“Proletarios de todos los países: ¡ Uníos ¡”Manifiesto del Partido Comunista (1848)
Producto estratégico y táctico de primera línea, la concepción del Internacionalismo para los comunistas deviene, inexorablemente, en flujo y reflujo de instalaciones de organizaciones revolucionarias, como así mismo su práctica, a escala mundial.
En el campo de las definiciones políticas del Internacionalismo, cabe destacar, desde nuestra perspectiva: La ideología de la solidaridad internacional de los proletarios y trabajadores de todos los países; es uno de los principios ideológicos fundamentales, que sirven de guía a la clase obrera y a sus partidos y organizaciones. A partir de Marx y Engels, quienes explícitamente acometen esta doctrina en el manifiesto, poniendo de relieve la comunidad de intereses del proletariado por liberarse de la opresión capitalista, encontramos diversas formas de solidaridad internacional, y es que, es imposible que la clase obrera de cada país en lucha, no entienda ésta ligada profundamente a la de otros países, por que los enemigos son los mismos, las burguesías locales y extranjeras; la esencia última del capitalismo, los llamados Estados privados móviles (las corporaciones transnacionales, a decir de algún autor), y la globalización del terrorismo de Estado y de la miseria, se combaten en todos los países por los comunistas, de ahí que la escala de intereses sea la misma para todo el proletariado internacional.
El Internacionalismo proletario, pues, es la concepción que sostiene la necesidad de la unión y de la ayuda recíproca entre fuerzas revolucionarias de todo el mundo. Se opone radicalmente al imperialismo, generando asociaciones internacionales de solidaridad y apoyando en todas partes todo movimiento revolucionario, contra las condiciones políticas y sociales existentes. El interés de la revolución obrera internacional, es materia troncal para los comunistas, y nuestras fuerzas deben dirigirse inobjetablemente hacia la construcción de la hermandad revolucionaria en todos los países, en esta fase del desarrollo de la lucha, a través de la solidaridad internacional.
Existen elementos a tener muy claros cuando hablamos de solidaridad e internacionalismo, por un lado, el carácter de nuestras contrapartes:
· Si son organizaciones de carácter reivindicativo, que luchan por el avance real de la clase proletaria, en alguno o varios aspectos, del proceso tan amplio que es la revolución proletaria. · O bien si son organizaciones definidamente revolucionarias por su acción y su programa.
Nuestro compromiso e implicación orgánica debe basarse en ese análisis dialéctico y objetivo, sobre quienes son nuestros aliados estratégicos y a quienes apoyamos por interés táctico de clase en una coyuntura concreta; al margen de las prioridades propagandísticas del sistema y las modas oportunistas del turismo brigadista “revolucionario”. Como comunistas debemos ubicarnos en la primera línea del combate y la denuncia de todo tipo de represión, y la guerra que ejercen la burguesía y el Imperialismo, contra los trabajadores y trabajadoras, así como contra los movimientos de lucha (reivindicativos o revolucionarios), que son perseguidos por defender los intereses de nuestra clase.
La diferencia, por otro lado, entre la cooperación, apoyo o caridad de carácter humanitaria, compasiva o vacía de crítica que ONGs u organizaciones similares practican, a la solidaridad política y de clase que aplican las organizaciones revolucionarias, debe llevarnos a pensar estrictamente en el terreno de la política, en la aplicación del Internacionalismo proletario como mecanismo de base para la unidad comunista internacional.
Echemos una mirada a las palabras de Lenin, en sus primeros esbozos sobre la cuestión nacional: “El internacionalismo proletario, exige la subordinación de los intereses de la lucha proletaria en un país, a los intereses de esta lucha a escala mundial”.
APOYAR SÓLO A GOBIERNOS QUE FORTALEZCAN EL MOVIMIENTO POPULAR
En el marco del mundo unipolar surgido de la caída del Muro de Berlín y de la desintegración del bloque de países del socialismo real, los Estados Unidos de América han apostado fuerte por garantizar su hegemonía planetaria. Es deber de los revolucionarios aportar todos sus esfuerzos de cara a hacer frente a una dinámica de imperialismo único, que, con la estructura económica del capitalismo más salvaje (en su versión “neoliberal”, surgida de los gobiernos de Reagan y Thatcher), apuesta por establecer una suerte de estado planetario bajo el dominio total y absoluto de la Secretaría de Estado, el Pentágono, la CIA y los grandes intereses del capital monopólico que representan, significativamente la industria energética (Halliburton o Unocal) y la armamentística (Lockeed Martin).
