Jue09212017

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Comunicado ante el 8 de marzo

Un año más reivindicamos la organización como mujeres y trabajadoras para combatir la desigualdad, la violencia y la explotación, porque nadie mejor que nosotras, que llevamos adelante las luchas por el ejercicio de nuestros derechos para denunciar la violencia y exclusión que sufrimos por ser obreras y mujeres, para exigir justicia por las asesinadas, el fin del acoso y la discriminación por reivindicar nuestra libre sexualidad y de la invisibilización política por ser doblemente explotadas.

En nuestra condición de mujeres obreras son muchas las batallas que tenemos que afrontar. Estamos condenadas a ser el sostén de la familia sometidas por el sistema patriarcal, para reproducir el modelo burgués de familia. Esto desemboca en la precariedad laboral que se visibiliza claramente en la histórica brecha salarial entre hombres y mujeres, ya sea en trabajadoras en activo o jubiladas, en la contratación a jornada parcial que históricamente cubrimos nosotras y, de igual forma, nos repercute a la hora de encontrar trabajo al no poder disponer de tiempo para conciliar nuestra vida.

Y la realidad es que las mujeres soportan aún más carga con el retroceso de las condiciones de la clase obrera. El hecho de despedir a un trabajador se hace más probable si el puesto lo cubre una mujer por su capacidad reproductiva. La rebaja de salarios hace más insostenible la supervivencia económica de las familias, lo que condena al reclutamiento de las mujeres para asumir los cuidados no asimilados por el estado.  

Pero aún hay más. Todas las condiciones laborales a las que nos vemos sometidas, las utilizan para la precarización de la clase obrera, incluso para justificar ataques de las grandes empresas capitalistas. Un ejemplo de ello es la intencionalidad de utilización de las mujeres ante el conflicto que viven los estibadores. Los mismos que niegan derechos laborales a las trabajadoras, tratan de dividir a las obreras y los obreros para lograr normalizar la precariedad.

Nuestra condición de oprimidas ante el patriarcado nos hace frágiles ante la sociedad, se reproduce insaciablemente la cosificación de nuestros cuerpos, el acoso callejero, el cuestionamiento de la mujer ante una situación de violencia, etc.. Todo ello conlleva a la sangría de muertes de mujeres, niñas y niños a causa de la violencia machista. Nuestras muertas no solamente son víctimas de sus parejas y padres, sino de un sistema que necesita debilitarnos como mujeres y que traza su bestial alianza con el patriarcado para que nosotras sigamos siendo oprimidas y asesinadas.

Ante todo esto, no cabe esperar que ninguna institución contribuya a cambiar nuestra desesperada situación, únicamente realizan reformas paralizantes de la lucha en la calle que nos impide  lograr un cambio radical en la sociedad donde logremos conquista nuestra dignidad y libertad.

Nuestra verdadera arma está en la organización revolucionaria para dirigir la lucha hacia una sociedad más justa, en donde las mujeres no tengamos que doblegarnos ante cualquier signo de violencia en el trabajo, en las calles y en nuestras relaciones.

Nuestra histórica lucha ha logrado ganar batallas contra el capitalismo y el patriarcado, por ello hoy también es el día en el que reivindicamos a las mujeres que hicieron posible la revolución soviética, a las que lucharon por sus derechos y el fin del fascismo, a todas las que alrededor del mundo pelean por la dignidad de sus pueblos y de sus vidas.

Porque nuestra lucha es internacionalista como lo es toda lucha revolucionaria y de clase porque no habrá futuro para las obreras y los obreros sin que nosotras nos pongamos a la cabeza de las reivindicaciones que nos lleven a nuestra emancipación y la toma del poder revolucionario. Y  todo ello lo lograremos haciéndonos respetar y luchando dentro y fuera de nuestras filas, defendiéndonos del patriarcado en todas sus formas con las armas que sean necesarias, descargando nuestra ira contra el miedo y la explotación.

Las mujeres seremos el fuego que arrase con el patriarcado y el capital.