Nosotros/as, frente a los planteamientos y análisis revisionistas, nos reafirmamos en el carácter de la clase trabajadora como sujeto principal de la transformación revolucionaria de la sociedad hacia el socialismo a la que aspiramos. Una clase trabajadora que, en Europa y en el Estado Español, tiene algunos elementos nuevos y, por ello, precisa de nuevos análisis y nuevas propuestas. Pero que no ha perdido, bien al contrario, su carácter de clase explotada por los detentadores del poder capitalista. Incluso podemos afirmar que la desaparición del socialismo real en los países del Este, supuso no sólo un duro golpe para la clase trabajadora de aquellos países sino que, sobre todo, deja sin referente a los trabajadores/as de los países capitalistas y da inicio a una nueva época caracterizada por altos niveles de explotación y un fuerte ataque a las condiciones laborales y de vida de la clase obrera. Algunos de estos aspectos que debemos caracterizar bien para adecuar a ellos nuestras propuestas, son lo siguientes:
a) La actual clase trabajadora ya no tiene un carácter eminentemente industrial ni está formada, fundamentalmente, por obreros manuales. El sector servicios es el mayoritario y, en la mayoría de los casos, desempeña su trabajo en empresas pequeñas y medianas, muchas de ellas “desgajadas” (contratas y subcontratas) de grandes corporaciones empresariales. Lo que hace que los trabajadores/as tengan más difícil la unidad y las grandes movilizaciones y huelgas, dado que tampoco existen ya las grandes fábricas, y es parte del objetivo de la patronal de acabar con los convenios colectivos. La lucha de clases sigue siendo el motor de la Historia, donde la clase obrera, dirigida por su vanguardia, jugará un papel determinante en el derrocamiento de la monarquía, en la proclamación de la Tercera República y en la lucha por el socialismo.
b) La gran burguesía, bien consciente del peligro que supone que la mayoría de los capitales esté ligados a lo especulativo (generando fuertes beneficios pero que en absoluto están ligados a una producción real), ha iniciado un duro ataque a las condiciones laborales y sociales de los trabajadoes/as, con el fin de hacer “atractivo” el mercado ligado a la producción para el retorno de los capitales. Este proceso se caracteriza por las deslocalizaciones, las continuas reformas laborales, las privatizaciones, etc. Esta situación, unida a la propaganda sobre la derrota final del histórico “enemigo comunista”, está suponiendo un durísimo ataque hacia la clase trabajadora, sin precedentes cercanos y que deja también sin referente ni objetivos al modelo socialdemócrata.
c) En paralelo a esta situación, se viene dando un fuerte proceso de precarización de las condiciones laborales, con la práctica desaparición de los contratos “fijos” y la generalización de un tipo de contratación temporal, con condiciones laborales a la baja y salarios que no llegan a los mil euros, para más de la mitad de los trabajadores/as. Siendo esta una situación que afecta con especial intensidad a jóvenes, mujeres e inmigrantes.
d) Dentro de las nuevas formas de explotación, se ha generalizado la conversión obligada en “autónomos” de miles de trabajadores/as asalariados, teniendo que asumir riesgos empresariales que no les corresponden, estando obligados a poner sus propias herramientas de trabajo, siendo más prescindibles según las necesidades de la producción o sufriendo la extinción de la relación laboral a partir de una baja de enfermedad o situaciones por el estilo… Pensamos por ello que es un absoluto error el considerar a estos trabajadores/as como “pequeños empresarios”.
e) Otra forma nueva de explotación consiste en el auge de las retribuciones ligadas a la productividad, creando un sistema de retribuciones variables que presiona a la baja a los salarios y deshumaniza aún más las relaciones laborales.
