Jue02212019

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Ante los sucesos en el barrio de Chamberí…

A pocos días después del brutal hecho acontecido en el distrito de Chamberí ―Alicia, una mujer que vivía en el barrio, se suicidó poco antes de que la comisión judicial fuese a intentar ejecutar su desahucio por impago del alquiler―, seguimos leyendo artículos sensacionalistas, declaraciones vacías y explicaciones superficiales sobre la problemática de la vivienda en el Estado. 

Ni al gobierno «de la unidad» en el Estado ni al gobierno «del cambio» en el ayuntamiento les escuchamos hablar acerca de los 1.878 desahucios ejecutados en la Comunidad de Madrid entre abril y junio de este año según informes del Consejo General del Poder Judicial. Tampoco oímos entre sus declaraciones que se mencione que, solo en el último año, las ejecuciones por impagos de alquileres han subido un 6,1% y que gran parte de estos lanzamientos ―100 de los 180 desahucios diarios que se producen en el Estado― se han dado en el marco de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) reformada en el año 2013 por el anterior gobierno. 

Tampoco escuchamos a las y los parlamentarios proponer medidas para resolver la alarmante subida de los precios de los alquileres, provocada por la permisividad tenida con la especulación en favor de los grandes fondos de inversión. Según un informe realizado por el portal inmobiliario Fotocasa, el precio de la vivienda en alquiler en el Estado Español se ha incrementado de una forma alarmante en los últimos tres años. En concreto, vivir en la Comunidad de Madrid cuesta un 40% de media más que en el resto de comunidades (salvo Cataluña y Euskadi). Además, en este informe también se especifica que precisamente Chamberí es el distrito más caro de Madrid por tercer año consecutivo, incluso más caro que el propio barrio de Salamanca.    

Vistos los telediarios y observados los datos, también debemos de ser críticas con nuestras primeras reflexiones. El acto de suicidio esconde tras de sí importantes implicaciones que todas y todos debemos tener en cuenta. La Plataforma de Afectad@s por la Hipoteca (PAH) ha observado que en los últimos diez años se han producido cerca de 17.000 suicidios por cuestiones económicas. El caso de Alicia, así como el de muchas y muchos otros, es el resultado de un modelo económico asfixiante, que nos chupa la sangre para beneficio de las grandes corporaciones financieras.

Llegadas a este punto, solo nos queda desconfiar de este modo de vida en el que el capital generador de grandes riquezas se ha convertido en el eje conductor de nuestras vidas; solo nos queda desconfiar también del falso «derecho natural» de la propiedad privada sobre la tierra y sobre el suelo, que solo genera miseria y explotación. Debemos desconfiar de las promesas pre- y post- electorales que juran traer mejoras laborales y sociales pero no hacen más que poner parches a una enfermedad que ha de ser arrancada de raíz. 

No podemos dejar que los medios de propaganda nos hagan pensar que estos son casos aislados o casos que nada tienen que ver con la realidad social. Tampoco podemos pensar que el problema de la vivienda responde a leyes económicas naturales, a un simple problema de oferta y demanda sin intereses de por medio. Debemos ser críticas con lo que vemos y con lo que oímos en los telediarios y en los grandes medios de masas. Debemos ir un paso más allá y dejar de confiar en el camino que nos dictan las transnacionales y sus gobiernos títeres, así como en el modo de vida que nos inculcan e imponen. Debemos empezar a confiar en nosotras mismas como colectivo y como clase. Somos nosotras las que construimos las casas, producimos las mercancías y cuidamos a las personas. ¿Por qué no vamos a ser capaces de organizarnos en base a un modo económico y social en el que la tierra, el suelo, el trabajo y los cuidados sean socializados? Reivindicamos y confiamos en que esta lucha, la de todas las compañeras que luchan por el derecho a una vivienda digna, así como a un salario digno, a una vida digna, es parte de la transformación hacia un modo económico verdaderamente socialista, donde nosotras, las gentes trabajadoras, vamos a ser por fin las que tomemos las riendas de nuestras propias vidas. 

Para terminar este breve artículo, solo nos queda decir, como decía alguien, que «no es que la solución del problema de la vivienda simultáneamente soluciona la cuestión social, sino que solo la solución de la cuestión social, esto es, la abolición del modo de producción capitalista, es la que hace posible la solución de la cuestión de la vivienda».

Por Alicia, y por todas ellas, por todas las trabajadoras desahuciadas, organicémonos como clase para así llegar a organizar nuestras vidas.