Mié03202019

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Yo voy con las mías

Este 8 de marzo yo paro, y tomo las calles. Por las mías y con las mías. Sí, con las mujeres. Pero no con todas las mujeres.

Yo no voy con la Botín, ni con la Arrimadas. Ni mi lucha es un feminismo avainillado que me quiere vender que todas tenemos los mismos problemas. Porque unas sostenemos el mundo con nuestro trabajo, mientras que otras se enriquecen a nuestra costa y lo único que sostienen es un sistema que va contra la vida. Contra la mía, contra la tuya, y contra la de millones de personas en todo el mundo.

Yo no voy con esas que nos explotan y se enriquecen. No son las mías las que pueden parar sin esfuerzo porque otras les siguen produciendo los miles o los millones, porque otras les fregarán mañana los platos que no se fregaron hoy, o les escribirán los informes, o se harán cargo de sus hijas o de sus abuelas, o les limpiarán la mierda en cualquiera de sus sentidos.

No voy tampoco con quien se dice feminista, porque es lo que se lleva ahora. Porque resulta que esa etiqueta suma votos, y hay quienes rápidamente se la cuelgan para justificar que son “de izquierdas”. Pero mientras no tienen ninguna intención de hacerle ni siquiera cosquillas a ese capital que nos explota y exprime nuestras vidas. Será una mala costumbre, pero yo no voy con quien me utiliza y me manipula. Y por eso no pienso ir con quien con una mano llama al feminismo a las urnas para hacer frente a la derecha, mientras con la otra alimenta y acaricia a esta bestia capitalista que es quien produce el fascismo. Será que es la que le permite vivir en grandes casas, conducir buenos coches, o no tener que planchar el modelito recién estrenado porque se lo hace otra. No como el feminismo, que no le ayuda en nada.

Este 8 de marzo yo paro. Y lucho. Porque a mí el feminismo sí me salva la vida. Por eso voy junto a las mujeres que son como yo y que viven como yo: las que hacen malabares para pagar el alquiler o poner un plato en la mesa a final de mes y a veces ni así llegan; las que viven en barrios que están más sucios y son más inseguros que el precioso centro de la ciudad; las que aguantan las estupideces del jefe porque no les queda otra, y aún no saben si las van a echar; las que viajan apretadas en el metro; las que no cumplen los cánones de belleza porque cuando salen de trabajar, siguen trabajando y eso saca ojeras y arrugas; las que acaban por tomar la pastilla de dormir, porque no hay salud mental, por fuerte que sea, que resista esta locura de sistema. Yo voy con las que todos los días luchan contra este sistema que va contra nuestra vida.

Este 8m yo paro con las que trabajan: con o sin salario. Y hasta paro por las que no pueden parar: porque ya están en paro, o porque cuidan de personas que las necesitan, o porque aún no hemos sabido decir basta a que haya hermanas que estén esclavas. Porque se que sus derechos son mis derechos y al revés. Y sé que con nuestros más y nuestros menos caminaremos juntas, porque es la única forma que tenemos de ganar. Porque sé que de que sepamos organizarnos y recoger nuestros propios frutos, depende nuestro futuro.

Yo he venido aquí a cambiar mis condiciones y a construir el mundo que nosotras necesitamos para vivir. A dejar de ser la violentada, la explotada, la manipulable y la pobre. Y tengo una sola razón para hacer el enorme esfuerzo que supone defender mis intereses desde una organización: ganar. Si no nos organizamos para sumar nuestras fuerzas y recoger colectivamente el fruto de nuestro trabajo, otras dictarán la agenda, arrimarán la lucha al ascua que más les caliente, y mientras tanto para el resto seguirá sin cambiar nada. Por eso elijo estar en el equipo de las que van a dar mi misma batalla, de las que son como yo. Por eso hoy paro, pero mañana me organizo para seguir caminando.

Este 8 de marzo yo paro. Y lucho. Pero con las mías.