal señala la segregación y discriminación, la creación de guetos en los núcleos urbanos, la desilusión con el Movimiento por los Derechos Civiles, la brutalidad policial y de grupos parapoliciales, la frustración, la pobreza y un nuevo sentido de «orgullo racial» como causas directas de las revueltas38.

En octubre Newton es detenido por la muerte del policía John Frey en Oakland durante un tiroteo en defensa propia. El Partido se vuelca en una campaña por su absolución y liberación («Free Huey!»), dando más importancia al carácter político del proceso que a sus posibilidades reales de ser exculpado. Saben que su única posibilidad es movilizar a un número gigantesco de personas para crear una presión irresistible, y por ello se lanzan a una búsqueda de alianzas con organizaciones políticas de la izquierda «blanca» que tienen los recursos económicos y legales que necesitan. Otras organizaciones podrían haber sido acusadas de «colaboracionismo» por algo así, y de hecho hay algunas polémicas al respecto, pero a estas alturas la credibilidad los Panteras Negras es suficiente como para permitirles hacer eso sin sufrir apenas ningún cuestionamiento.

La campaña es dirigida por agitadores brillantes como Kathleen y Eldridge Cleaver. Las nuevas alianzas tácticas pronto permiten abarcar cuestiones políticas como la resistencia al servicio militar obligatorio en Vietnam, hasta entonces feudo de la izquierda radical blanca, en actos conjuntos donde se plantea que los detenidos por quemar su tarjeta militar y Huey Newton, junto con los comunistas vietnamitas, son todos víctimas del imperialismo norteamericano39. El Partido es ya un gran referente dentro del movimiento, y en un acto en febrero de 1968 se anuncia su fusión con el SNCC de Stokely Carmichael. No durará mucho, pero esto ayuda a consolidar su peso, y Carmichael decidirá quedarse con los Panteras cuando las organizaciones vuelvan a escindirse.

A pesar de toda su relevancia a principios de 1968 los Panteras Negras siguen siendo una organización pequeña. No pasan de unas pocas decenas de militantes, y siguen siendo principalmente un grupo local del norte de California. Todo está a punto de cambiar.

Poder negro de costa a costa

Martin Luther King Jr. es asesinado el 4 de abril de 1968. Con él muere definitivamente el Movimiento por los Derechos Civiles, mientras más de 120 ciudades vuelven a ver explosiones de rabia y disturbios durante más de 3 semanas40. En palabras de Kathleen Cleaver: «su asesinato cambió toda la dinámica del país. Fue probablemente el evento más importante en relación a cómo los Panteras eran percibidos por el resto de la comunidad negra»41. Miles de jóvenes abandonan toda esperanza de un cambio no violento y piden entrar en el Partido, atraídos por su actitud militante y pública de defensa armada. Sin apenas campañas de reclutamiento, en un solo año (1968) el partido pasa de unas docenas de militantes a más de 5000, con sedes en ciudades de todo el país más allá de Oakland: Los Ángeles, Nueva York, Seattle, Chicago, Boston, Denver, Newark, Philadelphia, Detroit, etc42. Newton ordena desde la cárcel que todos los militantes resistan con sus armas cualquier intento de detención o acoso sin orden judicial43, y la densa red de alianzas y el apoyo social y económico permite organizar campañas en apoyo a los detenidos evitando que caigan en el olvido.

Con Newton en la cárcel y Cleaver en el exilio para evitar seguir sus pasos44 Seale está ahora al mando de la organización. Con él se empieza a fortalecer el otro aspecto de los Panteras que junto a la autodefensa armada más llegará a definirles: los programas comunitarios. El Partido se identifica absolutamente con los problemas de la comunidad. El mensaje es simple: vuestros problemas son nuestros problemas. «Las necesidades del pueblo explotado… tierra, alimento, vivienda, educación, paz, … el Partido no las olvidará ni por un solo día; nunca nos alienaremos de las masas ni olvidaremos su necesidad de supervivencia»45.

El Partido se lanza a la construcción de una multitud de programas comunitarios. El «Free Breakfast for Children Program» (Programa por un Desayuno Gratis para los Niños) es el más importante y conocido, aunque también hay escuelas, clínicas, reparto de ropa y comida, transporte y hasta una especie de plataforma contra los desahucios, que por contar con un brazo armado resulta tremendamente efectiva46.

El programa de desayunos pronto se convirtió en la actividad central del Partido47, y todas las oficinas sin excepción del país en algún momento lo incorporaron a su rutina. Los militantes se levantaban temprano para preparar la comida, ir a recoger a algunos niños, darles de comer y llevarles a la escuela en caso de ser necesario. Previamente había un trabajo puerta a puerta para presentar el proyecto a los padres y madres, y para pedir donaciones de comida a los comercios o iglesias de la zona. Muchos colaboraban de buena gana, pero otros eran persuadidos con piquetes, denuncias públicas o amenazas.