f) Las consecuencias de estas nuevas y acentuadas formas de explotación son por todos/as conocidas: ataques a la jornada laboral (las 65 horas que ya establece la reciente directiva europea), ataques al sistema de jubilación (pretendiendo retrasar la edad de jubilación y “reformular” el cálculo de tal manera que suponga una bajada de las pensiones), la continua rebaja en las cuotas que las empresas deben pagar por los trabajadores/as (lo que supone o bien una pérdida de protección social o bien un aumento de la cuota a pagar por parte del trabajador, que redunda en la disminución real de su salario. Mención aparte dentro de esta situación merece el brutal y continuo incremento de los accidentes laborales, llegando a contabilizarse en el Estado Español más de mil muertes al año por esta razón. Ningún dato describe con mayor dureza brutalidad de una explotación capitalista que tiene en la acumulación de capital su única razón de ser, por encima de derechos sociales y laborales.
g) No es ajena a esta situación de precarización la existencia de una alto número de trabajadores/as de origen inmigrante, la mayor parte de ellos/as subcontratados, con condiciones laborales de pura y dura explotación, base del crecimiento económico del que tanto se alardeó en años recientes y previos a la actual situación de crisis económica. Crecimiento económico que en absoluto repercutió en la mejoría de las condiciones de vida de los trabajadores ni en la dotación educativa, sanitaria, social, etc de los barrios obreros. La burguesía ha sido capaz, durante esta última década de fuerte enriquecimiento, de dividir y enfrentar a la clase obrera, culpando a la llegada masiva de trabajadrores/as inmigrantes de la carencia de servicios existentes en los barrios y propiciando el enfrentamiento entre la clase obrera “nativa” y la clase obrera “extranjera”.
h) Durante estos últimos treinta años, en lo que se ha dado en llamar la “transición democrática”, los trabajadores/as han visto como los partidos de la izquierda “oficial” abandonaban cualquier tipo de reivindicación transformadora para, desde las instituciones, firmar abundantes acuerdos que, desde los Pactos de la Moncloa hasta las últimas reformas laborales, se ha ido traduciendo en una continua desregularización, a la baja, de sus condiciones laborales y en una pérdida de derechos y conquistas históricas. Fundamental en este proceso ha sido el papel de las grandes organizaciones sindicales (CC OO y UGT), cuyas direcciones no han dudado en traicionar a la clase plasmando su firma en todo tipo de acuerdos, convenios y reformas laborales que han ido socavando las conquistas sociales y laborales, a espaldas de los trabajadores/as.
i) Todo esta situación ha tenido como consecuencia el que hoy exista una clase trabajadora que soporta altos niveles de explotación y de pérdida de derechos sociales y laborales… ¡pero que, al mismo tiempo, no tiene conciencia de clase y ha perdido, en buena medida, la confianza en los aparatos tradicionales de la izquierda, bien sean partidos o sindicatos!. Ello no quiere decir que no se siga votando al PSOE o, en mucha menor medida, a IU (aunque se da un constante aumento de la abstención)… pero no porque exista una confianza en dichas organizaciones sino como una a modo de “mal menor” frente a la derecha “neofranquista” del PP. Esta pérdida de confianza en los aparatos tradicionales de la izquierda, unida a las situaciones de crisis y precariedad creciente y la continua propaganda por parte del sistema acerca de los “problemas generados por la inmigración”, también han tenido como consecuencia un incremento del voto de ciertos sectores de trabajadores/as hacia partidos derechistas o populistas.
j) Otro tanto podemos decir acerca de cómo son vistas las grandes organizaciones sindicales antaño “de clase”, CCOO y UGT: la desconfianza hacia las mismas es cada vez más fuerte, así como la crítica hacia su actuación. Pero ello, en la mayoría de los sectores laborales y de las empresas, no ha cristalizado en la configuración de organizaciones o agrupamientos sindicales alternativos, de clase y combativos. Esto sólo ha ocurrido en algunas empresas y conflictos laborales puntuales pero en ningún caso es un hecho generalizado. Pese a la desconfianza cada vez más general, pese a las críticas, pese a la débil afiliación a las mismas, todavía hoy la dirección recae en CCOO y UGT, constituyéndose en aliados fundamentales de la burguesía para la aplicación de sus planes y agresiones neoliberales. La burocracia que dirige estos sindicatos se convierte, así, en uno de los principales obstáculos para levantar luchas clasistas, combativas, unitarias y coherentes contra la pérdida de derechos laborales, el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores/as y la privatización de los servicios públicos.
