Mar12112018

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Escalada represiva en Francia

Durante los últimos meses, la represión en Francia esta viviendo una escalada muy grande, generalizándose violencias y métodos que sufrían las poblaciones del extra-radio. La ley anti-terrorista de noviembre 2017 que ha reemplazado al estado de emergencia ha contribuido mucho al desarrollo de  la criminalización de los movimientos sociales y los abusos policiales.  Francia se está convirtiendo en un verdadero estado policial que cada día hace más victimas : cientos de heridos durante las luchas sociales de primavera que culminan con un escándalo nacional y las muertes de dos jóvenes durante el verano.

 Romain, joven de 26 años ha sido ha sido asesinado el 14 de agosto de la misma manera que  Aboubakar el 3 de julio. Los dos murieron por rechazar un control policial y huir de la policía.  Estos dramas no son casualidad, hace ya mas de un año que se ha flexibilizado el uso de las armas en Francia de forma suficientemente ambigua para que disparar a personas que huyen de la policía en un vehículo esté permitido (Ley del 28 de febrero de 2017) aumentando así el número de disparos en 54% durante el 2017. Estos casos muestran los métodos y la impunidad de la que gozan las fuerzas represivas francesas . En los dos casos, testigos aseguran que la policía no se preocupaba del estado de salud de las víctimas demorando la atención médica y la asistencia. La máquina mediática y las instituciones policiales y gubernamentales no dudan en criminalizar a las víctimas y ponerse sistemáticamente del lado de la policía en estos casos. Niegan cualquier versión de los hechos que no sea policial por muy inverosímil que sea esta (como muestra la confesión del policía que mató a Aboubakar en la que admite haber mentido). Los jóvenes muertos y heridos a manos de la policía francesa se siguen acumulando 

Pero en Francia, el ejercicio de la violencia y la posterior impunidad ya no parecen ser una exclusividad  de las fuerzas policiales. El caso “Benalla” que se ha convertido en un verdadero escándalo es buena prueba de ello. Durante varios meses un vídeo mostrando una paliza gratuita de un hombre con traje antidisturbios a un joven durante la manifestación del 1 de mayo en París circulaba en internet. Pero la mayor sorpresa que la brutalidad de los hechos fue descubrir que el agresor no era policía. El 18 de julio se confirma que en realidad el supuesto policía no es ni mas ni menos que Alexandre Benalla, un consejero del presidente francés que nada tiene que ver con la policía. En medio del escándalo se descubre que el Elíseo y el propio presidente sabían lo ocurrido y decidieron gestionarlo internamente evitando la justicia.  Cuando policías intentan encubrir a Benalla dándole las grabaciones de las cámaras de seguridad se descubre un entramado en el que una serie de miembros del gobierno daban ordenes a grupos policiales saltándose cualquier tipo de estructura institucional.

El presidente y el gobierno han estado defendiendo durante todo el proceso a Benalla (que incluso escondía armas en su casa) y la violencia que ejerció a pesar de su carácter ilegal, mostrando sus métodos mafiosos y su autoritarismo. Macron no esconde sus deseos de salirse del cuadro institucional francés y ha dicho varias veces querer crear una policía paralela directamente a su servicio. El caso Benalla en el que miembros del gobierno se arman ilegalmente y actúan como policías sin ningún tipo de permiso, control o legitimidad institucional  para reprimir manifestantes desvela como la violencia es usada sin ningún tipo de trabas para someter a la clase trabajadora.

Esta escalada de violencia y de represión en todos los frentes ( Notre Dame des -Landes, movimientos sindicales, movimiento estudiantil, periferias) puede tener varios objetivos. Con  diferentes focos de resistencia que aparecen en la sociedad francesa, la burguesía usa todo su arsenal para mantenerlos atomizados e impedir la aparición de cualquier contra-poder organizado. La autoridad de la que goza el presidente en Francia (la constitución francesa es una de las que mas poder da a su presidente) permite a Macron ignorar el escándalo y aprovechar las sucesivas derrotas que acumulan los trabajadores en Francia para acelerar las medidas neo-liberales.  Por otro lado la oleada de represión también conforta a la derecha mas reaccionaria que gana fuerza en Europa y que se ve representada en un gobierno inflexible y que persigue los sin papeles y migrantes.

Los trabajadores y las organizaciones francesas, que luchan contra este gobierno neo-liberal, se preparan para una represión aún mayor en septiembre. Sobre todo ahora que saben que no solo la policía, pero también circuitos para-policiales gozan de casi total impunidad y que el gobierno no está dispuesto a ceder en nada. Ante esta situación se convierte en prioridad una buena organización de las diversas luchas anti represivas, y por eso diferentes actores (sindicatos, asociaciones de barrio, organizaciones políticas, migrantes...) intentan dar los primeros pasos para crearun movimiento estructurado de lucha contra todo tipo de represión.

W. Reutberg, militante de IC