Estos servicios a la comunidad cumplían cuatro funciones principales. Primero, claro, ayudaban de hecho a un número impresionante de personas (de todas las razas), y servían para catalizar apoyo material y económico a través del Partido. Segundo, servían como una plataforma de educación política y de denuncia del Estado y el capitalismo. En los desayunos, mientras los niños y algunos de sus padres comían, se llamaba la atención sobre la exclusión racista de la comunidad negra, sobre el hecho de que en el país más rico de la Tierra millones de niños pasan hambre, y sobre la falta de soluciones institucionales a éste y otros problemas. Tercero, los programas en su conjunto ofrecían por fin un ejemplo concreto del «Poder Negro», una visión embrionaria de la capacidad de la comunidad para resolver sus propios problemas y determinar su futuro. Finalmente, el trabajo entregado y sin remuneración de los Panteras conseguía para ellos un enorme apoyo popular, respeto y admiración, tanto de la comunidad negra como de los sectores blancos más progresistas48. Este apoyo será clave ante la represión creciente e implacable a manos del Estado. Cuando una serie de redadas policiales destruyen completamente las oficinas del Partido en Filadelfia es la comunidad la que las reconstruye con sus propias manos, poniendo de su bolsillo todos los materiales y mobiliario necesarios. Al hacer de los problemas de la comunidad sus problemas los Panteras consiguen que la comunidad haga suyos los problemas de los Panteras49. Sus oficinas llegaron a ser verdaderos puntos neurálgicos de la comunidad. Abiertas desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche, el barrio acudía ellas a plantear absolutamente todo tipo de problemas, esperando una solución o al menos alguien dispuesto a escuchar.

Aunque la organización ha avanzado mucho desde sus primeros pasos con una imagen absolutamente masculinizada y una militancia femenina testimonial el avance político saca a la luz muchas de las contradicciones de género, incluyendo muchos casos de agresiones de género de todo tipo. Las mujeres ya son una mayoría del Partido50, y llevan de hecho la mayor parte del peso de sus actividades diarias, pero siguen estando marginadas en la dirección política al más alto nivel y la organización militar de autodefensa. Se lanzan campañas contra la división del trabajo en clave patriarcal (trabajo comunitario y de cuidados para las mujeres, militar y de confrontación para los hombres) y contra las agresiones. Las mujeres con más peso como Kathleen Cleaver o Ericka Huggins se involucran muy activamente en este aspecto de la lucha, y en muy poco tiempo el Partido Pantera Negra es una de las voces con un discurso y práctica más avanzados en la cuestión de género de toda la «Nueva Izquierda». En 1970, y todavía en la cárcel, Newton manda una carta a toda la organización incluyendo la lucha contra la opresión de género y la homofobia como parte integral de la práctica revolucionaria y ordenando la eliminación de ciertos términos despectivos del vocabulario habitual de los Panteras51. Reconoce que es imposible erradicar esas opresiones sin el establecimiento de un sistema auténticamente revolucionario, pero concluye que estas prácticas son precisamente parte del proceso para establecer ese sistema.

La mayor amenaza interna para la seguridad nacional

En noviembre de 1968 Nixon gana las elecciones presidenciales por la mínima con una campaña centrada en la raza y la guerra de Vietnam que promete una vuelta a la «Ley y el Orden»52. El FBI ya llevaba tiempo vigilando y desestabilizando al movimiento negro con su programa COINTELPRO (de COunter-INTelligence-PROgram), diseñado en los años 50 para reprimir al Partido Comunista. En agosto de 1967 el director del FBI, J. Edgar Hoover, ordenada a sus agentes vigilar las organizaciones «nacionalistas negras» asociadas al «Poder Negro»: «El propósito de este nuevo esfuerzo de contrainteligencia es exponer, perturbar, confundir, desacreditar y en general neutralizar las actividades de las organizaciones nacionalistas negras y de odio racial, incluyendo a sus líderes, portavoces, militantes y simpatizantes…»53. En marzo de 1968 un nuevo comunicado perfila con mucho más detalles los ejes principales de esta campaña. Los Panteras Negras, que todavía son una pequeña organización de Oakland, no son mencionados, pero el texto describe a la perfección los ataques que recibirían en el futuro próximo:

  1. Impedir la coalición de los grupos militantes nacionalistas negros. «En la unidad está la fuerza», dice Hoover, «una obviedad que no deja de ser válida por su banalidad». Una coalición efectiva de todas las fuerzas nacionalistas podría ser «el principio de una revolución negra».
  2. Prevenir el ascenso de líderes carismáticos («mesías») en el movimiento como Malcolm X o Martin Luther King Jr.
  3. Prevenir cualquier acto violento por parte de esos grupos nacionalistas.
  4. Impedir que los grupos nacionalistas sean respetados. Hoover es suficientemente inteligente como para saber que la manera en la que se puede desacreditar a un grupo militante no es igual para todo el mundo. Por ejemplo, el resaltar su retórica violenta puede desacreditarles ante los moderados negros y blancos, pero tendrá el efecto contrario ante los negros con tendencias radicales.
  5. Impedir el crecimiento de estos grupos, en especial el reclutamiento de militantes jóvenes.54

En septiembre de ese año Hoover ya señala a los Panteras como una amenaza «que se extiende rápidamente»55, y en julio de 1969 anuncia, ya públicamente, que «son sin ninguna duda la mayor amenaza interna para la seguridad nacional»56.

La situación política es cada vez más convulsa. Las protestas y revueltas se multiplican. Las organizaciones de extrema izquierda crecen a ritmo vertiginoso57. Los líderes progresistas que prometen renovar el partido Demócrata son asesinados (Robert Kennedy) o echados a un lado en pucherazos sonados durante las convenciones de su partido (McCarthy)58. Ante esta situación se vuelve imprescindible la represión sistemática y coordinada de los elementos más conscientes de la sociedad. Los Panteras Negras, como referente de todo el movimiento, reciben la peor parte.

El método más común de represión es la detención constante de Panteras Negras bajo cualquier pretexto con fianzas desorbitadas. Aunque la mayoría de los cargos se derrumban en los juicios el Estado desangra económicamente a la organización, y les hace gastar una cantidad de recursos gigantesca simplemente para mantener a parte de su militancia fuera de la cárcel.

