Mié12132017

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Somalia bajo el dominio pirata del imperialismo

Que los medios de comunicación occidentales no van a dar la misma relevancia mediática a un atentado perpetrado en Londres que a uno en Mogadiscio es una obviedad. No sorprende, por lo tanto, que el atentado yihadista más devastador de la historia de Somalia, con más de 370 víctimas mortales, no haya ocupado más que el minuto y medio de una pieza informativa en el telediario de cualquier cadena. Es lo que llamamos racismo estructural, aunque la cosa no se queda en la fría indiferencia occidental ante el dolor negro. 

Somalia ha sido definida por la prensa  occidental como un "estado fallido". Los males que azotan al país del Cuerno de África parecen responder a una especie de maldición divina por una parte; la sequía y el hambre, sumado a la incapacidad de los propios somalíes para autogobernarse; la guerra, la piratería, el tráfico de armas y el terrorismo yihadista. El relato de un país sumido en el caos y el salvajismo nos reconforta, hace que nos sintamos civilizados, y además es la excusa perfecta para justificar intervenciones militares que garanticen el control del país y sus recursos. Esa es, precisamente, la historia de las cuatro últimas décadas de Somalia. Arrojemos un poco de luz:

Hubo un tiempo,  durante la década de los 70, en el que Somalia apuntaba a un desarrollo económico relativamente próspero bajo el gobierno de Mohamed Siad Barre, que había declarado el socialismo y firmado un acuerdo de cooperación con la URSS. La actual configuración territorial del mapa africano  heredada de los colonizadores, junto al auge de los nacionalismos en África, son dos factores importantes para entender la contienda fronteriza entre Etiopía y Somalia en 1977. Siad Barré trató de anexionarse la región etíope de Ogadén, iniciando así una guerra en la que la URSS, junto a Cuba, decidiría apoyar a Etiopía, no sin antes agotar todas las vías posibles de diálogo. Cuando la URSS rompió sus acuerdos económicos con Somalia, Siad Barré cayó directamente  en los brazos de Washington, que no dudó en ofrecer excedentes agrícolas y apoyo militar hasta 1988, cuando la demolición de la URSS a manos de Gorbachov era inminente y Siad Barre perdía su sentido como aliado táctico.

El desastre que vino inmediatamente después es la historia de siempre. El imperialismo impuso un programa de ajustes que destrozó por completo el país, devaluó la moneda al tiempo que obligó a recortar todas las ayudas a la producción, a la inversión en salud, educación e infraestructuras. Destruyó sus principales recursos económicos, la agricultura, la ganadería y la pesca, y sumió a Somalia en una deuda eterna que, según datos del FMI, ascendía a 350 millones de dólares en 2013. Actualmente, Somalia tiene una de las mayores tasas de mortalidad infantil, un 90% de analfabetismo y una esperanza media de vida de 50 años. 

A este drama hay que sumar las situación de guerra permanente que viene sufriendo Somalia desde la década de los 90. Siad Barre es derrocado en 1991 y el país queda bajo el control de los señores de la guerra. En ese contexto se autoproclaman los estados de Puntland y Somalilandia. La situación de caos obliga a Washington a intervenir en 1993, junto a tropas de la ONU, para defender los intereses de las grandes petroleras, (Conoco, British Petroleum, Chevron y Phillips), que ya se habían repartido el subsuelo somalí. La intervención dejó un saldo de decenas de miles de cadáveres y vergonzosas imágenes de la brutalidad ejercida por los Cascos Azules. Tras la derrota militar de los EEUU, el país, arrasado, vuelve a sumirse en el caos de los conflictos internos, hasta que en 2006 Washington decide intervenir de nuevo para frenar a los llamados Tribunales Islámicos, que habían conseguido  controlar durante unos meses la mayor parte del territorio Somalí, incluida su capital y las más importantes ciudades. Esta vez el imperialismo interviene a través de las tropas de la Unión Africana y el Ejército etíope. Los Tribunales Islámicos contaban entonces con un importante apoyo popular, por el rechazo general a la ocupación extranjera y por haber conseguido mantener cierta estabilidad y desarrollo de servicios en los territorios que controlaban hasta ser expulsados de Mogadiscio en 2011 por intervención de las tropas etíopes, armadas por el imperialismo. La radicalización de los Tribunales Islámicos da origen a lo que hoy conocemos como Al-Shaabab, integrada en Al-Qaeda desde 2012. Desde entonces hasta hoy, y aunque Al-Shaabab es una fuerza replegada que utiliza el terrorismo como método de lucha, Somalia ha sido sometida a indiscriminados bombardeos por parte de la ONU y los EEUU. Actualmente los EEUU mantienen bases secretas en Somalia además de las permanentes en Yibuti, Kenia, y Etiopía. El Estado español también participa a través de la Unión Europea en las llamadas misiones de pacificación.

"Es una zona de mucha inestabilidad que puede tener consecuencias directas en la estabilidad de los países europeos", declaraba en 2016 el Coronel Luis Carcaño, jefe del equipo de adiestradores militares desplegados en Somalia. En efecto, lejos del supuesto humanitarismo por el que se justifica la presencia militar americana y europea en Somalia, los intereses económicos son claros para Occidente. Por un lado, Somalia tiene un enorme interés geoestratégico desde el punto de vista económico y militar. El 10% del suministro mundial de petróleo utiliza la ruta del Canal de Suez, que une el Mediterráneo con el Mar Rojo. Para España en particular, el dominio de la costa del Cuerno de África garantiza, además, la presencia de los armadores españoles que cubren allí el 40% de la demanda de atún. La presencia de pesqueros europeos en Somalia es la verdadera causa que ha propiciado la aparición de los llamados "piratas somalíes" de los que tanto han hablado los medios de comunicación occidentales. 

Pero lo cierto es que los verdaderos piratas son los imperialistas de EEUU y la UE, del FMI y del BM, que llevan cuarenta años expoliando los recursos naturales de Somalia, que no han dudado en provocar un estado de guerra permanente, financiando, directa e indirectamente, a los mismos terroristas que dicen combatir. Son los imperialistas quienes, además, han convertido ilegalmente  a Somalia en el mayor vertedero nuclear del planeta. Son los imperialistas y no la providencia divina quienes han convertido a Somalia, siendo un país enormemente rico, en el país más pobre del mundo. 

Camarada F