Dada esta situación que hemos analizado y descrito en sus puntos esenciales, estas serían nuestras propuestas de actuación para este periodo:
1) Necesitamos de otro sindicalismo, de clase, combativo, asambleario y antiburocrático. Pero éste no va ser simplemente porque lo “autoproclamemos” como tal o porque configuremos nuevas organizaciones muy “de izquierdas” pero aisladas de la clase trabajadora. La configuración de este nuevo sindicalismo será un proceso que adquirirá diferentes formas, según los sectores y los diferentes conflictos. En algunos casos sí nos encontraremos con referencias emergentes (CGT, CSI…) y ahí nos tendremos que estructurar, dado que realmente existen.
2) Pero en no pocos otros casos, nos encontraremos con el hecho de que la dirección la tienen los sindicatos “oficiales”. Incluso puede que encontremos buenos activistas dentro de comités de empresa dirigidos por CCOO y UGT… En estos casos, no podemos caer en el sectarismo de apartarnos de estas luchas o denunciarlas sin más ni más, por estar dirigidas por los sindicatos “de la derecha”, pues ello sólo nos apartaría y nos haría perder la confianza de sectores de la clase trabajadora combativos/as y honestos, peses a que su nivel de conciencia todavía no haya llegado al nivel que nos gustaría… Tampoco se trata de que claudiquemos y hagamos un mero seguidismo de la línea que mantengan las diferentes direcciones del sindicalismo oficial. Nuestro papel debe ser el de acompañar los procesos al mismo tiempo que levantamos propuestas y consignas que convenzan y nos permitan “ganar a nuestras posiciones” primero a los trabajadores/as más conscientes y combativos y, después, a todos/as los demás… La reivindicación constante de la asamblea decisoria y la auto-organización, la pelea contra las direcciones burocráticas y entreguistas… son el marco donde se irá demostrando la necesidad de construir otro sindicalismo de clase y combativo al que aún no le podemos poner nombre, porque aún no existe como tal, fuera de algunos sectores, pero cuya configuración es para nosotros/as, estratégica.
3) El papel de los referentes políticos es central en nuestro trabajo en el seno del movimiento obrero, si no queremos caer en un mero sindicalismo ligado a cuestiones “económicas”. Cada lucha, cada conflicto laboral en el que intervengamos debe ser una ocasión para explicar la relación que existe entre los problemas más concretos de los trabajadores/as y el capitalismo, como sistema de explotación que los origina y cuya superación debe ser nuestro objetivo último. Debemos conseguir que la perspectiva y la necesidad del socialismo se hagan evidentes como forma de superación de la explotación capitalista, al mismo tiempo que recuperamos el valor de la lucha y la conciencia de clase. Los referentes políticos serán el marco de análisis y debate en el que cada militante pueda encontrar orientación acerca de su papel en las luchas en las que esté participando.
4) El capitalismo que ahora padecen los trabajadores/as y los pueblos no entiende ni de patrias ni de fronteras. Es un capitalismo “globalizado” al que debemos tener la perspectiva de empezar a responder, desde nuestras limitadas fuerzas, también con un planteamiento internacionalista. Un internacionalismo solidario con las luchas de los pueblos y un internacionalismo que tenga como horizonte la configuración de alianzas sindicales y políticas con otras fuerzas europeas y mundiales, para dar la respuesta global que los planes globales del capitalismo exige.
¡¡EN DEFENSA DE LO PÚBLICO!!
