Dom06242018

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Sobre el asesinato de Diana Quer

El 30 de diciembre del ya pasado 2017, se hallaba el cuerpo de Diana Quer, tras 17 meses desaparecida.

"Me estoy acojonando, un hombre me está llamando". Estas fueron las últimas palabras de Diana, otra hermana más asesinada por no someterse ante la violencia machista, por luchar por sobrevivir, igual que otras muchas de las nuestras, y otras tantas que, para no sufrir lo que Diana, prefirieron aguantar la violencia y brutalidad de estos casos, por la vida, por su vida.

Dos casos cierran este año, los cuales muestran cuál es la naturaleza del Estado español, un estado burgués, y por lo tanto, profundamente patriarcal. Por un lado, nos encontramos con el caso de Diana, el cuál es una de las máximas consecuencias de un sistema patriarcal, un asesinato machista, por el cual todo el mundo parece sentirse enormemente conmocionado, rechazando y denunciando este tipo de agresiones de los hombres hacia las mujeres. Sin embargo, nos encontramos también, "en contraposición" con el caso de La Manada, donde una hermana fue violada por un grupo de hombres en los San Fermines, en este caso, en cambio, ella ha sido profundamente cuestionada y vejada de forma pública, tanto por las instituciones como por los medios de comunicación, mostrando así la verdadera naturaleza del estado. En este último caso, la responsabilidad y la culpa se vuelca sobre la mujer "ella se lo buscó", "debería de haber tenido más cuidado", "se fue con ellos de forma voluntaria", cuando, si no se hubiese resistido, lo que habría podido ocurrir es lo que le ha ocurrido a Diana. Asesinada por intentar ser libre.

Bajo el capitalismo y el patriarcado, la mujer cumple el papel de sustento y mantenimiento de la vida de la clase obrera, generadora y reproductora de la misma, por eso mismo toda una superestructura ideológica mantiene y reproduce dinámicas, que son la expresión material de las ideas, en las que el hombre tiene una posición ventajosa sobre la mujer, la cual se encuentra esclavizada por los cánones de belleza, por su capacidad reproductiva cuando su sexo le capacita para ello, por la familia, los cuidados sexo-afectivos, el trabajo asalariado en su puesto de trabajo (si es que lo consigue, debido a que hay una fuerte feminización de la pobreza) y el trabajo no remunerado que produce en el hogar, en el seno de su familia, donde mantiene a todos sus integrantes. Esta relación de poder da lugar a la violencia machista, la cual se ejerce por el mero hecho de ser mujer, la cual aguantamos todas durante toda nuestra vida.

Aunque es cierto que todas las mujeres sufren violencia machista, no debemos olvidar la clase, por la cual se articulan el resto de opresiones, y en este caso, la mujer obrera se encuentra más expuesta a sufrir violencia machista que una mujer burguesa. Ante este tipo de casos, responderemos siempre en contra, pero sin olvidar que nuestros intereses de clase chocan con los suyos, y, por tanto, nunca estaremos en la misma trinchera.

Nuestro deber no es sólo solidarizarnos con las agredidas o asesinadas por la violencia del Estado burgués, si no luchar de una forma contundente para poder transformar las relaciones económicas en la sociedad, y con ellas, la educación. Mientras tanto y hasta llegar a nuestro objetivo final, tenemos otros a lo largo del camino para permitir que esto sea posible. No enseñar cómo evitar una violación, si no enseñar a no violar. No responsabilizar a la mujer en todos los aspectos de su vida, si no que el hombre sea participe y responsable del mismo modo. Enseñar a los hombres a ir un paso por delante, para quitar el mayor trabajo posible a sus hermanas de clase, las cuales nos encontramos doblemente explotadas, un trabajo el cual no es sólo material, si no también emocional. En resumidas cuentas, luchar por cambiar las relaciones sociales y así permitir una mayor unión en la clase obrera y la liberación de las mujeres de nuestra clase, que sean participantes activas de la lucha, ya que, sin las mujeres, la lucha obrera no se puede articular puesto que se excluye a más de la mitad de nuestra clase.

No debemos olvidarnos de nada de esto, no deben de olvidar los hombres cuál es su puesto y trabajo en esta lucha.

Ante la violencia machista, ante la violencia del capital, nuestra respuesta debe de ser tajante y sin ningún tipo de miramiento.

¡Ante la violencia patriarcal, siempre con las mujeres!