Mié12132017

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La batalla de Catalunya (parte primera)

Como era previsible, en este primero de octubre de 2017 asistimos a la concreción de la intervención policial en Catalunya. El desembarco de los antidisturbios desde los buques anclados en el puerto de Barcelona ilustran suficientemente sobre lo que está pasando y evocan otros desembarcos históricos como el de los paracaidistas franceses en Argel y los de los marines norteamericanos en Vietnam.

Se acabó el juego de la democracia: los acontecimientos de los últimos dias y las imagenes de la jornada demuestran como para el poder político (y económico) las libertades y formas democráticas son un mecanismo para enmascarar y legitimar la dominación de clase, de tal modo que, cuando se producen acontecimientos que chocan con los planes e intereses mayoritarios de la oligarquia, la razón de la fuerza es la que dirige su actuación, algo que la clase obrera de todos los pueblos del Estado español sabe sobradamente.

Para llegar a esto conviene recordar como en las fechas previas se ha desplegado por el poder estatal una batalla mediática buscando legitimar la ocupación para impedir el plebiscito. Es particularmente curiosa la apelación a la falta de garantías del referéndum, producida por la propia actuación represiva; incautación de papeletas, apelación al precinto de centros electorales, detención de cargos públicos, hackeo de sistemas informáticos... de tal modo que la supuesta falta de garantías ha sido provocada por la actuación del propio Estado.

Más grave y peligrosa es la apelación a una supuesta insolidaridad por parte del pueblo catalán. La apropiación de hermosos conceptos como la solidaridad por parte del poder con un fin torticero es una constante en éste y en todos los estados burgueses. Desgraciadamente los sectores más atrasados de la clase trabajadora pueden caer en estas trampas mediáticas cuando una mínima reflexión nos ayuda a comprender como siendo este Estado casi un paraíso fiscal para la burguesía, quienes son insolidarios son nuestros patrones, sean o no catalanes, que eluden pagar impuestos con la ley en la mano.

Por último, tampoco se ha dudado en movilizar a los sectores fascistas; desde despedir en pueblos y ciudades a la Guardia Civil al grito de "a por ellos, oe", hasta cánticos del "Cara al sol" en ciudades como Madrid.

En esta actuación porcina del Gobierno estatal (en el sentido de que todo se aprovecha), se ha llegado a buscar el apoyo del emperador de occidente Donald Trump, previa firma de un contrato para adquirir 24 aviones de guerra, cuyo conste se pagará sin duda detrayendo recursos para sanidad y educación.

Los próximos días serán decisivos en cuanto a los derroteros de este conflicto, y dependerá en gran medida de la actuación de la clase obrera, la única que por su fuerza y determinación es capaz de ir hasta el final en los conflictos sociales. A este respecto, la huelga general convocada para el próximo día 3 en Catalunya, de materializarse, puede darnos claves del desenlace a corto plazo. La solidaridad de las organizaciones obreras del resto del Estado es necesaria también para defender al pueblo de Catalunya, que ya se está autodeterminando en su movilización del día de hoy.

Nuestra clase debe también autodeterminarse en lo político y en lo social. Frente a los intentos de manipulación de sentimientos por parte de nuestra oligarquía, que exhibe su españolismo cuando sus carteras están en Suiza y otros paraísos fiscales. Frente al oportunismo político de muchas organizaciones de izquierda, que se tambalean entre la equidistancia criminal y la condena con boca pequeña y a toro pasado de las atrocidades del Estado.

En la lucha contra el rancio españolismo represor puede comenzar la unión fraternal de la clase trabajadora de los distintos pueblos del Estado para acabar con la explotación y la opresión. Organicémonos para hacer avanzar la historia.

Iniciativa Comunista, 1 de octubre de 2017