Dom07222018

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El gobierno dice que no va a anular la Reforma Laboral

CCOO y UGT manifiestan que no es necesario revocar dicha reforma

A escasos días de su nombramiento como nuevo Presidente del Gobierno, ha salido a los medios de comunicación la declaración de Pedro Sánchez que señala que no se valora por su Gobierno la derogación de la reforma laboral aprobado por el Gobierno Rajoy en 2012.

Dicha reforma allanaba el camino a nivel legislativo para la sobreexplotación de la clase trabajadora, facilitando el despido objetivo, fijando un periodo de prueba de un año para los contratos en empresas pequeñas y medianas, reduciendo los derechos de las personas trabajadoras ante el despido, consagrando la movilidad funcional, favoreciendo en suma la sensación que tiene nuestra clase de estar en un periodo de prueba permanente, de tal modo que cuando el “empresaurio” nos dice que hemos de quedarnos unas horas más, que no se nos van a pagar, claro, y que tenemos que aumentar nuestra productividad para engordar las arcas del patrón, resulta difícil negarse al tener la espada de Damocles del despido.

 Las declaraciones de las direcciones de CCOO y UGT en el sentido de que no es necesario derogar la reforma laboral con el argumento peregrino de que “antes de la reforma también había precariedad” (que es como decir que antes de la reforma también había enfermedades contagiosas), denotan el papel siervo de las direcciones de dichas centrales a los intereses del capital.

Paralelamente, y en concreto en el Boletín Oficial del Estado de 5 de junio de 2018, se publicaba la concesión de subvenciones a las centrales sindicales, que les permite seguir obteniendo fondos para el funcionamiento de aparatos de eternos liberados cuya relación con el mundo del trabajo arranca del pasado siglo.

Puede ser casualidad; dirán las personas ingenuas. Pero hemos de afirmar que en materia política y social la casualidad no existe.

En las antiguas colonias del Caribe a los negros sumisos se les daba garbanzos para comer, frente a los esclavos insumisos que no merecían tal privilegio. El garbanzo era la diferencia entre quien se inclinaba ante el poder y quien mostraba su espíritu de resistencia. Parece que las direcciones de CCOO Y UGT quieren comer garbanzos, como corresponde a esclavos buenos y respetuosos con los amos. Los actuales siervos del capital comen muchas cosas (y no solo legumbres) como  consecuencia de su actitud sumisa con la patronal: Firman EREs y acuerdos sindicales cuyo único contenido práctico es incrementar el número de liberaciones, y cobran por todo ello, llámese asesoramiento sindical o formación, todo para alimentar a un aparato que a cambio de prebendas están dispuestos a mantener a nuestra clase en la más absoluta precariedad.

Ojalá más temprano que tarde la clase trabajadora se levante no solo contra la patronal sino también frente a sus lacayos “sindicales”, y pongan en pie un movimiento emancipador de, por y para la clase obrera, que no solo barra a la patronal de nuestra tierra sino también a sus lacayos come-garbanzos que son una vergüenza para nosotras. Mientras esto llega conviene recordar donde esta cada quien.