Dom05272018

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La Huelga General para las mujeres obreras

Haciendo un recorrido histórico por las huelgas generales convocadas en el Estado español durante este periodo de democracia burguesa, nos podemos hacer una idea de la importancia que se da a la explotación y violencia concretas que sufrimos las mujeres trabajadoras. Desde la huelga general de 1981, pasando por la última huelga general de 2012, apenas se ha criticado el impacto de la violencia económica capitalista sobre las mujeres obreras.

 

No es de extrañar que desde los sindicatos mayoritarios del Estado se ignoren todos estos ataques contra las mujeres obreras; su política conciliadora y colaboracionista con la patronal y la escasa la presencia femenina en la afiliación y en sus órganos de responsabilidad legitiman nuestra explotación laboral. Tampoco podemos extrañarnos de esto, ya que las mujeres asalariadas y más concretamente, las mujeres migrantes, desarrollan los trabajos más precarios y temporales, lo que les coloca en una situación poco ventajosa para sindicarse y desarrollar trabajo político en los centros de trabajo.

 

La escasa importancia que se ha dado a la violencia contra las mujeres trabajadoras contrasta enormemente con la importancia que tiene su existencia bajo las relaciones sociales capitalistas. No sólo nos encargamos del mantenimiento de la familia y de la función “privada” de procreación de mano de obra, sino de todas las tareas domésticas no remuneradas asociadas a ella: limpieza, abastecimiento de todo tipo de productos, comida, atención psico-sanitaria y sexual, etc. Todas estas tareas permiten al capitalista mantener situaciones de sobreexplotación a todos los trabajadores, a pesar de que esta función “privada” no sea trabajo productivo o produzca plusvalía. Si bien es cierto que una parte económicamente aventajada de las mujeres trabajadoras ha podido “trasladar” las tareas domésticas pagando bajos salarios a mujeres obreras migrantes, ello no elimina la importancia de las actividades domésticas para el sistema de producción capitalista. Más si cabe cuando la perspectiva global del trabajo doméstico se configura actualmente bajo relaciones imperialistas, organizando negocios mediante la creación de un flujo de mujeres provenientes del Sur global asociadas a agencias y contratas internacionales que facilitan su contratación en hogares occidentales.

 

Estas tareas históricamente adheridas a las mujeres de clase obrera se reflejan claramente en el mercado de trabajo occidental, el cual se define por la temporalidad, los bajos salarios, las jornadas partidas para cuidar a la familia y la alta concentración en los sectores sanitario, educativo, de limpieza, hostelería y servicios domésticos.

 

El ataque del capital se recrudece contra las mujeres obreras en todos los ámbitos, no sólo en la esfera del trabajo asalariado: la mitad de las mujeres solteras con hijos en el Estado español no puede acceder a los bienes más básicos para la supervivencia: vivienda, gastos escolares y alimentación; más de la mitad de las mujeres menores de 25 años no tiene trabajo y una de cada cuatro mujeres jubiladas está en situación de pobreza, siendo que casi la totalidad de personas que reciben la pensión mínima son mujeres. Las tasas de paro y desempleo están marcadas igualmente por esta diferencia: ambos indicadores muestran que las mayores afectadas por la economía capitalista son las mujeres.

 

Las instituciones burguesas sólo relacionan esta situación de pobreza con un problema de mala conciliación entre la vida “laboral” y “personal”, como si esta conciliación fuera real y posible y no estuvieran pretendidamente orientas a ignorar que el modo de producción capitalista se sostiene con la sobreexplotación y pobreza de las mujeres de clase trabajadora, y dentro de ellas, de las mujeres migrantes. Y es que en periodos de crisis capitalista, sólo mediante la creación de este ejército industrial de reserva, es posible mantener empleos con salarios que no permiten el acceso a los bienes y servicios más elementales para vivir. El 80% de las mujeres migrantes tienen empleos de baja cualificación y permanecen en ellos durante la mayoría de su vida asalariada; más de la cuarta parte de las personas en paro son mujeres migrantes y sólo un 20% de ellas tienen estudios superiores, la mayoría de países occidentales.

 

La situación que el capital otorga a las mujeres obreras es insostenible: la explotación en el empleo y hogar hacen de nosotras sujetos altamente vulnerables, sin independencia económica para poder, entre otras cosas, separarnos de los hombres que nos agreden en nuestras casas y entorno. La violencia machista retroalimenta la violencia económica y viceversa. No tenemos herramientas de ningún tipo para afrontar la violencia machista que ha acabado con la vida de 98 mujeres en el año 2017. Además de ello, se nos instruye en la maternidad y el hogar para que sean elementos fundamentales de nuestras vidas pero al mismo tiempo se nos penaliza en el trabajo asalariado precisamente por ser madres y cuidar de la familia. El imposible equilibrio que se nos exige como trabajadoras y como madres tiene sin embargo mucho sentido para el capital, pues sólo garantizando el encadenamiento de las mujeres en el trabajo y hogar es posible asegurar las ganancias de la burguesía que nos emplea en estos periodos de crisis. Las mujeres trabajadoras lo tenemos claro, si paramos nosotras, se para el mundo.

 

Por todo ello, este 8 de marzo de 2018 apoyamos y participamos en la primera Huelga General de mujeres obreras convocada por el sindicato CGT en todo el estado y en todos los sectores. Como mujeres comunistas debemos apoyar e impulsar todas aquellas luchas que originen lazos entre las mujeres de nuestra clase, debemos apoyar e impulsar la conciencia de nuestra explotación mediante el trabajo político en las luchas obreras y la organización comunista. Es una responsabilidad histórica de las más explotadas, la construcción de un partido revolucionario que nada tiene que hacer sin nosotras. Como ya dijo la camarada Kollontai, el día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado a cabo para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora está sirviendo a la causa, no de división, sino de la unión de las mujeres trabajadoras.

 

¡Mujeres obreras abajo las cadenas!