Mié12132017

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Explotación laboral en la UAM

Bajo la fachada de unas supuestas “prácticas formativas remuneradas”, la Universidad Autónoma de Madrid lleva tiempo explotando el trabajo de casi 400 estudiantes. Por unos salarios irrisorios que en algunos casos apenas llegan a 300 euros, las becarias de la UAM realizan labores que en absoluto corresponden a unas prácticas, sino a las funciones que cumplirían trabajadoras interinas de los servicios ofertados (bibliotecas, aulas de informática, laboratorios...) y que tampoco guardan ninguna relación con sus estudios, sino que están destinadas a satisfacer los intereses de la universidad a un coste menor que el que supondría contratar personal “normalmente”.

Una inspección de trabajo a finales del curso pasado determinó que, efectivamente, la situación de estas estudiantes es la de trabajadoras indefinidas a tiempo parcial, y no la de becarias en prácticas, pidiendo para ellas el pago de la diferencia de sueldo que hay entre su trabajo real y las becas. Ante lo cual la UAM ha decidido reformular su programa, eliminando las prácticas extracurriculares y no renovando a las personas becadas en septiembre de este año (a quienes decían ofrecerles hasta 10 meses de prácticas remuneradas) si no se atienen a las condiciones que impone este nuevo formato. Por diversos factores (el curso, la titulación estudiada, etc.) muchas ni siquiera tendrán la posibilidad de optar a dicha renovación, perdiendo una fuente de ingresos necesaria para continuar los estudios y con la que contaban cuando la universidad ofreció sus prácticas a inicios de curso. Y, por supuesto, la UAM tampoco tiene la menor intención de abonar esa diferencia de sueldo que les corresponde a las becarias.
Todo esto evidencia la putrefacción de las instituciones educativas al servicio del capitalismo, que, para ahorrar costes, recurren incluso a la explotación irregular del trabajo de cientos de estudiantes a las que dicen “formar” con supuestas prácticas remuneradas; unas prácticas que, en el fondo, no son otra cosa que contratos encubiertos y con unas condiciones de absoluta precariedad. Además, por desgracia, este caso no es ninguna excepción: externalización de servicios, sueldos de miseria, pésimas condiciones laborales, y, en una palabra, explotación del trabajo, son norma en la universidad, tal y como sucede en todos los ámbitos de esta sociedad gobernada por las necesidades de un capitalismo agonizante.
Frente a estos constantes ataques sólo existe una salida, y es la unidad de las oprimidas para luchar contra quienes nos llevan a este tipo de situaciones. Por eso, igual que comenzasen a hacer las trabajadoras del servicio de deportes el curso pasado, las becarias de la UAM están organizándose, alzando su voz para exigir a las instituciones que respondan de sus actos, reclamando lo que legítimamente les pertenece y reivindicando unas condiciones dignas para quienes de aquí en adelante sigan participando en el programa de prácticas de la universidad.
La solidaridad y la organización obrera son nuestras mejores armas, y el ejemplo a seguir allí donde surgen. Coca-Cola en lucha, las Kellys, las trabajadoras de Lyma Getafe... son ejemplos de una interminable lista de conflictos obreros a la que las becarias de la UAM se suman ahora. Porque su lucha es una lucha contra un sistema y una lógica de explotación que nos afecta a todas, tanto a las estudiantes que mañana también serán trabajadoras precarias como, especialmente, a quienes ya hoy mismo son ambas cosas a la vez, debemos apoyar hasta el final cada paso al frente de la clase obrera.

¡Trabajadoras precarias, nada que perder salvo las cadenas!