A partir de la victoria de Nixon se empieza a recurrir con más frecuencia a una represión mucho más violenta. Las redadas a las oficinas del Partido son constantes, con o sin orden judicial, y en algunos casos se convierten en verdaderas batallas campales cuando los Panteras intentan seguir el mandato ejecutivo número 2 defendiendo por las armas su «territorio»59. La policía llega a utilizar armamento militar contra ellos, y la primera incursión de la historia de un equipo SWAT se realiza contra la oficina de L.A. en de la calle 41 con Central60. En los casos más extremos se llega al asesinato extrajudicial. Uno de los líderes del Partido con un futuro más prometedor, Fred Hampton, es asesinado a sangre fría en su casa de Chicago gracias a la colaboración de un informante infiltrado en la organización61.

Siguiendo las órdenes de Hoover se impide de todas las maneras posibles la unidad dentro del movimiento negro. El FBI falsifica cartas entre los líderes de varias organizaciones, tratando de crear enemistades y en última instancia ataques violentos. En algunos casos tienen éxito, y varios Panteras son asesinados por miembros de la organización «US» (NOSOTROS) de Ron Karenga en enero de 1969 gracias en buena parte a la labor de desinformación del gobierno federal62.

Finalmente se atacan con gran violencia todos sus programas comunitarios, aunque ello implique entrar con escuadrones de asalto en comedores infantiles con niños dentro. Ante las protestas de algunos agentes del FBI Hoover responde: «Ustedes mantienen que el programa COINTELPRO no debería atacar los programas de interés comunitario de los Panteras Negras. Ustedes defienden esta postura porque dichos programas … reciben el apoyo de buena parte de la comunidad. Ustedes no han entendido nada. (…) Deben reconocer que uno de los principales objetivos de la contrainteligencia [en lo que se refiere al Partido Pantera Negra] es mantener al grupo aislado de los elementos moderados de las comunidades negras y blancas que le apoyan»63.

A pesar de todos los esfuerzos del Estado en un primer momento no consiguen su objetivo. El Partido crece con más fuerza a medida que es reprimido más duramente: a finales de 1969 ya cuenta con más de 10.000 militantes, sedes en 32 ciudades y más de 50.000 simpatizantes64. Tampoco consigue aislarle de la comunidad: sus lazos con el movimiento radical y los sectores moderados son cada vez más fuertes, y un 25% de la población negra les tiene «un gran respeto» (¡el porcentaje es de un 45% para los menores de 21 años!)65.

Vanguardia de la Nueva Izquierda y proyección internacional

Los años 1969 y 1970 son el punto álgido de la organización. Es reconocida como la vanguardia del movimiento, y comienzan a surgir organizaciones construidas a su imagen y semejanza: los «Young Lords» (portorriqueños), «Brown Berets» (chicanos), «Red Guards» (chinos), Young Patriots (blancos de los Apalaches). Juntos forman una «Rainbow Coalition» (Coalición Arcoiris), en la que se enfatiza que «el racismo proviene de la cuestión de clase»66. Se organizan los «National Committees to Combat Fascism» (NCCF, Comités Nacionales para Combatir al Fascismo), células multirraciales dirigidas por el Partido Pantera Negra. El Partido busca ser la vanguardia a todos los niveles y en todas las cuestiones, desde la revolución proletaria a los programas comunitarios, desde la cuestión racial hasta la cuestión de género, desde la lucha de los estudiantes al movimiento antimperialista67.

En julio de 1969 se organiza en Argelia el Festival Cultural Pan-Africano. Los argelinos invitan a todos los países africanos, incluyendo aquellos que todavía no han terminado su proceso de liberación nacional, y a representantes de otros países en lucha contra el imperialismo; entre ellos incluyen una invitación a un contingente negro de los EE.UU., en el que están varios dirigentes de los Panteras Negras68. Durante el festival el gobierno argelino organiza múltiples reuniones entre los Panteras y representantes de otros países, para discutir posibles oportunidades de cooperación y solidaridad internacionalista: Vietnam del Norte, Mozambique, Haití, Angola, la República Democrática Popular de Corea, Palestina, etc. En un momento particularmente emotivo un representante de Vietnam sube al escenario con un Pantera y grita a una sala llena de delegados antimperialistas: «¡Vosotros sois Panteras Negras! ¡Nosotros somos Panteras Amarillas!»69.

Argelia permite a los Cleaver, exiliados de EE.UU., quedarse en el país. Primero a título personal, y después como representantes oficiales del Partido con una Embajada a su disposición. Se suceden las giras internacionales por Europa, Corea, China, Vietnam. Cleaver se dirige a los soldados estadounidenses desde la radio «Voz de Vietnam» en Hanoi, animándoles a unirse a la Lucha de Liberación Negra70.

Los principales dirigentes revolucionarios del mundo tratan a los Panteras como el futuro núcleo de un gobierno aliado en los EE.UU., y se planean peticiones conjuntas ante la ONU para un futuro referéndum de autodeterminación de la nación negra71. Se enfatizan los paralelismos con otros movimientos revolucionarios: todas las revoluciones anticoloniales empiezan de forma pacífica, y todas llegan a un punto de ruptura con el movimiento reformista no violento; la dialéctica entre raza, nación y clase inspirada por Fanon72; la prisión como incubadora de futuros dirigentes (o ministros)73.

Parece que la estela de los Panteras Negras sigue su ascenso imparable: la represión no sólo no les destruye sino que les refuerza, y cada vez tienen más apoyos. Sin embargo están a punto de aterrizar abruptamente.