1. La necesidad de la burguesía, inherente a la propia esencia del sistema capitalista, de incrementar continuamente su tasa de beneficios, unido a la urgencia de hacer volver hacia sectores económicos “productivos” los capitales que tan alta rentabilidad estaban obteniendo en los mercados especulativos, son la razón de que el mercado decida “atacar” los servicios públicos. Documentos como el Acuerdo General de Comercio de Servicios (AGCS), emanado de la Organización Mundial del Comercio (OMC), recogen la idea de que todos los servicios públicos hasta entonces garantizados por el Estado son susceptibles de ponerse bajo las leyes del mercado. Desde entonces, tanto las legislaciones nacionales como las internacionales (el proyecto de Constitución Europea, el Tratado de Lisboa, etc.) han tenido entre sus fines primordiales la privatización de los servicios públicos.
2. La desaparición del modelo socialista en los antiguos países del este de Europa también fue una de las razones que explican este ataque a lo público. Recordemos como el llamado “estado del bienestar” que está en el eje de la propuesta de la socialdemocracia, tiene su origen como “concesión” y respuesta, por parte de la burguesía triunfante tras la segunda guerra mundial, al auge revolucionario que en Europa se da durante toda la primera mitad del siglo XX y a la existencia de un modelo económico y social alternativo al capitalismo, socialista. La desaparición del “peligro comunista”, a finales de los años 80, unido al contexto económico que desarrollamos en el punto anterior, deciden ala burguesía a iniciar este ataque frontal con los servicios públicos que ahora enfrentamos.
3. Por lo tanto, la “caída del muro” y las consecuencias que genera, afecta también, y principalmente, a una socialdemocracia que se queda, así modelo económico, social o político. Desde ese momento comienzan a aparecer “terceras vías” o elaboraciones similares, liderazgos como el de Blair en el Reino Unido o el de Felipe González en el Estado Español, que comienzan a aplicar duras “recetas” económicas, con evidentes planteamientos liberales. Las reconversiones y las privatizaciones, siempre al servicio del mercado, serán desde entonces característica habitual de estos partidos y gobiernos, configurando una línea política profundamente contraria a los intereses de los pueblos y que llamaremos “social-liberalismo”.
4. La política de privatización de los servicios públicos no es, por lo tanto, exclusiva de los gobiernos de la derecha, como la propaganda cercana al “social-liberalismo” nos quiere hacer creer, sino que es una línea general inseparable de los planteamientos de construcción europea a los que los diferentes “partidos socialistas” no dudan en “apuntarse”. No faltan ejemplos de ello: por ejemplo, en la Enseñanza, al analizar el brutal ataque privatizador que la Escuela Pública está sufriendo en Madrid, no podemos olvidar como es la LOE “socialista” la que no sólo abre la puerta sino que “invita” a la entrada del mercado en este sector. Y otro tanto podemos decir de la Ley de Educación catalana, que introducía la “gestión indirecta “privada) de los centros públicos, de la mano del “tripartito” (PSC, ERC e Iniciativa). Muchos más ejemplos existen, en este sentido… Pero lo que ahora nos interesa y es fundamental resaltar es la necesidad de tener una política propia, comunista, bien diferenciada de los aparatos del “social-liberalismo”, tanto políticos como sindicales.
5. Esto es algo que debe orientar toda nuestra actuación y presencia en las luchas en defensa de lo público que ahora se están dando: salvo en algunas situaciones puntuales, hoy por hoy la dirección la tienen el PSOE y sus aparatos sindicales, CCOO y UGT. Los sindicatos “oficiales”, de hecho, se convierten en el principal “muro” con el que chocamos para levantar luchas unitarias y frontales contra esta política privatizadora. Son, por lo tanto y desde hace ya bastante tiempo, cómplices necesarios de la política neo-liberal… Sin embargo, ello no debe ser razón para quedarnos al margen de convocatorias y movilizaciones que, pese a quien las convoca y por lo que las convoca, son de masas.
