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La violencia que arrasa con la vida de las jornaleras marroquíes

En el Norte Global compramos el dolor y la explotación  de las chicas del sur global. A. Davis


 

Almonte, Huelva, Estado español. Empresa Doñana 1998. El encargado de esta explotación agrícola agrede sexualmente a nueve trabajadoras marroquíes y esclaviza a más de 400 en la recogida de la fresa. Las trabajadoras se rebelan y denuncian los hechos, con el apoyo de la mayoría de jornaleras. Tras hacerse públicos los hechos, los empresarios y responsables de la explotación agrícola secuestran a las jornaleras marroquíes para deportarlas para que no puedan, como testigos o víctimas, confirmar los hechos en el proceso judicial. 

La explotación capitalista y la violencia patriarcal no conocen límites a la hora de asegurar sus intereses. El imperialismo produce sus propios monstruos con los que Occidente devora las vidas de las trabajadoras del Sur Global. El negocio está servido: los propietarios de explotaciones y los empresarios distribuidores multiplican sus beneficios gracias a la superexplotación de la mano de obra más vulnerable. El sector agrícola y ganadero es el sector que más emplea a trabajadores migrantes con una tasa de extranjería que roza el 50%. En este caso, siendo 19.000 jornaleras marroquíes las contratadas tan sólo para la recogida de fruta en la provincia de Huelva, podemos imaginar las dimensiones de la explotación laboral, agresiones sexuales y los beneficios de todas las empresas que intervienen en la producción y venta de los alimentos.  

Pero la explotación y el abuso que sufren las trabajadoras migrantes no se limita tan sólo a su actividad económica, o más bien, la explotación laboral de las mujeres obreras migrantes está atravesada por la violencia sexual que ejercen sobre ellas los empresarios. Angela Davis lo analizó hace ya unas décadas: "Siempre ha sido un secreto a voces la existencia del propagado fenómeno del acoso sexual en el trabajo. De hecho, es precisamente en el trabajo donde las mujeres son más vulnerables, especialmente cuando no están sindicadas. Después de haber dejado asentado su dominio económico sobre sus subordinadas femeninas, los patrones, los gerentes y capataces pueden reafirmar su autoridad en términos sexuales. El hecho de que las mujeres de clase trabajadora sufran una explotación más intensa que los hombres de su misma clase amplifica su vulnerabilidad al abuso sexual, mientras que, simultáneamente, la coerción que se ejerce sobre ellas refuerza su vulnerabilidad a la explotación económica".

La propia naturaleza del capital configura las relaciones laborales con las mujeres incluyendo y reproduciendo la violencia sexual, y es por esta misma razón que la precariedad que sufren las trabajadoras migrantes no se limita al sector agrícola. En el sector de hostelería y el trabajo doméstico, las agresiones sexuales a trabajadoras migrantes y racializadas son condiciones normalizadas en las relaciones de trabajo (ver informe "Violadas y expulsadas"). En este ambiente de violencia y humillación, las empresas amenazan con no "darles los papeles" si denuncian las agresiones, o directamente si no se somenten a ellas. Y no es para nada casual que los sectores laborales más precarios sean al mismo tiempo los que más mano de obra femenina y migrante contratan. La vejación y humillación como supervivencia, la explotación capitalista como cáncer a extirpar en el desarrollo de las vidas. 

La connivencia del Estado español con la explotación y violencia contra las mujeres trabajadoras migrantes es fundamental para asegurar su control y sometimiento y los beneficios de las empresas. Las instituciones españolas organizan cada semana deportaciones exprés a las mujeres que denuncian violencia sexual en sus trabajos, y garantizan la impunidad de los agresores y explotadores, y de carceleros que violan a las mujeres en los CIEs. Sólo garantizando una mano de obra absolutamente vulnerable es posible asegurar las ganancias del capital en los procesos de crisis cíclica. 

Y mientras tanto, las organizaciones comunistas jamás podemos permanecer al margen. Cuando luchamos por construir poder obrero, cuando luchamos por construir el poder de las mujeres, nunca debemos olvidar que el capital y el imperialismo construyen y configuran todas las relaciones sociales. Por eso no estaremos en la trinchera del feminismo de Ana Patricia Botín, con el feminismo oportunista del régimen sangriento de Israel, con el feminismo liberal del "techo de cristal", con el feminismo que silencia las desgracias de trabajadoras migrantes. Delimitaremos bien las líneas: o con la clase obrera, o con la burguesía.