Mar12112018

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La resistencia de la clase trabajadora francesa frente al gobierno de Macron

El 13 y 14 de abril el gobierno francés junto a sus aliados ingleses y americanos bombardearon Siria demostrando una vez más el carácter imperialista de Francia que no duda en entrar en guerra con Medio Oriente, una vez más, para defender los intereses occidentales. Pero, a pesar de la imagen construida internacionalmente por Macron, el presidente francés no goza de la misma popularidad en Francia.

Después de la reforma laboral y las movilizaciones de otoño, el gobierno francés lanza una serie de reformas y ataques frontales en todos los frentes: destrucción de la educación pública, reforma ferroviaria, recortes en educación, sanidad, ataques contra los sin papeles y al mismo tiempo eliminación de medidas de control fiscal. Para imponer estas medidas el gobierno de Macron utiliza la represión sin ningún tipo de medida y contra todos los sectores que plantean resistencia. Desde las expulsiones en las universidades por la policía, pasando por los centros de trabajo abiertos bajo vigilancia policial,  hasta la operación militar de la ZAD, los cuerpos represivos del estado muestran que son el brazo armado al servicio de los intereses del Capital. Los heridos por causas policiales desde el principio del movimiento se cuentan por cientos siendo particularmente graves los heridos por granadas policiales en la ZAD y un estudiante herido durante la expulsión de la universidad de Toulouse el 9 de mayo. 

La expulsión de la ZAD, zona rural ocupada por diversos colectivos y campesinos desde hace 10 años, ha comenzado a principios de abril con una operación represiva de gran escala: 2500 militares, un helicóptero y varios blindados… A partir del jueves 17 de mayo, a pesar de  las negociaciones empezó una segunda oleada de expulsiones de misma escala.  Esta expulsión muestra como el estado burgués es capaz de poner todos los medios necesarios para destruir proyectos colectivos que plantean una alternativa al individualismo, la propiedad privada y sobretodo  pretende romper un símbolo de  resistencia en Francia. 

Las reformas de las universidades e institutos van a instaurar una lógica empresarial y de competición en estas instituciones y preparan la futura mercantilización de estos servicios públicos. Ante estas medidas que van a terminar de convertir el acceso a la educación superior en un privilegio de las clases dominantes y dejar de lado a los alumnos más precarios, ha surgido una resistencia estudiantil. Los estudiantes han bloqueado y ocupado varias universidades francesas (algunas ocupadas durante 3 meses, como en Toulouse) mientras que muchas otras lo han intentado. Ante la masificación de las asambleas de estudiantes que reúnen a varios miles de personas en algunos centros (Nanterre, Rennes) y la multiplicación de los bloqueos, el gobierno ha opuesto una intervención policial masiva dejando en muchos casos al movimiento sin espacios ni tiempo para coordinarse.

La reforma del ferrocarril que pretende privatizarlo y destruir otro servicio público se ataca esta vez a un sector muy organizado, de los más combativos  y estratégicos de Francia. De hecho los diferentes sindicatos del sector han convocado una huelga nacional (2 días de huelga y luego 3 sin huelga)  de 3 meses de abril a junio. En las asambleas generales intersindicales de algunas estaciones de trenes como en Gare du Nord y en Saint-Lazare, los trabajadores intentan radicalizar el movimiento entrando en huelga prorrogable, bloqueando las vías y parando los trenes. La lucha de los trabajadores del ferrocarril tiene un componente simbólico muy fuerte, por un lado muchos sectores entran en huelga y se movilizan siguiendo el impulso del ferrocarril y por otro, para el gobierno una victoria frontal contra este sector le despejaría la vía para seguir con sus reformas con aún más fuerza. 

Ante las reformas neoliberales, la escalada de represión y la precarización, muchos sectores (públicos y privados) en Francia han entrado en lucha. Los trabajadores de correos, el ferrocarril, la electricidad y el gas, los basureros, Air France, Carrefour  y muchos más, hicieron huelga en abril. Varias de estas huelgas son llevadas por colectivos de trabajadores muy precarios (sectores de la limpieza) compuestos por migrantes demostrando que los sectores más precarios también pueden organizarse y ganar si están unidos durante  varios meses de huelga.

La clase trabajadora francesa intenta plantar resistencia al gobierno de Macron, aunque de forma dispersa y sectorial. Varios sectores han entendido que necesitan crear una convergencia en las luchas, pero organizar esta convergencia en actos es mucho más complicado que proclamarlo. Las organizaciones sindicales tradicionales no plantean una estrategia de clase y siguen apostando por luchas corporativistas  mientras que los movimientos que intentan organizar una convergencia de luchas como el Front Social no tienen capacidad de movilización real. Aun así las movilizaciones de trabajadores unitarias intentan salir del cuadro sindicalista tradicional que quiere imponer movilizaciones sectoriales atomizadas. Algunos sectores son protagonistas en este ámbito, como los trabajadores del ferrocarril y de correos en huelga prolongada (3 meses). Colectivos de base de estos y otros sectores intentan coordinar una solidaridad de clase. Varias universidades han sido bloqueadas a pesar de la intervención policial gracias al apoyo que han prestado estos sectores a los estudiantes. Trabajadores del McDonald en Gare de l’Est llevan ocupando el restaurante desde el viernes pasado con ayuda de estudiantes y trabajadores del ferrocarril y correos. Los trabajadores de la electricidad y el gas han cortado la electricidad de la ministra del trabajo mientras presentaba sus reformas y abaratado durante varias horas a 150 000 viviendas de barrios populares el coste del consumo eléctrico además de plantearse cortes de energía a empresas que criminalicen la acción sindical. Ferroviarios multiplican pequeñas acciones locales de apoyo a otros movimientos como el sábado 19 de mayo que entraron en un Carrefour de Lille (que ha vivido una gran huelga que todavía sigue en  algunos centros) e hicieron salir sin pagar a los clientes terminándose la acción con el cierre del centro. Muchos movimientos en lucha también se solidarizan con la ZAD, algunos yendo a la ocupación a traer materiales necesarios para la ocupación como los ferroviarios y en Nantes varios sectores de trabajadores están organizando una red de solidaridad. Coordinar la lucha es una tarea gigantesca pero el ejemplo que muestran estos sectores es un primer paso hacia una solidaridad de clase que va más allá del comunicado y entra en acción. 

La aglutinación de las fuerzas y la coordinación de las luchas se están convirtiendo en  objetivos comunes habiendo llamado el 26 de mayo a la primera manifestación unitaria  de sindicatos de todos los sectores, asociaciones y partidos de izquierda.  De la misma manera muchos sectores se unen a la huelga de funcionarios del 22 de mayo y el sector estratégico de los conductores de camiones  entrará en huelga a partir del 3 de junio.

Ahora más que nunca hace falta una organización de clase que defienda los intereses de todos los trabajadores, que sepa ver más allá de luchas sectoriales y defensivas para aglutinar las diversas luchas obreras junto a las luchas de los migrantes, sin papeles, el antirracismo, el feminismo y el anti-imperialismo.