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Queman Galicia

Ayer conocíamos la catástrofe que se fragua en Galiza, Portugal y Asturies. Nos llenaba de impotencia ver la tierra arder y como las llamas destruían los pueblos situados en las zonas más próximas a los focos de incendios. Pueblos en los que habitan personas trabajadoras de la agricultura y la ganadería y que ahora no sólo ven como han perdido su medio de vida sino también como la tierra y la naturaleza que les rodeaba ha quedado devastada. No cabe ninguna duda de la intencionalidad de estos acontecimientos.

Partiendo de una visión general, ya sabemos que el sistema capitalista no sólo se nutre de la explotación de la mano de obra de mujeres y hombres, también de la naturaleza como fuente de recursos aporta el beneficio más inmediato y las empresas no dudan en arrasar con ella para concentrar en unas solas manos toda la riqueza.

En este sentido debemos hablar del monocultivo del eucalipto que desde hace tiempo ya ha supuesto un problema al que se le ha dado la espalda a pesar de que se ha denunciado varias veces por asociaciones ecologistas, se trata de una especie no autóctona de la zona que aporta un gran beneficio inmediato para las empresas productoras debido a la rapidez de su crecimiento y los pocos costes que supone su plantación. La conflictividad de la plantación del eucalipto la encontramos en las técnicas de planificación, de repoblación, de silvicultura y de explotación, es decir, en la acción humana. El último informe (2011) realizado sobre la problemática de los monocultivos habla de 760.000 hectáreas en España y 650.000 hectáreas en Portugal. Estas plantaciones suministran buena parte de la madera que demanda la industria papelera ibérica desde los años 50, cuando empezó a ser utilizado, por primera vez en el mundo, para la fabricación de papel. Hoy en día el eucalipto ha asumido un papel relevante en el cuadro de la actividad económica española y portuguesa, con una participación significativa en el balance comercial externo de ambos países. Lo que supone un auge en la competitividad entre estas empresas. Las empresas que fabrican pasta de papel y algunas asociaciones de propietarios forestales sostienen que las plantaciones de eucalipto no provocan impactos ambientales significativos, pero en sus intentos por dotar de normalidad esta técnica sale a la luz la fuente de conflictos que supone entre las empresas. Además, debemos atender que normalmente las plantaciones de eucalipto se realizan sobre terreno previamente quemado.

La acción de estas empresas no llegaría a ningún sitio si no tuviesen el amparo de la clase política dirigente que les allana el terreno. Debemos poner el foco ahora en la Reforma de la Ley de Montes que aprobó el PP permitiendo la recalificación de terrenos quemados provocando un cambio de uso forestal atendiendo al interés general. Parecía que la nota del interés general cerraba las puertas a que esta ley pudiese proyectarse sobre terrenos públicos pero lo cierto es que esto no se ha respetado y que, en plena elaboración de la nueva ley, Dolores de Cospedal, pidió a sus ingenieros de montes informes sobre unos 50 terrenos de utilidad pública que sería interesante privatizar lo cual indicaba una clara dirección. [1]

Queman montes, construyen lujo.

Por si fuese poco la Xunta sigue inmersa en una campaña de mutilación del sistema público de prevención y combate de los incendios. En las últimas semanas han perdido sus puestos casi 1000 efectivos, entre Xunta y la empresa pública Seaga, al considerarse que ya había finalizado la temporada de verano. Ante este escenario es el pueblo el que se ve obligado a dar un paso al frente jugándose la vida. No duda en echarse a las calles para volcarse en ayudar en la medida de sus posibilidades a detener este desastre, mostrando así la máxima expresión de solidaridad popular pero también señalando a los criminales chapuceros que condenan el futuro de la zona por servir a los intereses papeleros y especuladores.

Toda la situación es enormemente más trágica debido, precisamente, al falso fin de esa "temporada de verano". A un verano de nuevos récords de temperaturas y sequía le sigue un otoño que sigue pareciendo un verano. Mientras los medios del capital celebran de manera inconsciente el "veroño", prediciendo una época de turismo sin fin, los vientos del sur que arrastra el huracán Ofelia (el primero registrado en esta zona del Atlántico oriental) hacen el resto: calor, suelo seco y viento son el caldo de cultivo perfecto para que arda todo el noroeste peninsular, desde Lisboa a Xixón. El cambio climático agudiza todos los ataques del capital a la base de nuestra vida. Deja hasta hoy cientos de fuegos activos, al menos 15 muertos e incontables animales y entornos de valor incalculable calcinados.

Por esta razón es urgente tomar conciencia e identificar a la clase dominante como destructora de nuestra dignidad. Desintegra los lazos entre los pueblos y atenta contra la naturaleza que nos rodea mientras persigue únicamente la maximización del beneficio. Ante esto la respuesta debe ser contundente y la organización de la clase trabajadora necesaria. 

 

¡O povo é quem mais ordena!

¡Ante su tiranía, nuestra solidaridad!

¡Socialismo o barbarie!

 [1] https://elpais.com/sociedad/2013/01/31/actualidad/1359659928_577619.html