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14 de abril, por la amnistía, la autodeterminación y la república socialista

"Entre tanto, a medida que avanzaba la tarde las calles estaban llenas de público, recorriéndolas en numerosas manifestaciones, algunas de las cuales iban con bandas de música, otras, llevando bustos de la República, y en general, los manifestantes con banderas de la República y banderas catalanas, dando vivas, cantando la Marsellesa y otros himnos del mismo carácter."
La Época, abril de 1931
 

El 14 de abril de 1931 se proclamaron dos repúblicas; La Española y la Catalana, esta última disuelta a los tres días a cambio de la promesa, por parte del Gobierno Provisional, de un Estatuto de Autonomía que se aprobaría en 1932.  No era la primera vez en la historia  que se proclamaba la República catalana. La primera vez fue en 1641, tras la Revuelta de los Segadores, que culminó con la proclamación de una República sometida al vasallaje francés de Felipe IV. La segunda, de tipo federal, durante la I República Española en 1873.  Otras dos fueron posteriores a la que Francesc Macià proclamó aquél 14 de abril; La de Companys en 1934 y la efímera DUI de octubre de 2017. Cinco intentonas frustradas en cuatro siglos. Cuatro siglos que deberían bastar para hacer comprender al chovinismo español, entre la izquierda en general y en el movimiento comunista en particular, que la nación catalana no es un invento diseñado por el pujolismo. La nación catalana es antigua, pero sobre todo es tozuda.

Decía Marx que los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces; Una vez como tragedia y la otra como farsa. Es inevitable hacer paralelismos entre los actuales acontecimientos y los hechos acontecidos desde la proclamación de la II República. El Vicesecretario de comunicación del PP, Pablo Casado, encarnando magistralmente la repetición del franquismo como farsa, advirtió el pasado octubre sobre el futuro de Puigdemont: "¡Qué no se repita la historia porque igual acaban como Companys!". De aquellos barros, estos lodos. La tragedia represiva tras la victoria golpista se desató bestial y sin tapujos. La actual farsa se viste de elegantes togas y democráticas constituciones.

Sin embargo, no debemos entender la afirmación de Marx como una especie de maldición determinista a la que, sin remedio, estemos condenados. No podemos "hacer la historia a nuestro libre arbitrio" sino bajo las circunstancias que nos han sido legadas por el pasado, y nuestro legado es el resultado de una revolución democrático-burguesa -la II República- truncada por el fascismo. El mismo fascismo que, después de cuarenta años de brutal represión, se vistió de seda para ajustarse a las exigencias formales del capitalismo moderno.

No podemos, en las circunstancias actuales, apelar a la celebración de un 14 de abril folclórico, con las cárceles del Estado repletas de presas y presos políticos, con la violenta negación del pueblo catalán, con la infame represión política y sindical, con la miseria que se agiganta cada día asfixiando a millones de trabajadoras. No podemos sacar nuestra poesía del pasado, sino solamente del porvenir, pero es preciso comprender las lecciones de la historia para no volver a repetirla como farsa. La revuelta de los segadores puso de manifiesto las contradicciones entre los intereses de la oligarquía catalana y las clases populares en la lucha nacional. El fracaso de las revueltas cantonales durante la I República puso de manifiesto la necesidad de organizar políticamente a la incipiente clase obrera. La II República puso de manifiesto, entre otras lecciones, que las burguesías nacionales traicionarán una y otra vez las aspiraciones de sus pueblos en cuanto vean peligrar sus privilegios, y que la unidad de la clase obrera en el Estado, incluso en los procesos democráticos, es fundamental para enfrentar a la reacción y vencer al enemigo.

El 14 de abril levantamos, por lo tanto, la bandera de la República, pero no desde un republicanismo vacuo, expresado tan solo en contraposición a una monarquía, sino desde un republicanismo de clase, que sea capaz de aglutinar a todas las naciones, a todas las fuerzas populares y obreras del Estado para escribir, codo con codo, nuestras propias poesías, en todas las lenguas. Para conquistar nuestra libertad con el porvenir del socialismo en el horizonte.

Si no luchamos juntas, nos matarán por separado.

¡LA CAUSA DEL PUEBLO CATALÁN ES LA CAUSA DE TODOS LOS PUEBLOS!

¡DEFENDER EL DERECHO DE AUTODETERMINACIÓN DE CATALUÑA Y TODOS LOS PUEBLOS!

¡AMNISTÍA PARA TODAS Y TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS!