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Reivindicaciones por un transporte público por y para la clase obrera y el estudiantado

“La alianza entre el gobierno y la Bolsa se realiza con tanta mayor facilidad, cuanto más crecen las deudas del Estado y más van concentrando en sus manos las sociedades por acciones, no sólo el transporte, sino también la producción misma, haciendo de la Bolsa su centro.”

F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

Viendo un plano del transporte público madrileño a nadie se le escapa que se trata de un diseño radial: en primer lugar, se han creado diferentes coronas que van rodeando la ciudad de Madrid y que a la vez que se alejan, va aumentando el precio del billete o del abono, llegando hasta la abusiva cifra de 99,3€ mensuales la zona C2 (la más alejada de la capital).

A la vez que nos alejamos de la gran ciudad, los y las trabajadoras que vivimos en las ciudades dormitorio del extrarradio de Madrid, vemos cómo los servicios disminuyen. En este caso se ve claramente en la frecuencia de paso de la línea C3 de Cercanías Madrid que en horas punta pasa cada 10 o 15 minutos y en horas valle puede llegar a tardar 30 o 35 minutos. Sumado a las bajas frecuencias y a los altos precios, también venimos sufriendo averías constantes, retrasos y toda una serie de incidencias que no hacen más que enfrentar a quienes usamos estos servicios con los y las trabajadoras que lo prestan, enfrentando a la clase trabajadora con la clase trabajadora. Uno de los puntos álgidos de la problemática de las averías llega el 22 de diciembre en la línea C7 de Cercanías, cuando un tren (del modelo más antiguo que presta servicio y de dos plantas) choca contra el tope de la vía en la estación de Alcalá de Henares, dejando al menos 30 personas heridas y dos en estado grave. El problema, lejos de ser culpa de quien lleva a cabo la tarea de conducir el tren, es del titular del servicio, de la empresa que obtiene la plusvalía del trabajo, de quienes reciben las agresiones laborales constantes.

Pero allí donde intentan enfrentarnos, se encuentran con una clase trabajadora organizada, en lucha por lo que es suyo: ahora mismo, hay tres conflictos en Madrid: en ALSA, en Avanza autobuses Interurbanos y en el metro. En todos estos conflictos las trabajadoras se han enfrentado a sus empresas para pararles los pies y luchar por sus puestos de trabajo organizando paros, boletines informativos y trabajando por crear conciencia entre las compañeras. No podemos aislar estos ataques laborales a quienes mantienen los servicios de transporte público, del mal funcionamiento del mismo. El “ajuste de plantilla”, los cambios frecuentes de jornadas y horarios, los mecanismos de flexibilización de las condiciones laborales, turnos, vacaciones, etc, explican el estado actual del transporte público. Es esta la ecuación: las empresas y el Estado ganan, las trabajadoras pierden.

Aquí no acaban los problemas de quienes usan el transporte público en las zonas periféricas de Madrid. En algunas estaciones aún no hay instalados (ni tan siquiera proyectados) ascensores que permitan pasar de un lado a otro sin tener que bajar unas escaleras o pasar por encima de las vías (Aranjuez o Ciempozuelos son dos estaciones de la línea C3 de Cercanías que aún siguen esperando tener ascensores). Por no hablar de las escaleras mecánicas que, como en el caso de la estación de Atocha, llevan paradas meses y nadie sabe cuándo serán arregladas.

En segundo lugar debemos analizar cómo las líneas de tren especialmente convergen en Madrid, generando en la ciudad el centro neurálgico de todo el transporte público, olvidando completamente la conexión entre ciudades relativamente cercanas. Estos viajes se convierten en odiseas porque la distribución de vías obliga a pasar por Madrid sí o sí. No hay manera de ir de Fuenlabrada a Getafe en cercanías sin pasar por Madrid, cuando entre ambas ciudades no hay ni tan siquiera 9km. En este ejemplo al menos existe la conexión mediante MetroSur. Si analizamos otro caso, como por ejemplo el trayecto entre Aranjuez y Alcalá de Henares, observamos cómo el diseño centralista de la Capital convierte este trayecto de 76km (aproximadamente 1 hora en coche) en uno de 90km (que se convierte en un trayecto de 1 hora y 20 minutos de tren) sin contar los desplazamientos que hay que realizar para llegar a las respectivas estaciones, que fácilmente podría poner el viaje en torno a las dos horas.

Todas estas denuncias que se han venido realizando no hacen más que ir en contra de la clase trabajadora, que no ha tenido más opción que migrar a las ciudades periféricas para poder tener al menos una vivienda y que a la hora de tener que ir a trabajar o a estudiar, se ven claramente desfavorecidas, pues las zonas con mayor concentración de empresas se han ido acercando a Madrid o se han mudado a la zona norte de la Comunidad. Esto vuelve a poner en clara desventaja al sur frente al norte, que históricamente se ve perjudicado por las decisiones del capital.

La burguesía niega cualquier posibilidad de desarrollo a la periferia obrera, y eso se refleja también en el transporte público. Tan solo si entendemos el transporte público como herramienta controlada por y al servicio de la burguesía, entendemos el pésimo funcionamiento y diseño del mismo. Y es que también para la burguesía es muy cómodo tener a su servicio un conglomerado de servicios de transporte como era la antigua Renfe (empresa pública), que actualmente está dividida en dos: ADIF y Renfe. La primera es de titularidad pública y gestiona las vías y estaciones, y la segunda una empresa privada, con sus beneficios, se encarga de explotar lo que se supone de todos y todas. Esta gestión convierte de facto el transporte público en un monopolio, siendo que una vez más se vuelve a demostrar que las leyes burguesas están solo para cuando interesa, cuando se trata de una red clientelar, de amiguismos, enchufismo y colocación de favores políticos. Pero aquí no acaban los problemas: el anterior Ministro de Fomento, Méndez de Vigo, ya dijo que quería ahondar en la liberalización del sector, en lugar de que sea el Estado quien paga y quien da el servicio, eficiente y pos de ser por y para la clase trabajadora que es quien lo mantiene de manera indirecta y directa.

El transporte público es un problema que afecta por entero a la clase obrera, porque mantiene el servicio en condiciones de explotación asalariada, y porque son las propias trabajadoras quienes utilizamos este servicio para nuestra actividad laboral. Y por esta misma razón nos encontramos con los problemas habituales en la red de transporte. Y es que a la burguesía le son indiferente las condiciones de prestación de servicio o condiciones laborales de quienes trabajan en este sector, pues no es su clase quien usa el servicio, ni quien lo mantiene. A la burguesía le es suficiente con que llegues en unas condiciones mínimas para poder realizar tu trabajo. Da igual la cantidad de horas antes que hayas tenido que salir de casa, da igual que no haya baños o que estén estropeados, o que el metro se inunde cada vez que llueva. Porque a la burguesía no le importa nuestro transporte, a nosotras, las trabajadoras SÍ.

 

¡Por un transporte controlado por y para la clase obrera!