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1º de mayo: Unidad para luchar, organización para vencer

Se nos dice machaconamente que estamos superando la crisis y que la economía está mejorando; mejorando para los de siempre (la oligarquía dueña de las empresas), pero manteniendo a nuestra clase en la sobreexplotación y la precariedad. Precariedad que no se traduce solo (aunque también), en la temporalidad y los contratos basura, sino también en figuras como los falsos autónomos, que a través de una cadena de subcontrataciones son el último eslabón de una estructura destinada a favorecer el beneficio empresarial a costa de nuestro trabajo.

La radiografía de la lucha obrera en los últimos tiempos refleja por un lado la actitud lacayuna y vendida de las cúpulas sindicales, que por salir en los medios de comunicación presentan cualquier mísero acuerdo como una victoria, vanos intentos frente a un desprestigio creciente ante amplios sectores de nuestra clase que, aun intuitivamente, ven dichas estructuras como parte del aparato del poder, más preocupado por mantener sus privilegios que para defender los intereses de la clase a la que dicen representar. Y, por otra parte, luchas obrera puntuales y dispersas, aunque ejemplares, que mantienen la llama de la lucha en estos momentos.

Alguien dijo una vez que la emancipación de la clase trabajadora será obra de la propia clase trabajadora, de tal modo que los intentos de someter a ésta a una interminable espera para ver si las representaciones institucionales solucionan nuestra problemática no deja de ser una falsa ilusión que nos llevará a acumular derrotas y frustraciones. La burguesía sí se toma muy en serio la lucha de clases, destinando economistas, despachos profesionales, organizaciones empresariales, foros, medios de comunicación y lobbies a defender sus intereses con precisión de cirujano y frialdad de verdugo. Nuestra clase debe tomarse en serio su propia emancipación, recogiendo las enseñanzas de nuestra historia reciente; hemos visto como conquistas de nuestros padres y abuelos han sido desmanteladas por la presión inclemente de los intereses del capital, por lo que hemos de seguir el ejemplo de nuestros mayores de pelear en los trabajos y las calles por nuestros derechos.

Lo queremos todo para la clase trabajadora porque sabemos que todos los bienes y servicios se generan con nuestro esfuerzo. Queremos el control de la producción de la las empresas, para dotar a la sociedad de bienes y servicios de un modo acorde a nuestra capacidad, necesidades y prioridades. Queremos una economía al servicio del ser humano y la naturaleza, y no sometida al dinero como medida de todas las cosas. Queremos que nuestra fuerza de trabajo deje de ser una mercancía que se vende en un mercado cuyo funcionamiento está marcado de antemano por los grandes monopolios capitalistas. Queremos que la clase trabajadora posea las fábricas y las tierras, y también queremos, necesitamos, que nuestra clase ejerza el poder político para materializar nuestros intereses, que son los del avance la de humanidad.

Como comunistas, nuestro papel es permanecer codo con codo junto a la clase trabajadora, en la lucha y en la toma de conciencia de su papel para la emancipación de ésta que no es otra que la emancipación de toda la humanidad. No es con gestos aislados aunque muy dignos de resistencia como podremos quebrar la inflexible lógica del capital, que ya no tiene ni interés ni margen para mantener un nivel de consumo elevado entre las clases trabajadoras; ese añorado Estado del Bienestar sólo se mantuvo mientras había una palpable amenaza de cambio revolucionario, y ello en un puñado de países a costa de la sobreexplotación y miseria más extrema de nuestros hermanas y hermanos de clase de Asia, África y Latinoamérica. Mienten quienes alimentan la ilusión de que se puede recuperar.

Nuestro horizonte es la consecución de una sociedad sin clases. Si carecemos de este referente político, todos los triunfos acabarán por ser victorias pírricas. Y en este sentido la lucha por reformas concretas, o frente a agresiones del capital como los EREs, deben enmarcarse como episodios en una lucha general por acabar con el sistema explotador que sufrimos. Porque las mejoras concretas de orden material, que tanto esfuerzo cuestan lograr, pueden perderse en cuanto bajemos mínimamente la guardia, porque esta es la esencia del capitalismo.

Es preciso que los sectores más conscientes y combativos de la clase trabajadora se organicen en un proyecto general para la toma del poder por parte de la clase trabajadora, tal como ocurrió en Rusia hace un siglo; sin un instrumento que represente y defienda los intereses de nuestra clase nuestra lucha estará limitada a una mera resistencia frente a un capital unido y organizado.

Crear poder popular, liberar fábricas y tierras, organizarnos para vencer, en un horizonte que deseamos no sea lejano, es el único camino que nos queda para nuestra emancipación.

Iniciativa Comunista