6. Debemos estar en esas movilizaciones, participar en ellas, sí… ¡pero siempre intentando defender nuestra línea política y no haciendo seguidismo de los aparatos que sólo nos quieren para “engordar” sus convocatorias!. Nuestro objetivo en estas luchas debe ser, en cada una de ellas, combatir el “pactismo, burocratismo y entreguismo” de CCOO y UGT y reclamar una organización basada en las asambleas decisorias de los trabajadores/as, base futura de un nuevo sindicalismo, de clase y combativo, que aún está por construir.
7. Es fundamental que definamos bien el concepto de “público”, más en un momento como éste en el que las redes del “social-liberalismo” usan este concepto de una manera interesadamente “confusa”. Porque no es público cuando se deja que sea la gestión privada la que gestione el dinero del estado, como se está haciendo con hospitales y escuelas infantiles actualmente en Madrid. Debemos denunciar este modelo llamado de “gestión indirecta” que introduce criterios de mercado y beneficio en lo que debería ser un servicio público. Y tampoco son “públicos”, por mucho que el dinero provenga de las diferentes administraciones, los colegios “concertados”, aquellos “chiringuitos” privados que reciben una subvención total por parte del estado para fomentar su propio negocio… ¡Por muy “progre” que sea su proyecto educativo o por mucho que las direcciones traidoras de CCOO y UGT firmaran aquello de la existencia de una “doble red pública”!.
8. Definimos lo público como aquello que es “DEL PUEBLO, CON EL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO”. Quiero esto decir que el que un servicio sea público no lo define sólo, siendo esto fundamental, el que esté financiado con dinero del estado. Es algo más: los servicios públicos también deben ser gestionados por el pueblo, en todos sus niveles. Sólo de esta forma podremos garantizar que los servicios públicos no son sólo el “coto privado” de unos cuantos funcionarios/as sino que están, por supuesto, al servicio de los intereses populares.
9. Vivimos un momento en el que el desprestigio de lo público por parte de las administraciones que deberían defenderlo se convierte en una manera de favorecer la privatización. Esta falta de apoyo se deja ver en todo: instalaciones en pésimas condiciones, listas de espera en Sanidad, falta de presupuesto y de personal… Todo lo que haga falta para lograr que la gente, desesperada y harta, se “vaya” hacia los colegios “concertados”, la sanidad privada, etc. De ahí la importancia de recuperar el concepto de lo público en un sentido de “autogestión”, como la única manera de que el pueblo, los trabajadores/as sean conscientes del expolio, del robo al que están siendo sometidos cada vez que un nuevo sector cae en manos privadas y al servicio sólo de la rentabilidad de unos pocos…
10. La defensa de lo público no sólo corresponde a los trabajadores/as de cada sector. Si los servicios públicos son del pueblo a todo el pueblo corresponde su defensa. Por ello, debe ser objetivo nuestro el garantizar que la lucha se “transversalice” y sea unitaria. Las movilizaciones “sólo” de enseñantes o “sólo” de sanitarios o “sólo” del sector que sea… están llamadas al fracaso, por muy fuertes y radicales que sean. A un ataque tan amplio y tan global sólo podemos responder de una manera igualmente unitaria y global. La coordinación entre todos los sectores en lucha, el reclamo de movilizaciones generales y unitarias de todos los trabajadores/as, debe ser nuestro objetivo fundamental. Igualmente, debemos participar e impulsar plataformas en defensa de los servicio públicos en las que trascendamos el ámbito sindical para confluir con Asociaciones de Vecinos, AMPA’s, Movimientos de Renovación Pedagógica, etc. De esta manera, unitaria y “transversal”, coincidiendo en las luchas, también estaremos colaborando en la construcción de esa Unidad Popular-Frente de Izquierdas que es nuestro objetivo estratégico








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