Para conseguir esto la oposición debe ir enfocada a dos frentes fundamentales: el militar, encarnado en la OTAN y el económico-financiero, del que hacen parte el FMI, el BM o la OMC. Estas instituciones, bajo una presunta careta de garantía de seguridad o una hipócrita “ayuda al desarrollo económico”, esconden un claro interés de dominación política por parte del gigante imperialista.
Sin embargo, no podemos caer en la trampa de respaldar la creación de “imperialismos alternativos”, que, aunque en ocasiones puedan parecer contradictorios en sus intereses con la hegemonía estadounidense, se debaten permanentemente entre la oposición y la sumisión al gran hermano. Así pues, el petroestado ruso o el proyecto de la Unión Europea, sólo llegarán a constituir un orden mundial pluriimperilialista, si se sacuden la influencia estadunidense, que implique el retorno al escenario de guerra de rapiña entre imperialismos similar al de las primeras décadas del siglo XX, que abocarían de nuevo al mundo a un peligro inminente de conflicto global, más aún en un contexto de cercanía del agotamiento de los recursos económicos fundamentales (como el petróleo) en los que se basa la economía capitalista.
Vemos que Estados Unidos tiene infinitas dificultades por controlar Oriente Próximo, enclave geoestratégico de vital importancia de cara al control de los recursos energéticos. La lucha de más de medio siglo del pueblo Palestino por el establecimiento de su estado propio en contra de Israel, la sucursal imperialista en la zona, ha permitido que aparezcan otros focos de resistencia como Hezbolá en el sur del Líbano, que derrotó militarmente el enorme poderío israelí. La resistencia iraquí sigue, día a día, oponiéndose a los intereses del invasor y poniendo en grandes dificultades a Estados Unidos en su control militar y político de la zona. El imperialista prevé la solución a estos problemas de la única forma que sabe: preparando una intervención militar en Irán que le permita apagar los focos de resistencia que tiene abiertos.
Vemos con enorme emoción y solidaridad los procesos revolucionarios en marcha a lo largo de todo el mundo que contradicen las tesis imperialistas del Fin de la Historia. La lucha de clases y la lucha antiimperialista continúa. Así lo atestiguan los aldabonazos que han supuesto desde la conquista de una República Democrática en Nepal tras años de guerra popular y una estrategia orientada a ganarse a las masas, hasta los pasos en la organización popular y los avances políticos en la Venezuela Bolivariana. Son muchos los lugares donde sigue una llama de resistencia, millones son los comunistas de todas las naciones del mundo que lo están dando todo por la clase obrera y el socialismo.
Cuando se aborda la solidaridad internacional desde países capitalistas desarrollados nos topamos frecuentemente con el fenómeno del “turista revolucionario”. Este tipo de militantes apoyan exteriormente las revoluciones pero internamente participa en organizaciones integradas en el régimen. Nosotros nos reafirmamos en lo que dicen los cubanos: la mejor forma de solidaridad es hacer la revolución en tu país. Dicho esto, no es intención de esta ponencia minusvalorar el papel de la solidaridad dado que tiene un impacto integral tanto en la necesidad política de coordinarnos internacionalmente contra el imperialismo como en la formación a través del conocimiento de primera mano de las experiencias revolucionarias de otros países.
La caracterización de los gobiernos de izquierdas suele ser objeto de polémica entre otras cuestiones porque la información que nos llega es sesgada y parcial. Tampoco es necesario tomar posición ante todos los gobiernos ni que ésta tenga que ser fija en el tiempo. Sin embargo existen zonas estratégicas donde es importante mantener estrechas relaciones. En nuestro caso, América Latina es una zona políticamente sensible y culturalmente cercana, a la que damos prioridad en nuestra solidaridad internacional. Tampoco debemos olvidar a los compañeros del Sahara Occidental, también victimas del colonialismo español. Mostramos nuestro total apoyo a la lucha por la autodeterminación del pueblo del Sahara en su combate contra la ocupación ilegal del Reino de Marruecos.
