El derecho al cinismo

2019-10-15T23:14:36+02:0021 de noviembre, 2012|Opinión|

El derecho al Cinismo existe durante todo el año y se ejerce sin medida, por patronal, empresarios y trabajadores desclasados, timoratos

Fue la Huelga General. Como tantas otras personas, yo la secundé. A pesar de las presiones de mi empresa. Primero fueron comentarios mordaces, luego llamadas al orden y ruegos, más tarde advertencias veladas y por fin amenazas directas. Si tenía algunas dudas acerca de mi participación en el paro general, éstas se evaporaron cuando mi jefe dijo: “Tú sabrás lo que haces y las consecuencias”. Efectivamente, me dije. Sé perfectamente lo que hago. Y las consecuencias. Así que en la madrugada del día 14 fui a los piquetes. Presencié las detenciones de dos amigos, a uno de los cuales golpearon con saña, ya esposado y antes de meterle en el furgón. Fui testigo de la violencia y el sadismo de la policía. Vi la indiferencia de algunos trabajadores, la rabia de otros. Sentí odio por los antidisturbios y asco por los esquiroles. Por la tarde, vi como los maderos le pegaban una paliza a un compañero. Le enviaron al hospital. Participé en una manifestación multitudinaria; unas 35.000 personas, según nuestra querida Cristi Nazifuentes. La marcha terminó en graves disturbios (lo que me provocó una malsana alegría). Por la noche, soltaron a mis compañeros detenidos, acusados de hechos que no habían cometido. Fueron recibidos entre aplausos frente a los calabozos de Moratalaz. Al día siguiente, acudí a mi puesto de trabajo.

Multitud de esquiroles se escudan, a la hora de no hacer huelga, en un hipotético “derecho al trabajo”. Este “derecho”, al parecer, está en un artículo de la Constitución del Reino. Por lo que he oído, está en una parte muy importante, algo llamado “derechos fundamentales”. El supuesto derecho, sin embargo, existe sólo durante las huelgas; el resto del año, ni está, ni se le espera. Más de cinco millones de trabajadores condenados al desempleo saben de lo que hablo. La Constitución del Reino, asimismo, contempla el derecho a huelga, también en la parte fundamentalista esa. Se diferencia del anterior en que no existe ni siquiera en los días de huelga. Es prácticamente imposible de hallar. Ejercerlo puede suponer, en un sorprendente número de casos, el despido fulminante. En el resto de situaciones basta con la amenaza, más o menos directa, de no renovar el contrato, de molestar a los jefes, de retratarse como un radical de izquierdas, como un sindicalista parásito o como una variada mezcla de todo lo anterior.

Los esquiroles suelen argumentar, en línea con la patronal, una supuesta neutralidad, en la cual estos extraños derechos son efectivos. Los piquetes, según este razonamiento, vendrían a imponer por la fuerza las huelgas, violentando a los honrados y sacrificados trabajadores. Ejercen, estos traidores, un derecho que pese a no venir contemplado en norma alguna, es omnipresente: el derecho al Cinismo. Son cínicos los que no quieren ver que, si hay piquetes coactivos, éstos son los del patrón. Antes de la huelga, mediante la consabida frase de “tú sabrás lo que haces”. Durante la misma, cuando la policía practica detenciones y propina palizas y el sistema judicial se pone en marcha para encarcelar a los huelguistas. Y después de la huelga, cuando vienen las “consecuencias” advertidas previamente por el empresario, que pueden revestir una abundante variedad de matices y supuestos. El derecho al Cinismo existe durante todo el año y se ejerce sin medida, por patronal, empresarios y trabajadores desclasados, timoratos y serviles.

No hay neutralidad en las huelgas. No hay derecho al trabajo, ni derecho a huelga, ni demás zarandajas del estilo. A mí, a trabajar me obligan; a hacer huelga, me obligo yo misma. Aquí lo que hay es lucha de clases. Y por lo que parece, vamos perdiendo. Por eso secundé la huelga del 14N; por eso trabajaré para organizar la siguiente, y la siguiente, y la siguiente, y así hasta acabar con el depredador sistema capitalista, y con el Reino, y los empresarios y los esquiroles. Porque vamos perdiendo. De momento, gana el cinismo.

Y eso tiene que cambiar.

Por Raquel Gómez, militante de Iniciativa Comunista