Concesiones, escisión y colapso

El éxito de los Panteras Negras dependía en gran medida del apoyo de tres grupos bien diferenciados: la comunidad negra, la izquierda radical contraria a la guerra de Vietnam y los gobiernos revolucionarios extranjeros

Empezando en 1969, pero sobre todo en 1970, el Estado da pasos de gigante para acabar con el apoyo de los tres grupos. Se crean programas de ayuda económica para la comunidad negra, de acceso al trabajo público, a la educación superior y a los puestos de poder político a todos los niveles. Desde 1877 no más de seis personas negras habían sido elegidas para el Congreso. En 1971 ya se ha doblado ese número, que vuelve a doblarse antes de los 80 y se dobla de nuevo hasta nuestros días74. También se copian muchos de los programas comunitarios de los Panteras Negras, o se aceptan algunas de las peticiones más reformistas que habían movilizado a grandes multitudes como una mayor representación de la historia y cultura negras en los programas educativos. La posibilidad para la existencia de una «clase media» negra hace mucho por eliminar apoyos a los Panteras Negras.

Nixon comienza a reducir de forma dramática la presencia norteamericana en Vietnam. A finales de los 60 la presencia militar en Vietnam era de casi medio millón de soldados, y 225.000 nuevos reclutas eran llamados a filas. Pocos años después, en 1971, esos números ya habían bajado a 160.000 y 95.000 respectivamente75. Una vez que la amenaza de tener que servir se ve reducida, la movilización en la izquierda radical disminuye notablemente. De un punto álgido en el que había llegado a suponer un verdadero quebradero de cabeza para el gobierno de EE.UU., sumado a la lucha heroica del pueblo vietnamita, la intensidad comienza a decrecer gradualmente con cada paso conciliador que da el Estado. Los padres de los jóvenes con posibilidades de morir en Vietnam pasan de apoyar tímidamente a la Nueva Izquierda a ridiculizarla abiertamente. El giro en algunas publicaciones de gran relevancia, como el «New Yorker», es notable, y sus artículos hacen mucho para desprestigiar al Partido entre ciertos sectores76.

Finalmente se produce un giro brusco en las relaciones internacionales de los EE.UU. Se acercan posturas con China, que pasa de acusar a los norteamericanos de ser su «enemigo mortal» a invitar a Nixon a reunirse con Mao. Con Argelia, que acaba expulsando a los Panteras Negras en 197277. Incluso Cuba da pasos atrás, y aunque no expulsa a ningún exiliado se niega a instruir militarmente a los Panteras Negras como había prometido anteriormente78. Puestos ante la elección de rebajar tensiones con su principal enemigo o apoyar a un grupo revolucionario todavía sin posibilidades reales de victoria inminente la inmensa mayoría de gobiernos eligen la primera opción.

Huey Newton sale de la cárcel bajo fianza en agosto de 1970. Muchos confían en él para dirigir el Partido hacia éxitos todavía mayores, aunque la realidad es que el Partido se ha convertido en lo que es bajo la dirección de otras personas. Después de comprobar cómo sus apoyos nacionales e internacionales no tienen una base sólida y de ver la implacable represión del Estado, Huey propone una «retirada estratégica»79: se debe rebajar el énfasis en la lucha armada y la revolución inmediata, ya que según él una revolución en los EE.UU. sin el apoyo de una parte considerable de la población blanca es imposible. El foco de atención deben de ser los programas comunitarios y, a partir de ahora, la política electoral. El ala más «militarista», encabezada por Cleaver en el exilio, se opone frontalmente a este giro. La disciplina interna empieza a tambalearse, y en enero de 1971 el grupo de Nueva York publica una carta en la que acusa de forma poco sutil al grupo de Newton y Hilliard de reformistas y traidores80. El 26 de febrero Newton y Cleaver, vía satélite, se enfrentan en directo por TV. Al terminar el programa Newton expulsa fulminantemente a Cleaver y a su grupo del Partido, y le amenaza con «escribir a los argelinos, a los chinos y a los coreanos para que te echen de tu embajada y te metan en la cárcel»81.

El conflicto interno ya está fuera de todo control. En abril un grupo de Nueva York asesina a un Pantera de L.A. alineado con Newton de visita en Nueva York82. Cuando se conocen los hechos entre un 30% y un 40% del Partido se da de baja83. El Comité del Congreso para la Seguridad Interna ya asegura, en agosto de 1971, que «el Partido Pantera Negra, como organización nacional, está cerca de la desintegración … los días en los que tenía algún tipo de influencia sobre la comunidad negra han acabado»84. El propio Estado parece sorprendido de la velocidad del colapso, y ellos mismos señalan que apenas un año antes todavía eran un enemigo aparentemente formidable. Newton comenta en privado que «el Partido ya no existe»85. A principios de 1972 se hace un último intento para conseguir poder institucional en Oakland con una campaña para la alcaldía. Se pierde por la mínima86. En julio Newton hace un llamamiento para un repliegue nacional, ordenando cerrar todas las sedes menos la de Oakland y la «repatriación» de toda la militancia y efectivos al cuartel general. La idea es construir una verdadera «base roja» imponente, que luego poder replicar por el resto del país. Sin embargo la mayoría de militantes deciden abandonar la organización antes de cumplir sus órdenes87.

El Partido Pantera Negra ya no existe como organización nacional. Tendrá un breve renacer como partido reformista y electoral a mediados de los años 70 en Oakland, bajo el liderazgo de Elaine Brown y con Newton en el exilio. Sin embargo su papel como organización revolucionaria es cosa del pasado, y en este sentido no son muy diferentes de otras tantas organizaciones que existen casi en cada ciudad importante. Su declive gradual se intensifica con la vuelta de Newton en 1977, cerrando su última oficina en la ciudad que les vio nacer en 1982.

