Mié03202019

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Argumosa 11, o la clase y el territorio

Lo que ocurrió el pasado viernes 22 de febrero en Argumosa 11 ya ha sido narrado en todos los medios, por todos los canales, fue trendig topic durante todo el día: tres órdenes de desahucio idénticas provenientes de tres juzgados diferentes con entre 12 y 36 horas de preaviso, una campaña mediática clasista y racista lanzada en los días previos a través de los canales más generalistas, ocupación de una calle del centro de Madrid desde la madrugada por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, intervención policial violenta con un saldo de seis personas detenidas entre las que estaban encerradas en el portal del edificio, declaraciones entre frívolas y banales de la alcaldesa del cambio y el presidente del Gobierno socialista lamentándose por lo ocurrido, como si la cosa no fuera ni con ella ni con él. Cuatro familias en la calle.

 

Esto ya ha sido contado. Y sucede, sin embargo, que este no parece ser el relato de un desahucio más de los 160 que se producen cada día en el Estado. Precisamente por la visibilidad que este conflicto ha tenido durante los últimos meses, el caso ha sido enfrentado por lo que en otra parte llamábamos el «bloque financiero-inmobiliario» desde la necesidad que tenían de hacer ver a ojos de todo el mundo que se les había agotado la paciencia, que no iban a ceder ni un milímetro más, ni una hora más, a las exigencias de unas inquilinas de las que no podían extraer ya todo el beneficio que anhelaban ni tampoco a las de unas organizaciones a las que no reconocen. Por ello, el bloque financiero-inmobiliario hubo de manifestarse de modo completo el pasado viernes para sentar precedente. Si para eso tenía que quedar claro que son ellos quienes conforman el núcleo del Estado español ―entendido como Estado integral―, que así fuera. Si tenía que ser revelada la perfecta coordinación entre entidades inmobiliarias, medios de comunicación, judicatura, fuerzas represivas y otras administraciones y cargos públicos contra la población más vulnerable, la ocasión lo merecía. Y no es que esto no lo supiésemos, no es que no estuviésemos convencidas y convencidos de que esto es así; lo que pasó fue que experimentamos cómo la totalidad del estado integral capitalista se manifestaba con toda su enormidad frente a nosotras, a plena luz del día, a la hora y en el lugar fijados en una orden de desahucio.

 

Ahora bien, esta revelación puede salirles cara, porque estos momentos y estas experiencias producen clase, de un lado y de otro. Aun intentando no caer en un izquierdismo negador de la realidad, lo que ha quedado claro es que cada vez es más exigua la vía que busca la resolución de contradicciones en materia de vivienda a través del Estado cuando el Estado es ahora mismo el lugar donde se unifica y organiza el enemigo. Decíamos en su momento que o bien estábamos con las vecinas o bien estábamos con los especuladores y ese lema es hoy más verdad que nunca, se ha clarificado y desde el viernes su significado está más cargado si cabe de conflicto de clase. La vía ciudadana de participación y organización política que anhela reformas en pos de unos derechos universales e interclasistas se está agotando y debemos hacer por clausurarla; puede que se estén volviendo necesarias, si es que alguna vez dejaron de serlo, las vías de participación, lucha y organización de clase que defienda de modo evidente derechos de clase, también en materia de vivienda. Esto quiere decir que el conflicto por el derecho a la vivienda o el derecho a la ciudad, por ejemplo, han de aclarar y concretar, en la teoría y en la práctica, en el discurso y en la organización, a quién ―a qué clase― pertenecerán esos derechos y contra quién ―contra qué clase― serán utilizados. Si la potencialidad del conflicto por la vivienda es tal es por su capacidad para dar forma a instituciones populares, autónomas y ubicuas que no dejen lugar a las ambigüedades. Este potencial debemos concretarlo entre todas, en todas partes. A nosotras también se nos debe acabar la paciencia con quien nunca debimos haber sido pacientes.