Los criterios de la organización Iniciativa Comunista, sobre la caracterización de un gobierno, deben tener en cuenta el punto de partida estructural del país, sus contradicciones externas (imperialismo) e internas (clases sociales) y el alcance del proyecto estratégico transformador. Se trata de evitar filias y fobias apriorísticas, dando paso a un análisis materialista basado en hechos políticos y movimiento revolucionario.
La organización Iniciativa Comunista sólo apoyará gobiernos que en su proyecto estratégico esté la superación del status quo del orden establecido en dirección de fortalecer continuamente el movimiento popular contra la oligarquía y el imperialismo. Cualquier tipo de aggiornamento, donde el gobierno no cuestione el poder de la oligarquía sino que busque su “respetabilidad”, no merece nuestro apoyo. El apoyo a un gobierno popular, no obstante, será siempre un apoyo crítico, asumiendo el mismo principio de la asunción crítica del socialismo histórico.
En América Latina, saludamos afectuosamente a los camaradas como los del Partido Comunista Cubano, también al Partido Comunista de Venezuela que acertadamente está apoyando al presidente Chávez en el marco de una alianza antiimperialista en la perspectiva del socialismo y a las FARC-EP, una guerrilla que no ha renunciado a la toma del poder y la construcción del socialismo en mitad de una guerra de más de 40 años contra el Estado fascista colombiano, base estratégica de EEUU.
Identificamos en América Latina tres tendencias entre los gobiernos de los países. La primera tendencia está Cuba y Venezuela donde su compromiso con el socialismo es indudable. Existe, en su contraposición, una segunda tendencia que es la de los gobiernos “progresistas” como Brasil, Chile y Uruguay. Son procesos cerrados y su actuación es homologable a la socialdemocracia clásica: un apagafuegos del capitalismo y el imperialismo. En la zona intermedia entre los bolivarianos revolucionarios y los socialdemócratas, aparece otro grupo de países como Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Son países que han ayudado a Cuba y han fortalecido el liderazgo regional de Hugo Chávez a través del ALBA o de proyectos estratégicos comunes. Por tanto estos países representan un avance externo en la corriente revolucionaria bolivariana. Sin embargo dentro de sus países presentan contradicciones o inmadurez revolucionaria; con un matiz importante en los casos de Ecuador y Bolivia porque se tratan de procesos abiertos con mayor permeabilidad de los movimientos sociales a la hora de influir en sus políticas. El caso de Ecuador, presenta un gobierno con un presidente carismático enfrentado a la oligarquía mediática y económica por su proyecto de asamblea constituyente ya que supone una ruptura con la corrupta partitocracia. No obstante, tiene la tarea de demostrar que su retórica antineoliberal y antiimperialista va de la mano de hechos políticos revolucionarios, en ese sentido, Venezuela es un ejemplo. El caso de Nicaragua, con un presidente carente de credibilidad por su bandazos del pasado y por estar aliado con sectores reaccionarios de la burguesía y la Iglesia, en cambio se permite “el lujo” de apoyar -con plena justeza y acierto- ante la ONU a Cuba ante los ataques de EEUU, rompe relaciones con Colombia tras la invasión de Ecuador calificándolo de “Estado Terrorista”, da asilo político a guerrilleras colombianas así como se solidariza con las FARC tras la muerte del legendario Marulanda. Por otro lado, Bolivia actualmente es presa del separatismo más reaccionario y casposo, antagónico con las luchas revolucionarias por la autodeterminación, teledirigido nítidamente por las oligarquías del país y la CIA. Evo Morales ha intentado “descolonizar el Estado” y establecer las bases del desarrollo del país respetando las relaciones sociales de los pueblos indígenas. Sorprende ver como ha tenido que gobernar permanentemente haciendo oposición (a la gran burguesía), lo cual denota un elemento positivo, pero intuimos que será inevitable socavar el poder económico y militar de la oligarquía para que así tenga continuidad el proceso transformador.
Debemos siempre tener presente que muchos presidentes de gobiernos populares podrán ser útiles al proceso revolucionario... y después dejen de serlo. Sin cuestionar la función unificadora del líder, lo importante en última instancia son los procesos sociales colectivos y no las personas. Resulta obvio para una organización comunista que no nos conformemos con luchar por una revolución democrática antiimperialista, sino que buscamos unir ésta con la revolución socialista a través de una estrategia revolucionaria basada en la construcción de poder popular.
