Jue02212019

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Terrorismo patronal en Almería

Hace años ya que la producción agrícola en el Estado español viene convirtiéndose en el escenario de una de las contradicciones más drásticas del imperialismo. La explotación sistemática de amplios territorios en todo el mundo causa una constante corriente migratoria, compuesta por una clase obrera desesperada por escapar de la miseria y que encuentra en zonas agrícolas de los Estados que han causado su situación una serie de nuevos abusos.

La burguesía terrateniente, mientras de forma rastrera jalea contra su llegada de cara a la galería, se ampara en la intimidad que les brinda su apropiación de la tierra para someter al proletariado migrante a las cotas más altas de explotación. Así, el Estado español se convierte en uno más de los centros parasitarios de la producción en otros países y, a su vez, cuenta con una reserva de burgueses dispuestos a recoger las migajas del caos que provocan en lugares hacia los que nunca deberían haber extendido sus avariciosas garras.

Además, su afán por exprimir lo más posible la situación lleva a las trabajadoras y trabajadores a los que explota a poner en riesgo su propia vida, precarizando su labor, negándoles unas condiciones en las que puedan afrontar con unas mínimas garantías su jornada laboral, e incluso cometiendo flagrantes abusos que atentan contra su dignidad.

Debido a esto se producen hechos como el ocurrido el pasado viernes, dieciocho de enero, cuando, víctima de estas terribles condiciones, falleció el joven Mohammed El Bouhaled, según la autopsia, a causa del envenenamiento por inhalación continuada de gases tóxicos tras sulfatar un invernadero en Níjar (Almería). Las trabajadoras y trabajadores se veían obligadas a almorzar en el interior del recinto. Mohammed llevaba ya varios días sufriendo las consecuencias de estas prácticas, y pese a ello, y aún habiendo acudido al centro de salud, no se le facilitó una baja que pudo haber evitado las fatales consecuencias que finalmente sucedieron.

No es solo el desprecio por la propia vida de los seres humanos a los que explota esta burguesía rural, no es solo la complicidad inconsciente de unos servicios públicos que ignoran el cometido al que se supone que se deben, no es solo esta violencia burguesa institucionalizada que se ceba especialmente con los más desposeídos de entre los desposeídos. Es la forma en la que esto se convierte en un mecanismo habitual sin reparos para destruir vidas como la de Mohammed.

Ante esta situación insostenible no basta con la organización del proletariado migrante de cara a intereses tan inmediatos como sus vidas. Los sectores más conscientes de la clase obrera del Estado español, por su parte, se encuentran ante la ocasión de hacer frente al imperialismo y al terrorismo patronal dentro de sus propias fronteras, en su plaza fuerte, con la solidaridad de clase como principal arma. Es tarea de las y los comunistas articular estos movimientos, apuntar a la verdadera naturaleza de sus causas y dotar a la respuesta ante crímenes como este de una dirección consciente hacia los intereses objetivos de nuestra clase.

Mohammed cerró los ojos, dejó atrás a su familia, y en su esquela no pondrá el verdadero motivo de su muerte. Los mal llamados accidentes laborales no son otra cosa que asesinatos. Puede que la burguesía no apriete un gatillo ni aseste una puñalada, pero sus manos están manchadas de sangre.

 

¡Contra el terrorismo patronal, organización proletaria