Balance y Conclusión

«Se me ocurre que cuando gente tan inteligente, dedicada y heroica como Lenin, Mao, Fidel Castro, Daniel Ortega, Ho Chi Minh y Robert Mugabe —y los millones que heroicamente les siguieron y lucharon con ellos— terminan todos sin excepción más o menos en el mismo sitio, entonces nos estamos enfrentando a algo más fundamental que quién tomó qué decisión en qué reunión»

Tony Febbo, citado por Michael Parenti en «Blackshirts and Reds: Rational Fascism and the Overthrow of Communism»

Coyuntura nacional e internacional

El Partido Pantera Negra no es el único en desaparecer en los años 70. Quizás su caída sea más espectacular por su rapidez y la altura desde la que comienza, pero todas las organizaciones revolucionarias de los EE.UU. entraron en declive más o menos al mismo tiempo.88 A nivel internacional esa década es igualmente una de retroceso en todos los frentes. Los realineamientos estratégicos que hemos comentado antes son el preludio de la consolidación del neocolonialismo y ahondan en la fractura y debilitamiento del bloque socialista. Anticipan el colapso absoluto de la década de los 80 y el principio de la llamada «globalización» y el mundo básicamente unipolar que todavía es el nuestro.

Esto por supuesto no nos exime de un análisis concreto de la experiencia de los Panteras Negras, pero como decía Marx «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente…»89. Es posible que existiese una manera de haber reconducido la situación a un fin más provechoso para los oprimidos del mundo, pero tendría que haberse encontrado remando en contra de una tendencia a nivel mundial formidable.

De igual modo el ascenso de los Panteras en los años 60 responde en parte a una coyuntura nacional absolutamente excepcional. Una tormenta perfecta de gran movilización política por los derechos civiles, una oposición creciente, mayoritaria y multirracial a una guerra con reclutamiento forzoso y la exclusión política y económica de una parte importante de la población. Como dice Bloom90, la política revolucionaria que representan los Panteras Negras nunca consiguió ser un proyecto viable antes de la década de los 60, y nunca lo ha vuelto a ser desde entonces.

Análisis de clase y de la coyuntura política

La postura de los Panteras Negras en relación a la cuestión de raza, de clase y nacional no es monolítica. Sufre grandes transformaciones a lo largo de los 6 años escasos que cubre este estudio, por lo que sería poco productivo obviar este hecho.

Podemos describir sus posturas iniciales como una actualización del nacionalismo negro enormemente influenciada por autores como Malcolm X, Robert F. Williams o Frantz Fanon91. La formación marxista de Newton y Seale puede apreciarse en referencias a la necesidad de socializar los «medios de producción», pero el foco de su atención está en la cuestión de la raza y la nación. El sujeto revolucionario es el hombre negro (en sus primeros momentos hombre en masculino, no como ser humano)92 del gueto, que vive oprimido en una situación de ocupación nacional. La petición por la autodeterminación y el derecho a la tierra aparece explícitamente en el «Programa de 10 Puntos», pero el mecanismo específico para conseguir este objetivo no es explícito. En cualquier caso la actividad política se centra completamente en las necesidades inmediatas y la organización de la población negra en los núcleos urbanos. Esto les acerca a los últimos avances en el movimiento «Black Power», a las teorías de Grace y James Bogg, o a la práctica real de Malcolm X.

La experiencia política, los contactos con otras organizaciones más explícitamente comunistas y la influencia de las alianzas políticas provoca un acercamiento hacia posiciones más clásicas del marxismo-leninismo. Se rechaza el nacionalismo «cultural» o identitario como reaccionario y chovinista93, al igual que todo tratamiento de la cuestión de raza separado de la cuestión de clase 94; el socialismo se ve como la solución a la cuestión nacional, de clase y raza; se amplía el campo de visión, y se ve el paralelismo entre la lucha de la nación negra en los EE.UU. y la lucha anticolonial y antimperialista en el resto del mundo. En 1969, en una carta a Williams95, Newton ya defiende la imposibilidad de una liberación real de la nación negra sin la derrota del imperialismo en todo el mundo. En los EE.UU. esto debe hacerse a través de una unión de todos los oprimidos (incluyendo a los blancos), en una lucha por el socialismo y por la derrota de la «estructura de opresión en América». Aquí ya confluyen casi completamente con las posiciones clásicas del CPUSA y la Internacional Comunista hasta el fin del «Tercer Periodo», con la diferencia de que se sigue prefiriendo la acción en los centros urbanos y el gueto96. Aunque reconoce el «valor psicológico» de una lucha directa por la tierra, Newton cree que la posición de los negros en el corazón industrial y económico del país es «privilegiada» para su acción revolucionaria, a pesar de que la mayoría de la población negra todavía viva en el Sur. En este sentido concuerda completamente con el análisis de los Bogg97, y es cierto que es más fácil de concebir una revolución que se haga fuerte en esos núcleos y luego se extienda al resto del país que el escenario inverso. El éxito relativo del Partido Pantera Negra y el fracaso casi completo de la «Republic of New Afrika» (RNA, República de Nueva Áfrika), con la estrategia opuesta, parece confirmar este análisis.

Las desviaciones iniciales más flagrantes en la cuestión de género se corrigen progresivamente gracias a la experiencia, la lucha de las mujeres dentro de la organización y también la represión política más extrema y las purgas, que afectan sobre todo a los hombres. Las mujeres pronto son la mayoría dentro de la organización y están a cargo del funcionamiento diario de la mayoría de las actividades, aunque nunca llegarán a copar los puestos de dirección o las responsabilidades militares. En cualquier caso la postura del Partido es de las más avanzadas para su época. Cabe señalar el tratamiento explícito a cuestiones como la homofobia o el lenguaje «sexista», que incluso hoy en día suelen ser despreciadas por «posmodernas» o menores. Las Panteras Negras encontraron la manera de incorporarlas a su práctica en medio de una campaña brutal de represión y con sus líderes más importantes en la cárcel o el exilio98.

