Mar12112018

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No, señores especuladores, Lavapiés no quiere ser "cool"

Tratándose sin duda de una estrategia de marketing, hace días un conocido diario sacaba una noticia por la que se definía a Lavapiés como uno de los barrios más "cool" del mundo. Sin lugar a dudas ese artículo responde a los intereses de ciertas empresas que quieren adueñarse de nuestro barrio, especulando con la vivienda y expulsando a nuestras vecinas y vecinos, para transformarlo en un paraíso turístico al servicio de la jet set, sin importar el verdadero carácter popular y de tradición obrera de Lavapiés.

 

Y es que si hay algo definitorio de la historia de nuestro barrio, es la llegada de numerosas familias del entorno rural, en el inicio de la dictadura franquista. En aquella época el barrio se llenó de Corralas para dar cobijo a toda la inmigración que venía a Madrid a buscarse la vida trabajando en las fábricas de la zona. Es por ello que Lavapiés se caracteriza principalmente por ser un barrio de migrantes de diferentes partes del mundo que han transformado el barrio en un espacio de convivencia entre la clase obrera procedente de 80 nacionalidades distintas como bangladesís, senegaleses, chinos, hindúes...

 

Fruto de la idiosincrasia de Lavapiés, han surgido diferentes luchas que han enarbolado las organizaciones sociales y políticas del barrio. Entre las okupas más emblemáticas del barrio, destaca la historia de Minuesa en 1988. Allí encontraron su espacio diferentes  organizaciones vecinales, feministas, antiimperialistas y que tuvieron gran valor en aquella época, cómo el movimiento insumiso y el de las madres contra la droga. Su desalojo se produjo con extrema virulencia y en el centro de Madrid se respiraba aire de rebeldía y combatividad. A raíz de de Minuesa, Lavapiés ha sido barrio de gran tradición okupa de diferentes tipos. Actualmente sobrevive La Quimera, en el mismo lugar dónde estuvieron El Laboratorio en sus cuatro intentos diferentes. Y por su puesto otras propuestas cómo La Casa Roja en los antiguos Cines Odeon, que a pesar de su corto periodo de vida, se llevó a cabo un proyecto aglutinador entre movimientos feministas, antifascistas, además de organizaciones obreras y antiimperialistas, y en donde se celebraron multitud de actividades culturales. El derribo de Casa Roja es sin duda significativo en la estrategia especulativa de Lavapiés, pues en el terreno se está construyendo un "Hostel" para turistificar el barrio, y mediante mano de obra barata, construirlo y mantenerlo.

 

El proceso de gentrificación de nuestro barrio responde principalmente a los intereses de las grandes inmobiliarias que obedecen a los dictados de los fondos buitre. Pretenden echar a quienes llevan viviendo en esos edificios de 20 a 30 años, pero no lo van a tener fácil. La movilización vecinal a través del Sindicato de Inquilinos y del colectivo Lavapiés ¿dónde vas? con la indispensable colaboración de la PAH, está tratando de frenar las zarpas de los fondos buitre. Y lo están haciendo con una buena perspectiva, movilizando a las vecinas y los vecinos del barrio y profundizando en las soluciones, independientemente de a quién o cómo las tengan que hacer llegar. La movilización popular está funcionando frente a la ineficacia del ayuntamiento, incapaz de ofrecer una alternativa valiente para el barrio y dejando campar a sus anchas a los especuladores. Todo el proceso de gentrificación lleva intrínseca la represión, especialmente hacia el colectivo migrante. Diariamente policías nacionales, ya sean de "paisano" o en coches, se pasean por el barrio haciendo redadas racistas. Uno de los episodios violentos, fruto de la actitud que tiene la policía en las redadas racistas, fue en el 2012, cuando uno de ellos comenzó a pegar tiros al aire, cuando intentaba identificar a un grupo de vecinos migrantes. Aunque sin duda si hay un episodio reciente que se quedará muy presente en nuestro recuerdo y rabia, el asesinato de Mame Mbaye, fruto de la persecución institucional hacia nuestros vecinos manteros y lateros. Y es que, tal y cómo denuncian los colectivos de migrantes y el propio Sindicato de Manteros y Lateros, la ley de extranjería persigue y mata. Por todo ello, nos negamos a ser un barrio "cool" que pase de recibir a la clase obrera estatal y a la migrante a recibir a pijos, hípsters y demás sauna turística que expulse a los vecinos y fomente la explotación en el sector hostelero, donde los trabajadores y las trabajadoras soportan en muchas ocasiones jornadas laborales maratonianas, y en muchos casos sin cotización, además de tener soportar mucha presión en jornadas cómo la de tapapiés, en donde la visita de miles de personas en 10 días, hacen de la explotación laboral el sostén de la celebración de tan significativo evento al que tienen el atrevimiento de definir como multicultural. Saquen sus garras capitalistas de nuestro barrio, queremos seguir siendo el barrio obrero y popular que siempre ha definido a nuestra historia. Queremos que nuestros vecinos migrantes encuentren a Lavapiés cómo su barrio acogedor, queremos que el movimiento feminista y LGTBI siga referenciando a nuestro barrio, queremos que se mantengan nuestras okupas y centros sociales y queremos que Lavapiés siga sacando sus fiestas populares cada año cómo alternativa popular y reivindicativa.

 

Mamen Martín