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Corrupción y moción de censura, la regeneración del capital

“La corrupción solo puede prosperar en una sociedad capitalista, para que la corrupción prospere en el socialismo se debe abandonar al propio socialismo, per se ya no es socialismo aunque se mantengan colgadas las banderas rojas de la hoz y el martillo”
 V. I. Lenin 1918, Carta a A. Kurski

 

Desde el Gobierno, pasando por Ayuntamientos hasta llegar a los medios de comunicación, así es el interior de la mayor trama de corrupción desvelada públicamente.

Aun así no nos sorprende que el Partido político en el Gobierno lleve años financiándose ilegalmente gracias a malversar el dinero público para favorecer a los círculos cercanos, empresarios y a los miembros del PP. En esta operación todos salen ganando: los que ostentan cargos públicos más tarde acaban como asesores de las grandes empresas a quienes favorecen mientras están controlando el caudal de todos recaudado con nuestros impuestos.

Tampoco nos sorprende que las instituciones del Estado capitalista funcionen bajo el enchufismo o la corrupción mientras apelan a la meritocracia, pues la burguesía no persigue el buen funcionamiento del Estado, de los servicios públicos. Curioso es que apelen a los intereses generales y a la estabilidad económica quienes se han organizado durante décadas para saquear las arcas públicas. El funcionamiento del mercado capitalista inunda y configura las instituciones públicas, el sistema normativo, la Justicia, el Gobierno y cualquier espacio de relación con el pueblo. El capital vuelve a mostrarse como el motor del mundo.

Pero lo que puede que nos sorprenda más, es que hayan sido los círculos cercanos a la trama corrupta quienes la hayan destapado. Subestimamos las contradicciones internas en el seno de la burguesía, las cuotas de poder, las luchas entre capitalistas, las amenazas por asegurar sus negocios. Y es que la trama Gürtel encierra en sí asesinatos de arquitectos involucrados, manos derechas de políticos, testigos que podían declarar, amigos cercanos de Bárcenas o de antiguos tesoreros del Partido Popular. Pero mientras la prensa pretende hacer de esto una novela negra de entretenimiento, los comunistas debemos conocer las contradicciones internas en el seno de la burguesía y saber analizarlas para dirigirnos a las masas. Porque debemos de ser capaces de ver, en la dureza de las declaraciones pomposas y aparentemente hirientes, el ansia de distintos sectores de la burguesía de alzarse con el poder del Estado o cubrirse las espaldas. La historia nos lo cuenta: si es necesario que caiga uno, caerá, porque de lo que se trata es de sacrificar incluso a un gran capitalista para que siga latiendo el poder del capital.

Pero lo terrible para nosotros es que esta trama de corrupción acabe suponiendo tan sólo un mero juego de sillas en el que la clase obrera tan sólo cambia el color de sus dueños. La moción de censura que ha provocado esta trama de corrupción convierte en héroes al pilar del Estado capitalista, al Partido Socialista, al “hombre de Estado”, a la agrupación que orquestó los GAL, los EREs de Andalucía, y decenas de tramas de corrupción desde nuestro modélico sistema democrático.

El júbilo de los sectores más acomodados y reformistas de la izquierda ya se sienten victoriosos porque una institución franquista como la Audiencia Nacional haya sentenciado a un Partido Popular que tan solo se ha limitado a ponerse palos en las ruedas. Y es que no dudan en publicitar como progreso que el sostén necesario del Estado capitalista se ponga de nuevo a sus mandos.

El Estado capitalista se pudre, la clase obrera tiene la misión de romper con la rueda trucada de la historia del capital y las comunistas debemos ser vanguardia cuando las bases del Estado están siendo cuestionadas: la unidad territorial con la autodeterminación del pueblo catalán, la caída del partido engendrado por el franquismo y la Iglesia, el auge represivo contra el pueblo trabajador, encarcelación de raperos, obreras organizadas, migrantes sin papeles. Porque a lo largo de nuestra historia, las comunistas nunca celebramos la caída del burgués, o del poder absolutista, o de la monarquía feudal, sino que supimos actuar y acelerar la agudización de las contradicciones, supimos actuar en los momentos precisos con la estrategia precisa, aprovechando los momentos de debilidad para socavar y nunca para reforzar, el poder del capital.

 

Organización, conciencia y revolución. Ni un solo paso más hacia atrás. La historia es nuestra y la hacemos los pueblos.