El trabajo político en su respaldo se hace clave de cara a ganar la batalla ideológica contra el pensamiento único precapitalista y hegemónico que presenta al capitalismo imperialista como único mundo posible. Es tarea de los revolucionarios entroncar estas experiencias con los movimientos primermundistas que se oponen a las grandes instituciones supranacionales del orden mundial imperante, como el FMI o la OMC.
CUESTIONES DE PRINCIPIOS
Como organización de carácter comunista, apoyamos los procesos revolucionarios triunfantes, especialmente la Revolución Cubana y la Revolución Bolivariana de Venezuela; la primera ha demostrado durante casi cuarenta años cómo el pueblo cubano asiste a un cambio profundo de sus estructuras, pasando con el gobierno de Fidel Castro, y ahora con el de su hermano Raúl, a un modelo de Estado socialista. Supone un modelo a seguir, mejorar y contextualizar en nuestro momento histórico y espacio geográfico. Apoyamos el gobierno del presidente Chávez en Venezuela; consideramos que, independientemente de no constar explícitamente como régimen socialista, se ajusta al análisis y a nuestros parámetros, y lo entendemos como gobierno revolucionario y popular. Del mismo modo manifestamos nuestro apoyo al resto de experiencias populares y antiimperialistas que, a lo largo del mundo, se oponen a la hegemonía imperialista estadounidense. Apoyamos de igual manera la autodeterminación de todos los pueblos; también apoyamos la lucha de los países subdesarrollados por su independencia nacional y económica. Consideramos a las FARC como una guerrilla comunista, que lucha por la construcción de un Estado socialista en Colombia por la vía político militar y que, a través de un acuerdo humanitario táctico, busca revivir y aliviar al movimiento popular, que es y ha sido masacrado y sometido a los peores crímenes y vejaciones en nombre de la lucha contrainsurgente liderada por el imperialismo norteamericano. Respetamos los procesos internos, estrategias, alianzas y pronunciamientos de cada organización, colectivo o contraparte, pero siempre los analizaremos críticamente, de manera autónoma y colectiva, manteniendo nuestra propia posición y señalando con humildad nuestros desacuerdos o diferencias, si se dieran las condiciones.
LÍNEAS DE TRABAJO
Todo planteamiento ideológico o doctrinario necesita de un estudio analítico, una práctica, y una planificación, en este sentido, es menester plantear una línea de trabajo Internacionalista:
1.- Iniciar el estudio sistemático de las diversas coyunturas nacionales, analizando las diferentes correlaciones de fuerzas, los actores, las organizaciones revolucionarias que operan en diferentes realidades, a fin de identificarlas e iniciar con ellas un nivel de flujo y reflujo político. Someter este análisis al conjunto de la organización en debates monográficos.
2.- Establecer relaciones con organizaciones revolucionarias fiables, a fin de asentar un nivel de solidaridad política.
3.- Establecer contrapartes políticas en diferentes realidades nacionales, con sus portavoces o responsables, principalmente.
4.- Planificar acciones divulgativas de solidaridad internacionalista, campañas y actividades de difusión de organizaciones revolucionarias fiables.
5.- Definir nuestra necesidad y legitimidad de solidaridad política, como organización comunista y revolucionaria.
6.-Estructuración de un trabajo político de cara al abandono por parte del estado español de las instituciones imperialistas OTAN, UE o UEO, y a la retirada de tropas españolas en todos aquellos lugares donde puedan ser llevadas como parte de la fuerza imperialista (Líbano, Afganitán, Irak).
7.- Fortalecimiento y desarrollo de la Asamblea Contra la Globalización Capitalista y la Guerra, como marco unitario preferente en la actividad antiimperialista y trabajo por la concurrencia de la misma con otras plataformas reivindicativas del mismo ámbito de actuación, de cara a la constitución de un movimiento antiimperialista unitario y potente.
8.- Apoyar y difundir los movimientos revolucionarios anticapitalistas que puedan surgir en cualquier parte del mundo.
9.- Denunciar las actividades de injerencia que, desde el estado español, puedan producirse contra los movimientos revolucionarios.