A partir de 1970 y 1971 la separación de posiciones nacionalistas es cada vez más marcada. En un primer momento, en la fase llamada «internacionalista revolucionaria», lleva a un internacionalismo muy marcado, a ver a los EE.UU. como una prisión de naciones y a la centralidad del carácter global del movimiento de liberación. Sin embargo rápidamente se pasa una última fase, el «intercomunalismo revolucionario», que sostiene la caducidad del estado-nación (y por lo tanto las luchas de liberación nacional con ese objetivo) en un mundo controlado completamente por el imperialismo norteamericano en el que sólo los estados imperiales pueden ser realmente independientes99. Creemos que esta última fase es marcadamente idealista e izquierdista, y seguramente refleja el comienzo de la decadencia del Partido como organización revolucionaria.

La contradicción entre reformismo y revolución

La contradicción interna fundamental que acabó superando a los Panteras Negras no es exclusiva a su organización. Es de hecho la contradicción fundamental que ha perseguido a todas las organizaciones revolucionarias en los centros imperialistas: reforma o revolución. En este caso en concreto, la forma que adopta esta contradicción es la tensión entre una práctica pseudo-insurreccional de autodefensa armada, por una parte, y otra de trabajo comunitario, legal y de presión a las instituciones. El llamamiento a la autodefensa armada es fundamental en el éxito inicial del Partido, como lo es la decisión de Newton de no pasar a la clandestinidad una vez que se ilegaliza su principal modo de agitación armada. En este sentido creemos que el análisis de los Panteras Negras, inicialmente, es el correcto, y las acusaciones que reciben de «aventurismo ultraizquierdista» fueron incapaces de ver el potencial explosivo de su línea política. Sin embargo es muy complicado mantener una práctica coherente con esas líneas divergentes, y el Partido se vio obligado a navegar un curso muy precario entre los dos abismos de una guerra abierta y total contra el Estado y la participación completa en la política reformista y socialdemócrata por el poder institucional.

Como dice Bloom, «la capacidad del Partido de sostener su reto insurgente dependía de su capacidad de mantenerse mayormente dentro de la legalidad a pesar de la resistencia armada de sus militantes. Los Panteras que participaban en acciones insurgentes no podían participar en los programas comunitarios, producir o distribuir el periódico del Partido, participar abiertamente en frentes locales, cooperar con sus aliados, recaudar fondos, vivir o trabajar en lugares conocidos públicamente o participar en manifestaciones. Si el Partido hubiese elegido organizar y dirigir una insurrección armada, en vez de simplemente defenderla en la teoría, el Estado lo habría aplastado rápidamente»100.

Mientras la situación objetiva es propicia el Partido parece ser capaz de contener esta tensión y crecer constantemente de manera cuantitativa y cualitativa. Sin embargo cada vez está más claro que la insurrección armada se convierte poco a poco en un recurso retórico, mientras que el peso real del Partido está en sus políticas comunitarias, sus alianzas políticas y su influencia en el movimiento radical. Aquí sigue vigente un debate casi tan viejo como el marxismo: ¿en qué medida puede ser «revolucionaria» una práctica que es difícil distinguir del reformismo? Rosa Luxemburgo, contra Bernstein, defendía hace más de 100 años que aunque la práctica socialdemócrata (revolucionaria) fuese común al «revisionismo» lo que la hacía revolucionaria era el no olvidar que el objetivo, y no el movimiento, lo es todo101. Creemos que esta disociación de práctica y objetivo no se puede sostener indefinidamente, como acabó descubriendo la propia Luxemburgo, y que lo que precisamente dio carta de naturaleza revolucionaria al Partido Pantera Negra fue esa ruptura con la práctica no violenta anterior a partir de un análisis concreto magistral de una coyuntura muy precisa102.

En el momento en el que se hace aparentemente imposible engarzar esas dos líneas, el dar un sentido revolucionario a la reforma y una base de masas (basada en el trabajo comunitario) a la práctica revolucionaria, todo salta por los aires. La línea militarista cae en el aventurismo ultraizquierdista que predecía el RAM103, y sin apenas ningún apoyo social y un número limitadísimo de militantes es aplastada por el Estado. El «Black Liberation Army» (BLA, Ejército de Liberación Negro), heredero de esta corriente dentro del Partido Pantera Negra, muere todavía antes que su organización madre y su impacto social es mínimo. La línea mayoritaria del Partido, que se vuelca en el trabajo comunitario y el electoralismo, amortiza muy rápidamente el respeto que todavía infunde su nombre. En pocos años es indistinguible de otras tantas organizaciones reformistas, y es la enésima demostración de los límites absolutos del reformismo en un centro imperialista.

