Jue09212017

Last update11:27:08 AM

Profundizar en el proceso bolivariano, avanzar hacia el poder popular

Hace algún tiempo que los acontecimientos en Venezuela se parecen sospechosamente al proceso que a la postre dio lugar al golpe de estado (ese sí) acabó con la experiencia de la Unidad Popular en Chile hace más de cuatro décadas. Se ha pasado del acaparamiento de productos de primera necesidad, para provocar descontento y hambruna, fomento de hiperinflación y virulenta critica al presidente Maduro, acusándole de ser un presidente ilegítimo por ser “colombiano” y despreciando su origen como trabajador de autobuses, a un llamamiento a la lucha callejera (las llamadas guarimbas), que ha provocado decenas de muertos.

 Basta ver las imágenes filmadas para observar que las marchas convocadas por la llamada oposición venezolana se nutre de representantes de la burguesía; jóvenes en general muy bien vestidos (con ropas y cascos que un salario medio de Venezuela no puede comprar), y cuya tonalidad de piel denota ausencia total de rasgos indígenas se lanzan a la lucha callejera siguiendo a líderes que llaman públicamente a tomar el poder por cualquier medio.

 Las escasas imágenes de las movilizaciones bolivarianas, por el contrario, reflejan un arco iris de tonos de piel que refleja la realidad pluriétnica venezolana, y sobre todo, denota la composición de sus participantes como muy mayoritariamente pertenecientes a las clases populares.

 La agresión al proceso bolivariano, que arranca desde el fallido intento golpista de 2002, auspiciado y apoyado por Estados Unidos y por el gobierno de Aznar, que pretendía poner al frente del país al jefe de la patronal, ha sido una constante en estos años hasta llegar a un intento de toma de las calles con la intención tal vez de propiciar una intervención norteamericana y así acabar con el proceso de ese país, contando con el apoyo mediático y político de las oligarquías americanas y europeas, y con la actitud timorata de la vieja y nueva izquierda reformista, desde el comisionista Felipe González hasta los ayuntamientos “del cambio”, que tienen en común con la oligarquía parasitaria venezolana su defensa del capitalismo como objetivo, centrando sus discrepancias en meros matices de un pensamiento que entiende como libertad y democracia la libertad de empresa (libertad de explotación) y el gobierno de la burguesía.

 Por ello, cuando el Presidente Nicolás Maduro anuncia tras los actos del primero de mayo: “Convoco a una Constituyente profundamente Obrera, Comunal, del Pueblo”, llamando a los venezolanos a derrotar la guerra económica de la derecha, el nerviosismo se apodera de las filas de la contra y se redoblan los planes involucionistas.

 El coro de críticas en estas tierras es igualmente amplio y sospechosamente unifica a supuestos discrepantes en el ámbito doméstico; medios de comunicación comerciales, alienados con sus accionistas, y el espectro “derecha-izquierda”, coinciden en defender como únicos y genuinos demócratas venezolanos a esos chicos vestidos de Lacoste y Nike que disparan y arrojan cócteles molotov por doquier, siguiendo consignas de dirigentes vestidos de Armani.

 Las comparaciones del estilo “¿Qué ocurriría si esto pasara en el País Vasco o en Catalunya, protagonizado por jóvenes independentistas? pueden ser muy chuscas. Pero más aún si constatamos que en sitios como Francia llevamos casi un año en estado de excepción sin que nadie se queje de las restricciones a la democracia que ello comporta.

 En ese contexto se enmarca el asedio que tuvo lugar en Madrid el pasado 11 de mayo por parte de un nutrido grupo de escuálidos, de un centro dependiente de la Embajada de Venezuela, con la complicidad de las fuerzas de policía española, incluyéndose entre los secuestrados al Embajador de Venezuela en España.

 Nuestra organización no solo quiere denunciar estos hechos, sino que está convencida de que solo una profundización del proceso bolivariano abordando una auténtica transformación social, organizando la producción en un sentido socialista y generando mecanismos de poder popular salvará a Venezuela de los planes imperialistas. Configurar como protagonista a un pueblo dueño de empresas y tierras, con capacidad para defenderse por todos los medios de las agresiones, es la mejor garantía frente a la reacción.

 

Iniciativa Comunista.