Jue02212019

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Conflicto del taxi

El dinero de los ricos por encima de las personas 

Tal vez haya personas que no sientan especial simpatía por el gremio del taxi, en parte por tópicos y en parte por experiencias como usuarios, pero las vísceras, y menos aún la manipulación mediática, no pueden guiar el análisis sobre cualquier cuestión ni, por supuesto, el actual conflicto del taxi en Madrid y Catalunya.

Lo primero a tener en cuenta es que en el sector del taxi se mezclan trabajadores autónomos, asalariados y empresarios del sector, por lo que no nos encontramos ante el típico conflicto obrero, si bien tras el desmantelamiento industrial de las últimas décadas, muchas personas despedidas invirtieron sus indemnizaciones en la compra de una licencia de taxi, al precio de una vivienda, para asegurarse un auto-empleo.

El conflicto del taxi tiene alguna similitud, salvando las distancias, con la contradicción entre el pequeño comercio y las grandes superficies, produciéndose con la irrupción de las multinacionales UBER y CABIFY en el sector del transporte urbano, asegurándose un precio muy competitivo mediante la explotación de falsos autónomos que ponen su vehículo al servicio de dichas empresas, que controla el servicio, y cuya relación fraudulenta ha sido puesto de manifiesto por los tribunales en varias ocasiones, señalando que se trata realmente de trabajadores por cuenta ajena.

El taxi ha disfrutado durante décadas del monopolio del transporte discrecional en las áreas urbanas, pero la irrupción del VTC puede suponer incluso la extinción del propio sector, lo que explica la virulencia del conflicto. Puede opinarse que el servicio de taxi es caro, pero puede ocurrir como en cualquier actividad comercial, en el que tras un periodo de precios bajos que hunda la competencia del autónomo o la pequeña empresa se establezca un virtual oligopolio que haga que puedan las grandes empresas imponer sus precios a voluntad.

Las lamentables agresiones sufridas por trabajadores de VTC, que son también víctimas del enfrentamiento, son consecuencia del limitado nivel de conciencia de taxista, pero no pueden servir como excusa para denostar sumariamente la lucha del taxi acusándoles de violentos, porque tras las furibundas críticas a las movilizaciones de estos días subyace los de siempre: Se vitupera a los taxistas cuando perjudican el negocio de los grandes empresarios, y en concreto la feria FITUR en Madrid, escaparate de las grandes empresas de turismo y hostelería, uno de los sectores económicos más importante en el Estado español. Se señala que se está perjudicando a la economía de este Estado, que depende en gran medida del turismo, ocultando que en estos años de records de turismo no se ha subido los salarios de camareras de pisos, camareras y cocineras en proporción al incremento del beneficio empresarial de estos sectores.

Caer en la trampa de criminalizar a los taxistas afirmando que sus movilizaciones son coactivas y violentas es echar piedras sobre nuestro propio tejado, porque estas críticas se esgrimen también contra todo tipo de movilización obrera o social en el que se corte una carretera o se efectúe un escrache. La experiencia colectiva denota que no basta tener razones de peso y movilizarse masiva y pacíficamente para obtener respuestas satisfactorias a las demandas sociales. Un cabal análisis de la realidad debe primar para comprender las causas de los conflictos, aunque a las clases populares nos suponga una molestia en nuestro devenir cotidiano.

Exigir a las administraciones que dejen de echar balones fuera, y de adoptar una actitud cobarde para evitar enfrentarse a las grandes empresas UBER y CABIFY, cuando ni siquiera adoptan una actitud inspectora decidida para poner coto a la sobreexplotación de sus empleados, es la mejor manera de contribuir a superar los aspectos más contradictorios de este conflicto, pero no podemos caer en el papanatismo de dejarnos manipular y criticar como violenta a toda movilización que se oponga a los intereses de la oligarquía, sea esta laboral o de otra naturaleza.