En la actualidad el movimiento estudiantil del estado español se enfrenta a varios desafíos, insertos en la lógica general de mercantilización y privatización de los servicios públicos de los que el sistema educativo forma parte.
Por una parte, en lo que a enseñanza primaria y secundaria se refiere, nos encontramos, amparados en el marco de referencia de la Ley Orgánica de Educación del PSOE, en un progresivo desvío de fondos desde la enseñanza pública a la concertada, donde la Iglesia Católica (que mantiene una presencia curricular de obligado ofrecimiento para todos los centros de financiación estatal) tiene un peso importantísimo. No se afrontan los problemas de masificación o de tratamiento específico para aquellos estudiantes que lo necesitan y se mantiene al margen del día a día del centro a alumnos/as y padres y madres. Todo ello responde a la estrategia de desprestigio de lo público (semejante a la llevada a cabo en la sanidad) que facilite el escenario para una futura privatización de la enseñanza.
Es imperativo estructurar una respuesta que defienda la desaparición total de la religión de las aulas, el fin de los conciertos, el aumento de recursos para la enseñanza pública y la democratización de los centros de enseñanza.
En la Universidad, por su parte, se está llevando a cabo la implementación de una reforma a nivel europeo (el llamado proceso de Bolonia) que, pese a no depender formalmente de la UE, está perfectamente integrada en el proyecto imperialista de la Europa superpotencia. La apertura desvergonzada de las instituciones públicas de enseñanza superior al sector privado, que pasará a tener un papel destaca en la financiación y decidirá programas y contenidos, la segmentación de la universidad en un primer nivel de contenidos generalistas orientados a la consecución de una mano de obra móvil y adaptable (los grados) y un segundo, sólo accesible para una élite económica, que será el que aporte los conocimientos propios de cada disciplina (los posgrados), estos últimos financiados no con becas sino con préstamos bancarios a los/as estudiantes, da una idea de la inserción de la universidad en el ámbito puramente mercantil y de negocio privado, alejándola cada vez más de la generación de pensamiento crítico y satisfacción de las necesidades sociales. Esta reforma se inició en el Estado Español con la LOU del PP en 2001 y fue ratificada en la modificación legal que realizó el PSOE en 2005.
Nosotros/as defendemos una universidad pública, gratuita y científica, orientada a las necesidades populares. Para ello exigimos la inmediata derogación de la LOU y sus decretos de desarrollo, con la consiguiente paralización del proceso de Bolonia, la congelación de las tasas universitarias, el incremento del dinero público destinado a becas (que nunca pueden ser préstamos) y la eliminación de todas las normas que imponen la obligación de haber cursado un posgrado para el ejercicio de una profesión determinada (abogacía, enseñanza, psicología clínica, etc.)
Apostamos por un movimiento estudiantil en la universidad asambleario, independiente y de base, que se fundamente en la participación directa de los estudiantes. Es necesario fomentar y fortalecer las asambleas existentes en el cada vez más poderoso movimiento contra el proceso de Bolonia, estructurar mecanismos para su coordinación y ampliarlas hasta los/as estudiantes de enseñanza secundaria, combinando la lucha reivindicativa con la presencia en los órganos de representación de la universidad, entendido esto último como un medio y con el fin de utilizarlos como altavoz de las reivindicaciones de los/as estudiantes. Entendemos que es imperativo que las asambleas tengan un ámbito de coordinación eminentemente estatal, por ser este el carácter de las normas que aplican el proceso de Bolonia y creemos necesario trabajar por al celebración de un encuentro estudiantil estatal que tenga carácter constituyente, sin descartar la posibilidad de participar en estructuras de coordinación a nivel europeo en un siguiente nivel.
Defendemos, asimismo, la creación de colectivos políticos en las facultades, que tengan carácter independiente y que sirvan para aglutinar a los elementos más conscientes del movimiento estudiantil, con el objetivo de ir más allá de las reivindicaciones meramente sindicales y realizar un trabajo de construcción de ideología contrahegemónica en un ámbito tan capital para ello como la universidad. Estos colectivos servirían de punto de encuentro para los militantes de organizaciones antirrégimen en el seno de la universidad y tendrían un carácter esencialmente plural, que los haría un instrumento muy útil de cara a la construcción de futuros referentes unitarios para la izquierda antirrégimen. Es necesario articular, del mismo modo que con las asambleas, mecanismos de coordinación entre estos colectivos.
Entendemos el movimiento estudiantil como parte integrante esencial de un movimiento juvenil más amplio, que en el momento presente se articula fundamentalmente, ante las crisis generalizadas de los antiguos referentes políticos de la izquierda, en torno a colectivos barriales o centros sociales. Creemos que, pese al muy dispar nivel de conciencia política en el seno de este movimiento, es necesario que las organizaciones revolucionarias influyan en el mismo haciendo parte de sus actividades y reivindicaciones con el fin de incorporarlos a la construcción de un sujeto político autónomo de la izquierda real.








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