Si en algún momento hubo una salida organizativa a este impasse seguramente sea el que señala Sundiata Acoli104 al reflexionar sobre lo que considera el «mayor error estructural del PPN»: llegado a un punto de desarrollo del Partido debería haber existido una separación clara entre el trabajo «legal» e «ilegal». Esto podría haber evitado riesgos extremos para la militancia, el asedio constante de sus oficinas, y el callejón sin salida de tener que defender con las armas posiciones estacionarias frente a fuerzas que en ese momento eran literalmente invencibles. También habría dado más libertad tanto a las actividades «ilegales» que se decidiesen realizar, seguramente en función de la base social relativa en cada momento, como a las «legales». En el segundo caso cabe señalar el ejemplo de la «League of Revolutionary Black Workers» (LRBW, Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios), que implementaron el trabajo de organización realmente proletaria entre la población negra más avanzado que ha habido en los EE.UU. Aunque el potencial del llamado «lumpenproletariado» negro era real, es aparentemente cierto que el Partido Pantera Negra desatendió relativamente a los proletarios propiamente dichos en los centros industriales. No vemos ningún motivo para que la parte «legal» de una organización revolucionaria no hubiese podido combinar el trabajo comunitario en los barrios con la concienciación y organización proletaria al modo de la LRBW105, uniéndolo así a su gran influencia entre el gueto y los estudiantes de extracción más pequeñoburguesa que componían la mayoría de su militancia.

La experiencia de los Panteras Negras también muestra de forma muy clara, al ser un proceso con un alto grado de desarrollo, la dialéctica tan compleja que existe entre las reformas exitosas y la presión revolucionaria en un país imperialista. Uno de los factores fundamentales en el declive del Partido fue la erosión de su base social debido a las concesiones del Estado. Este tipo de flexibilidad a la hora de redistribuir grandes cantidades de dinero o permitir el acceso al poder institucional de algunos colectivos sólo suele existir en un centro imperialista, ya que esto no cuestiona el pilar básico del capitalismo, pero igualmente sólo se consigue después de una presión extrema por parte de grandes capas de la sociedad y el heroísmo de una minoría que entrega su vida a la causa revolucionaria. En ese sentido existe la triste paradoja de que el triunfo parcial de una organización revolucionaria desemboca en una serie de concesiones para su clase que acaban por disminuir considerablemente su razón de ser a ojos de una gran mayoría. Es posible que la auténtica salida a esta problemática sólo se dé cuando coincidan en el tiempo una organización revolucionaria forjada en la lucha y una situación social que impida a las clases dominantes apaciguar a sus base social con concesiones a sus peticiones más urgentes. Como decía Lenin: «Para que estalle la revolución no suele bastar con que “los de abajo no quieran”, sino que hace falta, además, que “los de arriba no puedan” seguir viviendo como hasta entonces»106. Las lecciones de carácter universal a este problema, el de la revolución en el corazón del imperio, tendrán que darse en cualquier caso en una revolución de significación histórica en ese corazón del imperio, y no en una aportación teórica al análisis de ese problema.

Organización y línea de masas

La compartimentalización de un Partido separando su actividad «legal» e «ilegal» no es una idea nueva. De nuevo, Lenin ya defendía hace mucho tiempo que ambos tipos de trabajo eran necesarios, pero que no se podían mezclar sin control debido a la más que probable represión, y que el núcleo organizativo debía ser el Partido «ilegal» rodeado de la mayor cantidad posible de frentes «legales»107. Si el golpe genial de los Panteras en un principio fue el realizar una actividad a todos los efectos «ilegal» de forma abierta, el sostener que los jóvenes marginados del gueto podían convertirse en una fuerza formidable a través de la resistencia armada contra el Estado108, quizás el error más grave fue el no separar esta actividad de su trabajo comunitario y «legal» en el momento adecuado. Dados los cambios en la composición social del país una separación controlada que diese lugar a una organización de cuadros marxista-leninista al mando de un ejército popular como el «Black Liberation Army», rodeada de un trabajo comunitario extenso en barrios y fábricas que se nutriese de la gran experiencia del Partido, podría haber sido una salida posible a nivel organizativo. Al darse más tarde en forma de escisión violenta y descontrolada llevó al caos y la desintegración efectiva de ambas líneas.

Otros posibles errores organizativos incluyen cuestiones que también se repiten en muchas experiencias anteriores. La tendencia al personalismo y al centralismo sobre el liderazgo colectivo y la democracia interna, por ejemplo, puede ser comprensible ante un asalto brutal por parte del Estado y un crecimiento explosivo que impide la formación cuidadosa de cuadros. Pero igualmente supone una debilidad objetiva que puede acabar siendo particularmente grave cuando es necesaria una reorganización de la línea política enquistada en una aparente guerra entre dos facciones representadas por las mayores figuras del Partido (como Newton y Cleaver). Un conflicto al más alto nivel y órdenes poco justificables, como el repliegue nacional en 1972, llevan al abandono de gran parte de la militancia en vez de a un cuestionamiento interno por los cauces apropiados de esas decisiones. El Partido Pantera Negra, hasta donde sabemos, no tenía Congresos de toda la organización donde se decidiese la línea política de manera colectiva con base en la experiencia previa de toda la militancia. Los puestos de dirección se ocupaban principalmente por cooptación, y la estrategia se definía desde el Comité Central y la Dirección Nacional en Oakland. De nuevo señalamos que ya existían precedentes en la tradición comunista para superar este modelo, aunque el respeto a esas posiciones más ortodoxas no libró al resto de organizaciones (o al Nuevo Movimiento Comunista en los 70) de acabar desintegrándose de forma similar.

