Jue11232017

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A vueltas con el ébola

 

Mira ahí abajo –prosiguió señalando a través de la ventana a la gente que se movía como moscas negras en la base de la noria. ¿De verdad podrías sentir lástima si una de esas manchas dejara de moverse para siempre? Hombre, si te dijera que podías conseguir veinte mil libras por cada mancha que se detuviera, ¿de verdad me dirías que me quedara con mi dinero, sin una vacilación? ¿O calcularías de cuántas manchas podías prescindir sin problemas? - Graham Greene, “El tercer hombre”

Para el poder económico la sanidad pública es básicamente un gasto necesario para reproducir la fuerza de trabajo, de tal modo que, en sociedades y periodos temporales en que existe un numeroso ejército de reserva nutrida por personas sub y desempleadas el gasto sanitario es recortado sin piedad al no ser tan necesario para el modo de producción capitalista, que no se caracteriza precisamente por su humanismo.

Pero, a la vez, el nivel de salud y la inversión en intentar asegurarla es un resultado de la lucha de clases, de tal modo que generaciones de trabajadores en esta y otras tierras han peleado por alcanzar unos mayores niveles de vida, conquistando, en un periodo histórico o y en unas determinadas zonas geográficas del planeta, unos servicios públicos que el sistema ha ido instituyendo también para amortiguar las tensiones sociales inherentes a una sociedad dividida en clases.

El hundimiento de la gran mayoría de las sociedades alternativas que se definían como socialistas, que eran punteras en cuanto a sanidad de tal modo que, por ejemplo, el desmantelamiento de la Unión Soviética supuso y supone aún para la población de esos territorios un descenso en su esperanza de vida de 9 años, por no hablar del incremento exponencial de la mortalidad infantil (datos de la OMS), unido a las necesidades del capitalismo en Europa occidental de abaratar el factor trabajo para recuperar la tasa de beneficios empresariales, ha propiciado aquí un deterioro tal de la sanidad pública que casi podríamos hablar de desmantelamiento.

Las buenas gentes, ante la noticia del reciente caso de contagio en Madrid del virus Ébola, y la incompetencia total de la sanidad pública para reaccionar a tiempo, experimentan una mezcla de alarma y estupefacción la no entender, porque no se les explica, que lo que los más avezados “progresistas” han definido como cadena de errores tiene un origen sistémico, causado por un drástico recorte en medios materiales y humanos en un servicio que ya no es tan necesario para la producción y reproducción de mercancías, que es lo que realmente importa a la burguesía.

El caso que nos ocupa, siendo muy grave, no es más que la punta del iceberg de una realidad plagada de desatenciones a pacientes producidas por dicha falta de recursos, con las consecuencias de cronificación de dolencias que podrán haberse curado con una actuación rápida y decidida, para regocijo de las multinacionales farmacéuticas, y enfermos que han sufrido graves consecuencias para su salud tras haber clamado infructuosamente en las salas de urgencias y centros de salud.

Las Movilizaciones habidas en los últimos años por la sanidad pública cobran ahora un nuevo sentido, pero se hace preciso abordar la raíz del problema y dotarse de mecanismos de coordinación y organización populares para entender que éste es un aspecto de un problema global, el propio sistema imperante, y obrar en consecuencia.

Francisco García Cediel