Jue09212017

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El día de la “democrática” sucesión

El pasado jueves 19 de junio era coronado como nuevo rey el hijo del heredero del dictador fascista Francisco Franco, ese al que pretenden que el pueblo trabajador adore bajo el nombre de Felipe VI.

Aunque todo esto pueda sonar a una historia propia de ser imaginada en blanco y negro, el Estado de excepción del día la sucesión se dio en otros dos colores, el rojo y el gualdo. Y es que aunque la cínica Cristina Cifuentes asegure que “no se detuvo absolutamente a nadie por llevar un símbolo republicano” (*) la realidad es bien distinta a lo que los políticos títeres de la clase capitalista quieren vender en sus medios de comunicación. Quienes portasen símbolos o banderas republicanas o antimonárquicos se iban a enfrentar a la represión en alguno de sus grados, y para ello se había dispuesto un operativo de más de 7 mil policías y 120 francotiradores, entre otras dotaciones de cuerpos represivos del Estado.

Cualquiera que estuviese en las calles de Madrid ese día expresándose contra la monarquía tendrá una buena cantidad de “anécdotas” que contar, como puede ser la detención en plena calle de un conocido compañero luchador del barrio de Vallekas. Una decena de policías se lo llevaban esposado por sacar una republicana cerca de la Gran Vía una hora antes, no sin antes impedir a gritos y empujones que el compañero fotoperiodista dejase constancia de la escena.

Hubo decenas y decenas de personas retenidas hasta más de una hora tras ser escoltadas entre tandas de entre diez y quince policías, con la intención de que no viese que se llevaban a gente, requisándose banderas tricolor alegando “motivos de seguridad”. Otras personas fueron obligadas a entrar en los metros para ser cacheadas e incluso a coger el metro bajo amenaza de detención si no lo hacían.

No faltaron compañeras y compañeros amenazados, abofeteados y golpeados por los cuerpos represivos por llevar símbolos republicanos, algunas de estas personas fueron metidas en portales para que no se viera como ejercen su gloriosa “democracia”. Esto sin contar los incesantes cacheos e identificaciones, que se hicieron hasta a bebés, niños y niñas o el hecho de que no se pudiese pasar por ciertas calles, cortadas por nacionales, si se portaba algún símbolo o se era "sospechoso/a" de no simpatizar con un señor al que nos han impuesto como Jefe de Estado.

Hasta cuatro cargas policiales se sufrieron en la concentración de por la tarde que se dio en lo que quedaba transitable de Sol, ya que la mayoría de la plaza era literalmente un parking de furgones policiales. El pueblo que se encontraba allí concentrado resistió valientemente siguiendo la concentración, sumando detenciones a las que había habido por la mañana dando lugar a un total de once personas trasladadas a los calabozos por manifestarse contra la monarquía.

Es más que obvio que el pueblo no tiene ninguna simpatía por esta monarquía impuesta por el fascismo y criada en sus propias entrañas. La ridícula asistencia al ostentoso recibimiento del nuevo monarca deja constancia de esto, sin contar que un buen puñado de la gente allí presente eran policías secretas, curiosos, curiosas y turistas a los que se les estuvo repartiendo banderas rojigualdas durante toda la mañana.

Su increíble despliegue represivo es la consecuencia de un régimen monárquico que se tambalea, teniendo que ser coronado bajo un Estado de excepción absoluto. Es el resultado de un pueblo que adquiere cada vez más conciencia y se muestra dispuesto a luchar. La ocultación de su represión, que ese día se quiso hacer sin mucho ruido, es un último esfuerzo por vender una imagen falsa de normalidad y aceptación de su podrida monarquía legada del mismísimo dictador.

Son cada vez más débiles y nosotras y nosotros seremos cada vez más fuertes. Es nuestra obligación como clase seguir en la lucha hasta acabar con los cimientos del capitalismo que les sostiene, de ese capitalismo que, con el sudor de nuestras frentes y la miseria de nuestra gente les da los privilegios que, mediante organización, unidad y lucha, les arrebataremos cueste lo que cueste.

Yelena Nájera, militante de Iniciativa Comunista