Desde sus primeros momentos los Panteras Negran asumen una línea organizativa que excluye a las personas no negras del Partido. En este sentido, como en otros, son «herederos de Malcolm X». La motivación histórica de está clara: aunque algunas organizaciones en los EE.UU., como el CPUSA, habían hecho avances verdaderamente significativos por la lucha contra el racismo dentro y fuera de sus filas, otras muchas habían hecho un seguidismo lamentable del racismo dominante en la sociedad. No era extraño ver a partidos apoyar cuotas de inmigración o sindicatos exclusivamente blancos, lo que normalmente conducía a un apoyo bajísimo entre la población no negra. Hartos de buscar una solución abstracta e inmediata al problema racial mediante la unidad de clase, que al final tampoco se llegaba a dar, algunos colectivos deciden que para llegar a una verdadera unidad primero es necesaria una separación. La colaboración estrecha entre grupos no-mixtos en la cuestión de raza (Panteras Negras, Young Lords, Red Guards, etc.) permite una lucha efectiva y una elevación de la conciencia generalizada, lo que acaba llevando a frentes mixtos (Rainbow Coalition, NCCF) que podrían haber sido el paso previo a un partido revolucionario en donde, ahora sí, la única línea divisoria sea la de la adhesión a una línea política acordada colectivamente109. La decisión de formar organizaciones no-mixtas debe basarse en un análisis concreto, tan poco sentido tiene el recomendar esto de forma general como hacer lo contrario. Aún así creemos que la experiencia estudiada en este trabajo sí demuestra la universalidad del proceso de unión y lucha como mecanismo para dar pasos reales hacia la superación de las divisiones dentro de la clase trabajadora, al menos en lo que a la organización efectiva de vanguardia se refiere. No tanto como un proyecto consciente que haya que seguir mecánicamente en toda situación, repetimos, sino como una dialéctica objetiva que opera en ciertas situaciones más allá de los deseos particulares de las partes involucradas.

Los Panteras Negras también encarnan como pocas organizaciones la unión de la teoría revolucionaria110 con una práctica real y de masas. Mantienen durante varios años un núcleo teórico relativamente sólido (y de enorme y creciente influencia marxista), pero son capaces de desarrollarlo de manera creativa a partir de un análisis concreto de una coyuntura histórica excepcional. En este sentido continúan la mejor tradición de la dialéctica de la continuidad y la ruptura que es la seña de identidad del avance histórico en el movimiento comunista111.

Su trabajo comunitario es absolutamente excepcional, y recoge lo mejor de la «línea de masas» maoísta. La identificación y solución de los problemas reales de la comunidad exige disciplina y esfuerzo, consigue respeto y apoyo social y además supone una mejora cualitativa de la vida de la propia clase. Todo esto es fundamental para una organización revolucionaria. También permite identificar las cuestiones concretas que van a ser capaces de movilizar a una mayoría, y en esa ventaja en el análisis concreto de una situación concreta puede estar la diferencia crucial. Ya desde el principio de su ascenso político las críticas de Newton a otras organizaciones por ser «revolucionarios de salón» son constantes112. Aunque él encarna una mezcla poco común entre capacidad teórica y «experiencia en la calle» sabe perfectamente inculcar la necesidad de trabajar pegados al barrio a todos los militantes. Como decía Ella Baker, en una de tantas prefiguraciones del espíritu maoísta, lo fundamental es la capacidad de trabajar a partir de las necesidades concretas de las masas y su nivel de conciencia dado113, precisamente para no quedarse ahí. La superación de la contradicción inmanente entre el interés inmediato y la revolución socialista es una de las más difíciles de superar114, pero todo proyecto revolucionario exitoso ha sabido superar esa contradicción objetiva en una serie de mediaciones que comenzando por la organización de una minoría (pues no hay otra manera de comenzar) alrededor de un programa político es capaz de mostrar a la mayoría la relación entre su situación y la coyuntura histórica y política más general. El valor de la línea de masas no reside únicamente en su capacidad de resolver problemas inmediatos, sino en su capacidad de iluminar cuáles pueden ser precisamente esos pasos, esas mediaciones, que pueden llevar de la carencia inmediata a la revolución histórica. Toda organización que ha ignorado esta cuestión nunca ha sido capaz de pasar de las primeras etapas de de desarrollo político, por muy valiosos, formados y entregados que hayan sido sus cuadros.

Finalmente el uso inteligente de los medios de comunicación y el cuidado exquisito de la imagen y el diseño son dignos de estudiar. En una sociedad atravesada por la lógica del espectáculo estas cuestiones tienen una importancia nada despreciable. Las imágenes de los Panteras Negras, desde sus uniformes a sus carteles, tiene tal fuerza que todavía a día de hoy se sigue compartiendo y admirando aunque ya existen totalmente desconectadas del contexto político que les daba sentido. Un aspecto importante de la calidad del trabajo de agitación y propaganda de los Panteras es la profesionalización: desde los inicios de la organización hay una especialización, una separación de tareas. Aunque todo cuadro debe ser capaz de cumplir las funciones que sean necesarias es imposible dominar todos los aspectos de la militancia con la misma destreza. En el caso del diseño y el grafismo la figura de Emory Douglas, Ministro de Cultura desde 1967 hasta el fin del Partido, es determinante. Su capacidad de mostrar las preocupaciones del momento desde una óptica revolucionaria con un estilo distintivo y atractivo debería ser estudiada por cualquier organización comunista. La estudia, por cierto, la clase dominante, que todavía a día de hoy expone sus obras en algunos museos de prestigio.

La experiencia de los Panteras Negras es una de las más ricas y avanzadas dentro de las luchas revolucionarias de los centros imperialistas en la segunda mitad del siglo XX. Su historia es nuestra historia, al igual que lo son sus fracasos y sus victorias. Demuestran que es posible plantar cara incluso en el propio corazón del imperio, los Estados Unidos, y que las dificultades objetivas para asaltar los cielos en su muralla mejor defendida generan sin duda una tendencia histórica que invita al pesimismo pero no tienen por qué suponer un destino inamovible. Como decían los propios Panteras Negras la mejor ayuda a la revolución proletaria mundial es la revolución que se hace en casa115. Mientras hagamos caso a esa llamada y aprendamos de su experiencia su sacrificio y sus muertos, que también son los nuestros, no será en vano.