Anexo de Internacionalismo
EL DERECHO DE LAS NACIONES A LA AUTODETERMINACIÓN
“La teoría marxista exige de un modo absoluto que, para analizar cualquier problema social, se le encuadre en un marco histórico determinado, y después, si se trata de un solo país (por ejemplo, de un programa nacional para un país determinado), que se tenga en cuenta las particularidades concretas que distinguen a este país de los otros en una misma época histórica.” V.Lenin “El derecho de las naciones a la autodeterminación”
Dentro de éste documento en que hablamos del Internacionalismo Proletario en nuestra organización, un punto importante es el respeto y el apoyo a la autodeterminación de los pueblos (especialmente los colonizados u oprimidos) como parte de nuestro programa, analizando de manera dialéctica las realidades concretas que tenemos muy cercanas como: Galicia, Cataluña, EuskalHerria, etc., las contradicciones y sus consecuencias, en el enfrentamiento a distintos niveles con el nacionalismo español, y especialmente, las coincidencias ideológicas y programáticas con los movimientos independentistas en cuanto a la lucha de clases y la implantación de un sistema socialista.
Lenin en El derecho de las naciones a la autodeterminación, describe claramente, la postura comunista en el debate entre la autodeterminación de los pueblos, ante el análisis simplista por parte de algunos/as comunistas, al obviar (en algunos casos) éste problema, o pretender que ésta reivindicación se contrapone con el marxismo o el programa comunista y su principio del internacionalismo proletario.
Según Lenin: “…la autodeterminación de las naciones, en el programa de los marxistas, no puede tener, desde el punto de vista histórico económico, otra significación que la autodeterminación política, la independencia estatal, la formación de un Estado nacional.”
Teniendo en cuenta el desarrollo del capitalismo y los procesos productivos en cada nación, así como la distinción estratégica y táctica, entre Proceso revolucionario y las reivindicaciones del proletariado en cada coyuntura, no existe otro camino para los comunistas que el de acompañar al proletariado en sus aspiraciones contra la opresión: “Por cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor, ya que somos los enemigos más intrépidos y consecuentes de la opresión. Por cuanto la burguesía de la nación oprimida está a favor de su nacionalismo burgués, nosotros estamos en contra. Lucha contra los privilegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia con el afán de privilegios de la nación oprimida.” V. Lenin “El derecho de las naciones a la autodeterminación”
Igual que los bolcheviques participaron en la revolución burguesa de 1905 y posteriormente continuaron el camino hacia la revolución proletaria, hoy en día apoyamos procesos revolucionarios por vías no tradicionales, o que no necesariamente van a la dictadura del proletariado, en los cuales muchas veces no hay un cambio estructural del Estado, ni siquiera el control del proletariado de sus instituciones estratégicas; todo avance, por parcial o pequeño que sea en las reivindicaciones o beneficio de la lucha de clases, aún cuando implique también temporalmente el desarrollo del capitalismo, debe ser un objetivo de los comunistas, que no podemos evadir, por no ver más allá, o carecer de un análisis estratégico a mediano y largo plazo.
“Luchamos sobre el terreno de un Estado determinado, unificamos a los obreros de todas las naciones de este Estado, no podemos garantizar tal o cual vía de desarrollo nacional, vamos a nuestro objetivo de clase por todas las vías posibles. Pero no se puede ir hacia este objetivo sin luchar contra todos los nacionalismos y sin propugnar la igualdad de todas las naciones. Así, por ejemplo, depende de mil factores, desconocidos de antemano, si a Ucrania le cabrá en suerte formar un Estado independiente. Y, como no queremos hacer "conjeturas" vanas, estamos firmemente por lo que es indudable: el derecho de Ucrania a semejante Estado. Respetamos este derecho, no apoyamos los privilegios del ruso sobre los ucranios, educamos a las masas en el espíritu del reconocimiento de este derecho, en el espíritu de la negación de los privilegios estatales de cualquier nación.” V. Lenin “El derecho de las naciones a la autodeterminación”.
Apoyamos el derecho de autodeterminación de EuskalHerria y demás pueblos del estado español, y apoyaremos procesos independentistas que conduzcan a un avance real de la clase obrera en pro del socialismo.
La autodeterminación de los pueblos y naciones del estado español no debe ser vista como la culminación del proyecto revolucionario, y sí como una fase histórica previa que conllevaría otra superior, en la cual la clase obrera derribaría esos marcos estatales, así como cualquier otro, en busca de la implantación de una sociedad comunista alejada de fronteras.








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